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Armenia cede ante Azerbaiyán, pero Bakú exige más

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, visita Lachin tras la caída de Nagorno Karabaj, entidad vinculada a Armenia, en 2023.
El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, visita Lachin tras la caída de Nagorno Karabaj, entidad vinculada a Armenia, en 2023. Fuente: President of the Republic of Azerbaijan

Después de años de contactos, Armenia y Azerbaiyán dan por concluidas las negociaciones para un acuerdo de paz iniciadas a finales de 2023, cuando Bakú consiguió tomar Nagorno Karabaj. Tras su firma, ambos países esperan finalizar un conflicto que se extiende más de 30 años y ha provocado tres guerras y miles de muertos. Sin embargo, a pesar de haber alcanzado un consenso relativo a las resoluciones del acuerdo, el ministro de Exteriores armenio ha rechazado las precondiciones mencionadas de manera extraoficial por la contraparte azerí, lo que deja en duda la firma definitiva.

El ministro de Exteriores azerí fue el primero en anunciar la conclusión de las negociaciones. Esta información fue luego ratificada por el Ministerio de Exteriores armenio en una nota de prensa. Armenia aceptó los términos de Azerbaiyán en los dos últimos puntos pendientes, proponiendo realizar una declaración conjunta. Bakú, en cambio, se adelantó con un comunicado unilateral. El acuerdo de paz está compuesto por 17 resoluciones, y los dos últimos puntos en resolverse han sido los relativos a la retirada de reclamaciones legales de los tribunales internacionales y al no despliegue de fuerzas extranjeras en la frontera común.

Armenia acudió a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2021, acusando a Azerbaiyán de haber violado la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (ICERD por sus siglas en inglés) al haber llevado a cabo programas de limpieza étnica en la región. Azerbaiyán rechazó las acusaciones y acusó a Ereván de ser la responsable de la limpieza étnica y de difundir propaganda racista.

Aunque los casos no han llegado a resolverse todavía, la CIJ parecía encaminada a dar la razón a Armenia en la mayoría de ellos. La guerra de 2023 y la posterior limpieza étnica por parte de Azerbaiyán también hicieron que la corte intercediese emitiendo medidas de emergencia para que la población étnicamente armenia pudiese volver a sus hogares, aunque tuvieron un impacto muy limitado. De firmar el acuerdo, los casos de ambos se quedarían sin resolver, ya que estarían obligados a retirarlos.

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El otro punto acordado establece que no podrá haber ninguna presencia extranjera en la zona fronteriza común. Esta resolución parece estar dirigida principalmente a la misión civil de la Unión Europea en Armenia (EUMA), que lleva desplegada en la zona desde enero de 2023 y ha supervisado el alto el fuego en las regiones fronterizas.

Desde principios de marzo, Ereván ya parecía estar abandonando los tribunales internacionales. El primer ministro, Nikol Pashinián, declaró repetidas veces que estaría dispuesto a una retirada conjunta para lograr una paz duradera. Estas posiciones se vieron corroboradas el 5 de marzo, cuando Yegishe Kirakosyan, el representante armenio de asuntos jurídicos internacionales, dimitió en medio de rumores –finalmente desmentidos– de que todo su equipo también había renunciado.

El punto respecto a la retirada de las fuerzas extranjeras, en cambio, ha resultado una sorpresa, ya que Armenia renovó el mandato del EUMA por otros dos años en febrero. Bakú se ha opuesto desde el primer momento a la presencia de fuerzas europeas en la región, acusando a Bruselas de valerse de su despliegue para difundir propaganda antiazerí. Aunque la firma implique el fin de sus labores, aún no se sabe si la retirada de la EUMA será inmediata o vendrá tras el final de su renovado mandato. También se ha especulado con la posibilidad de que la misión continúe desplegada en Armenia, pero evite visitar las regiones fronterizas.

La discordia entre Armenia y Azerbaiyán

Más allá de los 17 puntos, los problemas han venido con las exigencias extraoficiales, varias cuestiones que se han discutido en las negociaciones, pero no han terminado recogidas en el acuerdo de paz.

El ministro de Exteriores de Azerbaiyán declaró que existían dos condiciones para la firma del documento: la disolución del Grupo de Minsk de la OSCE y la modificación de la Constitución armenia. El ministro de Exteriores armenio respondió que no están dispuestos a cumplir con estos requisitos, ya que “nunca han aceptado su legitimidad ni los han considerado parte de la agenda”.

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La disolución del Grupo de Minsk no debería suponer un gran problema, ya que la firma del documento dejaría obsoleto este mecanismo. El grupo está presidido por Azerbaiyán, Armenia, Rusia y Francia y fue creado en la década de los 90 para buscar una solución al conflicto de Nagorno Karabaj y delimitar las fronteras entre Armenia y Azerbaiyán. Sirvió también como canal de comunicación principal entre ambos vecinos hasta la guerra de 2020, pero la normalización de las relaciones bilaterales y la resolución del conflicto fronterizo dejaron sin razón de ser al organismo.

