Senegal se revuelve contra Macky Sall

Desde hace dos años, el continente africano está asistiendo a la caída de algunos presidentes, supuestamente eternos, que habían gobernado durante décadas.

Esto ha despertado la intranquilidad de Gobiernos que aún quedan en pie, como el de Macky Sall, en Senegal. El presidente ha ostentado el poder desde el año 2012, y la oposición senegalesa teme que el líder del ejecutivo busque la reelección para un tercer mandato, tal y como han hecho los presidentes de Costa de Marfil y Guinea. Los presidentes senegaleses estaban limitados a dos mandatos consecutivos, pero Shall llevó a cabo una revisión constitucional en 2016 por la que no se establece un límite de mandatos ni de edad para presentarse a las elecciones, lo que generó sospechas de que tenía la intención de postularse nuevamente. Un punto importante de esta revisión constitucional es que recortaba los mandatos presidenciales de siete años a cinco años, por lo que esta vez las elecciones serán antes que de costumbre.

Es necesario hablar de Senegal, ya que no suele aparecer mucho en nuestras coberturas, pues es uno de los países más estables de África y ha contado con una de las transiciones más pacíficas tras su independencia de Francia en 1960, y nunca en su historia como país ha sufrido un golpe de Estado. Senegal ha sorteado las crisis de seguridad nacional que tienen sus vecinos, como Malí y Mauritania, pero el contrabando y la existencia de grupos armados es una constante espada de Damocles para el país. En cuestión de conflictos, solo se puede destacar la disputa separatista de Casamance que ya cumple 35 años. Esta región se sitúa al sur del país y es la que posee la mayor cantidad de recursos naturales y tierras fértiles del país ya que colinda con las selvas tropicales. Casamance posee una cultura, lengua y dinámicas propias, totalmente diferentes a las de Dakar. Esta diferencia viene en parte por el colonialismo, ya que la región era colonia portuguesa antes de que la metrópoli firmase la delimitación fronteriza con Francia por lo que formaba parte de Guinea Bissau. Las diferencias se mantuvieron durante toda la época colonial y durante la historia de Senegal como país independiente a pesar de los intentos homogeneizadores del Gobierno. Sin embargo, las tensiones entre el norte y el sur están mas relacionadas con la explotación de recursos naturales y de que Dakar permita la entrada de empresas extranjeras que se aprovechan de esos recursos. En 1982 se dieron numerosas protestas pacíficas en la región reclamando el derecho de autodeterminación, lideradas por las Fuerzas Democráticas de Casamance que fueron duramente reprimidas por el Gobierno nacional. Esto hizo que dos años se abandonase el pacifismo y las FDC creasen su propio brazo armado, lo que hizo aumentar exponencialmente la violencia. Los datos del número de muertos y heridos por este conflicto no están claros. Actualmente las negociaciones se encuentran estancadas y el conflicto ha sido catalogado como “de baja intensidad” pero todavía existen algunos repuntes de violencia en la región.

Según datos del Banco Mundial, el crecimiento económico de Senegal se encuentra entre los más altos del continente africano. Entre 2014 y 2018, se mantuvo por encima del 6% anual en crecimiento del PIB. En 2017 se situó en el 6,3%, y en el 2019 en el 5,3%. El sector servicios ocupa la mayor parte de este crecimiento y eso explica la fuerte caída del crecimiento que ha sufrido el país con la pandemia, alcanzando solo el 1,3% de crecimiento del PIB anual. Este milagro económico ha sido aprovechado oportunamente por el gobierno de Macky Shall. A nivel demográfico, los datos también son positivos, pues la tasa de niños que van a la escuela no ha dejado de crecer desde 1994, al igual que la esperanza de vida se sitúa actualmente en los 67 años.

Sin embargo, quedarnos en los meros números no sirve de nada para entender la verdadera situación en Senegal. Es cierto que el país posee unos indicadores económicos excelentes, pero estos no se reflejan a nivel social, ya que hay un enorme desequilibrio económico que deriva en una importante desigualdad. El país ocupa el puesto 164 de 189 en Índice de Desarrollo Humano de la ONU, y el 40% de su población vive bajo el umbral de la pobreza. Según los datos del Banco Mundial, en 2020 el país contaba con una población activa de 4.255.232 de personas, de los 16.296.364 de ciudadanos que habitan en el país. La mayor parte de los productos son importados, sobre todo la alimentación, por lo que el país se encuentra muy expuesto a hambrunas. Senegal posee materias primas como la pesca, pero en cambio los territorios rurales se encuentran deshabitados, ya que un cuarto de la población se concentra en la capital y alrededores. Además, no posee un tejido industrial propio que garantice la autosuficiencia o el empleo. Durante el año 2019 se firmó la explotación del petróleo hallado en costas senegalesas, pero esta licencia se encuentra en manos extranjeras, sobre todo francesas, por lo que este preciado recurso no va a ayudar a mejorar la calidad de vida de la población.

