
Desde el estallido de la guerra de Irán a finales de febrero de 2026, el estrecho de Ormuz ha acaparado innumerables titulares. Su cierre de facto, el minado de sus aguas, los bloqueos y los sucesivos intentos de restablecer la navegación han situado a uno de los principales corredores energéticos del mundo en el centro del conflicto.
Sin embargo, más de siete meses después, resulta difícil describir la situación en términos de apertura o cierre. Los petroleros vuelven a atravesar el estrecho, pero lo hacen bajo condiciones extraordinarias, entre amenazas persistentes y procedimientos de navegación muy diferentes de los anteriores a la guerra.
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