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Crisis política en Senegal: las élites se resisten a ceder el poder

Macky Sall, presidente de Senegal, anuncia el aplazamiento de las elecciones
Macky Sall, presidente de Senegal, anunciando el aplazamiento de las elecciones.

En un hecho sin precedentes, el 5 de febrero de 2024, fuerzas de la gendarmería senegalesa entraban en la Asamblea Nacional para desalojar a los diputados opositores que intentaban impedir la votación para alargar diez meses el mandato presidencial de Macky Sall. Con los votos del partido gobernante y del opositor Partido Democrático de Senegal (PDS), el parlamento aprobó un decreto que fijaba el 15 de diciembre como nueva fecha electoral. El aplazamiento supone para este país del África occidental enfrentarse a una de las crisis políticas más graves de su historia. Algunos, de hecho, no han dudado en tachar la medida de “golpe de Estado constitucional”.

Mientras esto ocurría en el interior del parlamento, miles de senegaleses ocupaban las calles de las principales ciudades del país, especialmente en Dakar, al grito de “Macky Sall dictador”, siendo reprimidos por las fuerzas de seguridad que causaron diversos heridos y más de un centenar de detenidos. Para evitar las manifestaciones, el gobierno senegalés cortó el acceso a internet móvil y suspendió la emisión de la cadena de televisión Walf TV, acusada de “incitar a la violencia”. 

Karim Wade, el candidato en la sombra

A horas de que comenzara la campaña, Macky Sall se dirigió a la nación para anunciar la derogación del decreto de convocatoria de los comicios programados para el 25 de febrero. Sin especificar una nueva fecha, Sall citó el “conflicto abierto” entre la Asamblea Nacional y el Consejo Constitucional como razón para el aplazamiento. Previamente, el Partido Democrático Senegalés había solicitado la formación de una comisión parlamentaria de investigación sobre el proceso electoral y había acusado de corrupción a dos miembros del Consejo Constitucional.

En el fondo del asunto se encontraba la publicación definitiva de los 20 candidatos a presidente por parte del Consejo Constitucional. Este organismo rechazó la participación de más de cuarenta candidatos, entre ellos algunos de gran peso político como Karim Wade, líder del PDS, o Ousmane Sonko, líder de Pastef encarcelado desde el pasado verano. En el caso de Wade, nacido en París, la Constitución senegalesa no permite presentarse a las elecciones a aquellos candidatos con doble nacionalidad. Sin embargo, días antes, el recién nombrado primer ministro francés, Gabriel Attal, aprobaba por decreto su renuncia a la nacionalidad francesa, lo que llevó al abogado de Sonko a afirmar que “Francia está interfiriendo en las elecciones presidenciales”.

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El papel de Wade resulta crucial para entender cómo hemos llegado a la situación actual. Hijo del expresidente Abdoulaye Wade, fue ministro durante el gobierno de su padre y muchos lo consideraban como su sucesor. En 2012, su padre pierde las elecciones ante Macky Sall, quien había sido su primer ministro durante tres años. Poco después es encarcelado por diversos casos de corrupción, entre ellos la firma de contratos con la compañía emiratí DP World aparecidos en los Papeles de Panamá. Muchos consideraron que su encarcelamiento respondía a motivaciones políticas, pero lo cierto es que Wade consiguió amasar una inmensa fortuna que se calcula superior a los 1.000 millones de euros.

En 2016 Sall emitió un decreto de gracia presidencial que permitía a Wade y a dos de sus principales colaboradores salir de la cárcel. Tras ello, embarcan en un jet privado rumbo a Qatar, donde Wade reside hasta la fecha. Desde entonces no ha ocultado nunca su intención de convertirse en presidente de la República y se ha ido posicionando como el candidato favorito de la élite política. En 2019, su candidatura se vio impedida por sus condenas judiciales, pero esto no debía ser un obstáculo para los comicios de 2024. En junio de 2023, un nuevo acuerdo entre el PDS y el gobierno conseguía que el parlamento aprobara una reforma de la ley electoral que permite a todas aquellas personas indultadas por un delito anterior presentarse a las elecciones.