La segunda condición, en cambio, resulta especialmente dura de aceptar para Armenia. Azerbaiyán exige que su vecino elimine de la Constitución cualquier referencia a una unificación de la República de Armenia con Nagorno Karabaj –región de mayoría armenia hasta la guerra de 2023–. Esta mención se encuentra en el preámbulo, lo que implica que, para retirarla, no serviría con una modificación, sino que debería aprobarse una nueva carta magna. Para ello, el procedimiento es más complejo, siendo necesario realizar un referéndum donde vote un mínimo del 25% del electorado.

La administración de Pashinián lleva un tiempo tanteando las aguas para ver si esta concesión tendría el respaldo de la población, presentándolo como un sacrificio necesario para la paz. Aun así, las declaraciones del ministro de Exteriores dan a entender que el gobierno no está del todo seguro en este sentido, ya que lo más probable es que los armenios se opongan a la modificación por percibirla como una imposición azerí.

Fuera del acuerdo de paz también ha quedado otra cuestión especialmente conflictiva, aunque el ministro de Exteriores azerí no la ha listado como una condición: la conexión de Azerbaiyán con su exclave de Najicheván. Esta ha sido uno de los puntos más tratados a lo largo de las negociaciones, aunque no se ha llegado a ningún consenso. Conocido como el corredor de Zangezur, Pashinián se opone a llamarlo “corredor”, aunque en varias ocasiones ha expresado su disposición a abrir la conexión.

Aun así, ha recalcado que la apertura de este corredor debería darse dentro de un esfuerzo conjunto por desbloquear el tránsito regional. Esto significa que Armenia permitirá el tránsito azerí a Najicheván si Azerbaiyán y Turquía abren el paso a los armenios, ya que actualmente todos los pasos fronterizos están cerrados. Bakú también debería permitir el tráfico ferroviario armenio a través de Najicheván para que Ereván logre una conexión directa con sus regiones del sur.

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Aunque el fin de las negociaciones haya sido celebrado como un acuerdo histórico, la falta de consenso respecto a las condiciones hace que la firma definitiva peligre. Armenia se muestra reacia a cumplir con los prerrequisitos y Bakú parece estar presionando para que las cumpla. El fin de semana del 15 de marzo, apenas dos días después de la conclusión de las conversaciones, Azerbaiyán denunció violaciones del alto el fuego por parte de Armenia en la línea de contacto durante tres días seguidos.

Ereván rechazó las acusaciones y la misión de monitorización de la Unión Europea declaró que no habían registrado ninguna violación del alto el fuego. La misma semana, medios progubernamentales azeríes publicaron un reportaje donde aseguraban que Armenia estaba preparándose para atacar a Azerbaiyán en abril. Esto demuestra que la amenaza de guerra continúa presente a pesar del fin de las negociaciones y parece indicar que Bakú está agitando el fantasma de una posible contienda para presionar a Armenia. 

Soldados azeríes durante un desfile militar celebrado en Bakú. Fuente: oficina presidencial de Azerbaiyán
Soldados azeríes durante un desfile militar celebrado en Bakú. Fuente: President of the Republic of Azerbaijan

Es poco probable que Bakú retire las condiciones sin lograr nada a cambio, ya que Ereván se encuentra en un momento muy delicado, aislado y con varias derrotas recientes. Queda por ver hasta qué punto está dispuesto a llegar Azerbaiyán para lograr estas condiciones, si recurrirá a la fuerza o si todo quedará en una mera amenaza. Por el momento, se puede afirmar que el fin de las negociaciones no supone una resolución definitiva del conflicto y que la firma del Acuerdo tendrá que darse tras negociaciones sobre las condiciones.

Juicios contra artsajíes en Bakú

Aunque el acuerdo de paz haya acaparado los titulares, no ha sido el único episodio de la semana. El mismo día en el que se publicitaba el fin de las negociaciones, en Bakú se celebraban juicios contra los artsajíes étnicamente armenios capturados durante el conflicto de 2023. El propio Pashinián ha denunciado estos procesos, acusando a Bakú de montar “juicios farsa donde se han utilizado medidas prohibidas como la tortura”.

En ciudades como Berlín se celebraron manifestaciones en solidaridad con Ruben Vardanyan, antiguo ministro de Estado de la República de Artsaj, actualmente detenido por Azerbaiyán y realizando una huelga de hambre contra su proceso legal.

Para ampliar: Los tambores de la guerra vuelven a sonar entre Azerbaiyán y Armenia

El Parlamento Europeo también publicó una resolución condenando los juicios, acusándolos de ser procesos fabricados, celebrados sin ninguna garantía legal y demandando a Bakú la liberación incondicional de todos los prisioneros de guerra. Además, solicitó a la Unión Europea prohibir la entrada de los oficiales azeríes involucrados con el proceso y la “suspensión inmediata de la alianza estratégica con Azerbaiyán en materia energética”. 

A pesar de las acciones de protesta y la resolución de Parlamento Europeo, lo más probable es que los procesos legales se celebren sin mucho contratiempo y que la Unión Europea continúe su asociación energética con Bakú.

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