
La detención de unos 50 ciudadanos de origen azerí en la ciudad rusa de Ekaterinburgo ha desencadenado la mayor crisis diplomática entre Azerbaiyán y Rusia hasta la fecha. Bakú respondió a los arrestos, en los que murieron dos personas, con la detención de varios ciudadanos rusos –entre ellos los directores de Sputnik Azerbaiyán y Ruptly–, así como con la cancelación de todos los eventos culturales vinculados a Rusia.
Aunque ambos vecinos han vivido momentos de tensión en el pasado, Ilham Aliyev y Vladimir Putin siempre habían mantenido una imagen de mutuo entendimiento, algo que parece haber desaparecido tras el derribo de un avión civil azerí en Rusia en diciembre de 2024.
El origen de la crisis entre Azerbaiyán y Rusia
El detonante de la crisis ocurrió el 27 de junio, cuando en la ciudad rusa de Ekaterimburgo la policía detuvo a varios ciudadanos rusos de ascendencia azerí, acusados de haber cometido asesinatos en el pasado. Dos de los arrestados, Ziyaddin y Huseyn Safarov, de unos 60 años, murieron presuntamente durante las redadas; su hermano declaró que fueron “torturados hasta la muerte […] sin ningún juicio ni investigación”. Varios de los apresados también terminaron hospitalizados.
Como respuesta, las autoridades azeríes convocaron al representante ruso en Bakú y cancelaron todas las actividades culturales relacionadas con Rusia, en protesta por “los asesinatos selectivos y extrajudiciales y actos de violencia cometidos por las fuerzas del orden rusas contra azeríes por motivos étnicos en Ekaterimburgo”.
Además, el 30 de junio, la policía azerí llevó a cabo una redada en las oficinas del medio ruso Sputnik Azerbaiyán en Bakú y detuvo al director y su ayudante, acusándoles de colaborar con la inteligencia rusa.
Al día siguiente, la policía arrestó a varios ciudadanos rusos residentes en la capital azerí imputados por "tráfico de drogas y crimen organizado". En las fotos publicadas de su juicio, los detenidos mostraban señales claras de maltrato, con heridas y sangre visibles, mientras las autoridades prohibían su contacto con diplomáticos rusos.
Ante la actuación azerí, Rusia trató de desescalar la situación. El ministerio de Exteriores restó importancia a los incidentes del 27 de junio, señalando que los detenidos eran ciudadanos rusos, mientras que una comisión del Consejo para los Derechos Humanos, adscrita a la oficina presidencial, publicó un comunicado instando a reducir las tensiones bilaterales y a excarcelar a los periodistas rusos. No obstante, los arrestos continuaron con la detención del líder de la comunidad azerí de Ekaterimburgo y de un empresario azerí en Voronezh.
Bakú se planta frente a Moscú
La crisis parece marcar un cambio de etapa en la política regional del Cáucaso. La respuesta adoptada por Azerbaiyán ha sido interpretada como una demostración de fuerza frente a Rusia. Aunque ambos países hayan mantenido una compleja alianza, Bakú parece decidido a aprovechar la oportunidad que le brinda la relativa debilidad de Moscú para establecer líneas rojas.
Las tensiones de principios de 2025 tras el derribo del avión azerí marcaron un primer distanciamiento entre Aliyev y Putin. La disculpa del Kremlin no le sirvió a Bakú, que exigía una depuración de responsabilidades. Desde entonces, Azerbaiyán comenzó a tomar una postura más dura con su vecino; por ejemplo, limitando las labores del medio ruso Sputnik en un contexto general de cierre de medios internacionales.
Con el Kremlin centrado en la guerra de Ucrania, Bakú ha logrado fortalecer su dominio regional de la mano de Turquía e Israel. Tras la toma de Nagorno Karabaj en 2023, Aliyev ha logrado arrancar distintas concesiones a Armenia, incluidas en el acuerdo de paz que ambos países alcanzaron en marzo de 2025.
Medios digitales como Caucasus War Report han llegado a especular con la posibilidad de que Armenia cediese en su postura respecto al Corredor de Zangezur, una medida impopular que podría explicar las recientes detenciones de opositores armenios. Un cambio así permitiría avanzar hacia la firma del acuerdo de paz, acercando a Ereván a la esfera de Turquía y Azerbaiyán y alejándola aún más de Rusia.
La compleja red de alianzas que está construyendo Bakú también incluye a Irán, otro importante socio del Kremlin. La visita del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, a la cumbre organizada por Aliyev en Nagorno Karabaj en estos momentos de tensión ha levantado ampollas en Moscú. Aunque es complicado que ambos socios rompan sus vínculos, la realidad es que sus estrategias exteriores chocan en el Cáucaso, como muestra la crisis del pasado octubre.
Por todo ello, Azerbaiyán parece estar tratando de mostrar a Rusia que no va a tolerar ningún agravio, buscando fortalecer sus lazos con amigos y enemigos de Moscú, y respondiendo a lo que figuras políticas azeríes han calificado como un “intento deliberado de humillar" al país. El Kremlin ha tratado de evitar la escalada, aunque la frágil alianza que han construido ambos socios estos últimos años parece peligrar ante las nuevas oportunidades que le han surgido a Aliyev.
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