La medida, sin embargo, quedó eclipsada por las inmensas protestas que recorrían esos días las calles de las principales ciudades senegalesas ante el temor de que Sall pudiese presentarse a un tercer mandato, prohibido por la carta magna. Tras semanas de manifestaciones y más de veinte muertos, Sall anunciaba en julio que no se presentaría y poco después nombraba a su primer ministro, Amadou Ba, como candidato oficialista. Por entonces, la nacionalidad francesa de Wade le impedía presentarse, pero ya se rumoreaba que era Wade, y no Ba, el verdadero candidato de las élites y de algunos sectores del gobierno para impedir una posible victoria electoral de Sonko o de alguien de su partido. 

Evitar la llegada de Sonko

Con un discurso panafricanista muy crítico contra el neocolonialismo francés, en 2014 emerge con fuerza la figura de Ousmane Sonko, líder y fundador del partido Pastef. Durante años denunció las prácticas corruptas de la clase política senegalesa y expuso las cercanas relaciones de altos funcionarios del Estado, incluido el presidente Sall, con las grandes compañías de hidrocarburos. Todo ello, junto a su exitoso uso de las redes sociales, le granjeó una gran popularidad entre la juventud senegalesa, que empezó a considerarlo como el candidato ideal para acabar con la casta política.

En 2019 se presenta a las elecciones, quedando tercero y consiguiendo un 16% de los sufragios. De este modo, pasaba de ser considerado como un mero activista fácilmente canalizable por el sistema político a presentarse como una verdadera alternativa que causaba terror a la clase dominante. Si bien desde entonces ha ido moderando su discurso, en la campaña electoral de 2019 hablaba abiertamente de abandonar el franco CFA o revisar las concesiones a empresas extranjeras, ha tenido que enfrentarse a una incansable ofensiva judicial para impedir su candidatura para las elecciones de 2024.

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Tras varias estancias en prisión provisional, Sonko es finalmente condenado en verano de 2023 por “corrupción de menores”, invalidando su candidatura. Dioumaye Faye, número dos del Pastef, es nombrado entonces candidato y Sonko llama a votar por él. Faye lleva en prisión desde abril de 2023 por desacato y difamación tras haber criticado a  algunos jueces en las redes sociales. Sin embargo, el Consejo Constitucional validó su candidatura al no existir una condena firme. Ahora, el aplazamiento electoral eleva las posibilidades de que sea juzgado antes de los comicios, lo que le invalidaría para presentarse.

Esta persecución a Sonko no hace más que sumarse a un creciente retroceso democrático durante el gobierno de Macky Sall en un país visto hasta hace poco como un ejemplo de democracia y pluralismo político para la región. Khalifa Sall, exalcalde de Dakar y considerado uno de los mayores rivales de Sall, fue detenido en 2017 por malversación, en lo que muchos consideraron como un juicio político. Incluso organismos como Amnistía Internacional acusaron a Sall de usar la justicia como arma política en su propio beneficio. Aún más grave resulta el hecho de que los senegaleses lleven varios años viendo cómo las protestas antigubernamentales, especialmente tras las distintas detenciones de Sonko, son duramente reprimidas por la policía, llegando a causar decenas de muertes entre 2021 y 2023. 

La oposición se une contra Macky Sall

Los actuales acontecimientos no han hecho más que demostrar la creciente polarización que se vive en el país, así como la existencia de unas élites políticas que se resisten a perder el control de las instituciones. El aplazamiento electoral no habría sido posible sin un pacto previo entre los partidos que han dominado la política senegalesa durante décadas, representados por Macky Sall y la familia Wade. El PDS se ha mostrado firme en defender la medida adoptada por el presidente y no ha dudado en tacharla de “victoria rotunda”.