A pesar de que Senegal declaro su independencia hace ya 61 años, aún conserva vestigios de su pasado colonial como es la dependencia económica e institucional con Francia. Al poco de la independencia ya existían relaciones diplomáticas entre ambos países. En el año 2010 Francia cerraba su base aérea en el país africano, pero continúa teniendo aviones militares en el aeropuerto de Dakar. Las relaciones económicas son muy estrechas. Francia importa de Senegal sobretodo petróleo y productos alimenticios. En el año 2017 el país europeo seguía siendo el principal socio comercial de Senegal y estas relaciones han ido en aumento con los años. Esto ha creado unas dinámicas de dependencia muy fuertes con la antigua metrópoli que se enriquece de las exportaciones de petróleo y alimentos mientras que la mitad del país de origen vive bajo el umbral de la pobreza. La pandemia no ha hecho más que poner de relieve esta dinámica ya que cuando Francia tuvo que confinarse, la economía senegalesa se hundió con respecto a los positivos datos que había tenido en años anteriores. Esto ha hecho que la población se posicione en contra de la presencia francesa en el país y los candidatos senegaleses a la presidencia no han tardado en catalizar ese descontento y hacerlo la piedra angular de su discurso.

El candidato opositor, Ousmane Sonko, se perfila como mayor rival de Shall para las elecciones de 2024. Durante las elecciones presidenciales de 2019 quedó tercero, pero se ganó la simpatía y el voto de la gente joven con un discurso duramente crítico con el Gobierno y con la dependencia del país con Francia. Cuatro años antes, en su ejercicio como inspector había destapado documentos que ponían en evidencia la corrupción del partido del presidente, Alianza por la República.

Actualmente el candidato se encuentra en un proceso judicial, acusado de violación a una empleada de un salón de belleza. El 26 de febrero, el Parlamento retiraba la inmunidad parlamentaria a Sonko con 98 votos a favor, lo que permite iniciar la investigación. La oportuna retirada de la inmunidad parlamentaria ha alimentado más las acusaciones de persecución política. Este hecho levantó la crispación de la población, que inició protestas alrededor de la casa del político opositor.

Lider opositor Ousmane Sonk ( Via: Africanews)

El Gobierno acusó a Sonko de encontrarse detrás de las protestas y fue detenido por alteración del orden público pocos días antes de su comparecencia en el juicio por violación. Unas horas después, los partidarios del candidato opositor acusaban al Gobierno de persecución política y tomaron las calles de Dakar para protestar contra la detención. Las acusaciones de persecución política no son una novedad en Senegal, pues durante los mandatos de Shall todos los candidatos que podían hacerle sombra acabaron desterrados de la arena política en circunstancias bastante poco amables.

Este es el caso de Karim Wade, hijo del expresidente hasta 2012 Abdoulaye Wade y ex ministro en su mandato, pues era percibido como el sucesor del legado de su padre. El 21 de marzo de 2015 fue elegido por el Partido Demócrata de Senegal para ser su candidato a las elecciones y dos días después era condenado a seis años de cárcel por corrupción durante su época de ministro. Además, la reforma de 2016 estipula que solo se puede presentar a los comicios alguien que solo tenga nacionalidad senegalesa, lo que excluiría a Wade, que posee la doble nacionalidad francesa.

Otro de los grandes rivales del presidente fue el exalcalde de Dakar, Khalifa Sall, que se perfilaba como uno de los favoritos para las elecciones de 2019. El político fue encarcelado un año antes de las elecciones por cargos de corrupción. Unos días después de los comicios presidenciales recibió el perdón presidencial por el que se anulaban todos los cargos.

En los choques que se produjeron durante los primeros días de marzo, la policía empleó fuego real y gases lacrimógenos contra los manifestantes, y los vehículos militares empezaron a patrullar las calles. Este mismo día se cortaban los servicios de mensajería y redes sociales. Sin embargo, el hashtag #FreeSenegal se convirtió en tendencia en los países vecinos y gracias a ello han podido llegar al exterior videos de la situación de protestas y la violencia policial. Al mismo tiempo, el 4 de marzo el Gobierno cortó la trasmisión de dos cadenas independientes durante un periodo de 72 horas. El nueve de marzo los medios de comunicacion y organizaciones internacionales denunciaban la muerte de ocho personas en las manifestaciones.

Como ya decíamos anteriormente, una de las cuestiones más polémicas en Senegal es la excesiva dependencia que mantiene el país con Francia, su antigua metrópoli. Durante los disturbios se saquearon tiendas de origen francés y gasolineras con marcas petroleras francesas como Total.

Manifestacione en Senegal ( via: France24)

El día 8 de marzo el candidato opositor ha sido puesto en libertad bajo fianza a la espera del juicio por violación, unas horas después el presidente Shall se dirigía a la nación llamando a la calma. Sin embargo el líder opositor ha llamado a realizar protestas pacíficas aun mayores. Al día siguiente el Movimiento para la Defensa de la Democracia disolvía las protestas planeadas para toda la semana. Senegal se ha revuelto ante un presidente que parece estar dispuesto a todo con tal de perpetuarse en el poder. El país es famoso por su estabilidad, pero se asoma a un futuro incierto que puede revertir esta situación.

Estudiante de Ciencia política en la USAL. Considero imprescindible conocer la realidad africana para comprender la realidad global. Especializada en Geopolítica, Relaciones y Terrorismo.

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