En cambio, dentro del partido gobernante y a pesar de que sus diputados votaron la medida de forma unánime, han surgido algunas disensiones. Poco después de anunciarse el aplazamiento, dimitía el secretario general del gobierno, Latif Coulibaly, alegando su deseo de “tener la libertad plena para defender sus opiniones y libertades políticas”. Poco después, seguiría el mismo camino la exministra de Estado Eva Marie Coll Seck, quien afirmó que “Senegal merece que se respete su calendario republicano”. Quien no se ha pronunciado, al menos en los compases iniciales de la crisis política, es Amadou Ba, pese a que muchos analistas consideran las acciones de Sall como un complot en su contra

Macky Sall, presidente de Senegal, en una visita oficial a Zambia.
Macky Sall, presidente de Senegal, en una visita oficial a Zambia. Fuente: GovernmentZA

El resto de candidatos se han mostrado muy críticos con el aplazamiento e incluso algunos de ellos ya han anunciado que continuarán con su campaña electoral tal y como tenían previsto. Un buen ejemplo es Khalifa Sall, quien no dudó en llamar a la movilización en todo el país y pedir “a todas las fuerzas que monten barricadas contra la monarquización de Senegal”. Otros como Déthié Fall ya han anunciado que dejarán de reconocer a Macky Sall como presidente a partir del 2 de abril, fecha en la que debía finalizar su mandato, y ha llamado a “todas las fuerzas de la nación” a crear una plataforma para combatirlo.

Más allá de candidatos y partidos políticos, es desde los movimientos sociales donde se puede esperar una mayor canalización del descontento y la convocatoria de protestas masivas. La plataforma F24, que agrupa distintas organizaciones civiles y se encuentra detrás de muchas de las manifestaciones de estos días, ha llamado abiertamente a ejercer la “desobediencia civil” y formar un “gobierno de unidad nacional”. Desde algunos sindicatos también se han mostrado muy críticos con Macky Sall y ya han convocado una huelga general. 

La importancia de Senegal para la comunidad internacional

Para la comunidad internacional, la inestabilidad que atraviesa Senegal es vista con mucha preocupación. Es un país clave en la política europea de externalización de fronteras que busca impedir la salida de personas migrantes, además de mantener importantes vínculos económicos y comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos. Para Francia, Senegal es, junto a Costa de Marfil, el bastión que le queda de la Françafrique en el África Occidental tras la sucesión de golpes de Estado en la región durante los últimos años. 

Desde estos países veían con preocupación el crecimiento de movimientos antisistema como el de Sonko, cuya victoria podría haber acercado el país a la órbita de la Alianza de Estados del Sahel (AES) formada por Mali, Burkina Faso y Níger. Sin embargo, también les preocupa la deriva autoritaria de Macky Sall, y preferían que estos fueran combatidos por métodos democráticos. Estados Unidos, por ejemplo, se ha mostrado crítico con el aplazamiento, señalando que las actuales circunstancias “son contrarias a la sólida tradición democrática del país”. Por otro lado, Francia, que recientemente anunciaba una disminución de sus efectivos militares en el país y a la que muchos acusan de estar jugando un papel relevante detrás del golpe, se ha limitado a declarar que espera que las elecciones “se celebren tan pronto como sea posible”.

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“Instamos al país a tomar medidas urgentes para restablecer el calendario electoral de conformidad con la Constitución”, declaraba la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) en un comunicado. Al mismo tiempo, llamaba a la población senegalesa a “evitar la violencia o cualquier acción que pueda perturbar aún más la paz y la estabilidad del país”. De este modo, dejan claro que su mayor preocupación es evitar la desintegración de un país de vital importancia para el organismo, más aún tras la salida de los países de la AES. Tras esto, el mayor apoyo internacional para Macky Sall ha llegado de la vecina Guinea Bissau, cuyo presidente no tardó en felicitarle por la medida y su “valiente decisión”.

Más allá del debate sobre si puede considerarse o no como un golpe de Estado, podemos afirmar que Senegal se encuentra en una crisis política sin precedentes en la historia reciente del país y cuyas consecuencias parecen hoy imprevisibles. El estamento militar mantiene por el momento las distancias con los acontecimientos políticos, pero no es descartable que se decida por jugar su propio papel si el país acaba por desestabilizarse por completo. Lo que es más que seguro es que en las próximas semanas se sucederán masivas protestas protagonizadas por una juventud hastiada de la clase política, y si el gobierno opta por reprimirlas causando muertes, es posible que deriven en un enfrentamiento de gran envergadura en todo el país. 

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