
Las recientes ofensivas de la alianza que une a islamistas y nacionalistas tuareg han puesto a Malí en jaque, paralizando al país y amenazando la continuidad de la junta militar. La gravedad de la situación ha alarmado tanto a sus vecinos como a las potencias occidentales, antiguos socios de Bamako con los que los militares rompieron en favor de Rusia.
La entrada de Moscú en el Sahel preocupa a Europa y a Estados Unidos, que ven cómo pierden influencia en una zona muy rica en minería. Sin embargo, las recientes derrotas militares y la incapacidad de las fuerzas rusas de revertir la tendencia desde su llegada en 2021 han abierto una oportunidad para Washington de restablecer las relaciones.
Los intereses estadounidenses son recopilación de inteligencia sobre los grupos islamistas, acceso a la riqueza mineral de Malí y reducir la influencia rusa. Washington ha tratado de negociar un acuerdo con Bamako para reanudar las operaciones de inteligencia, incluidos los vuelos de aviones y drones sobre territorio maliense, con el objetivo de vigilar a los grupos yihadistas vinculados a Al-Qaeda tras perder su base en Níger.
Ese deseo de obtener derechos de sobrevuelo fue lo que motivó la decisión de la Casa Blanca de levantar las sanciones impuestas a miembros clave de la junta militar, entre ellos el último ministro de Defensa, Sadio Camara, quien fue uno de los principales impulsores de la intervención rusa en Malí y falleció en un ataque perpetrado por el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) el 25 de abril.
Por ahora, los acercamientos estadounidenses no parecen haber tenido éxito. Por el contrario, Malí está tratando de reparar sus relaciones con Argelia, después de que el giro soberanista del régimen militar, la ofensiva del ejército nacional contra los rebeldes tuareg –con el apoyo de sus aliados rusos– y el hecho de que Argel acogiera a destacadas figuras de la oposición maliense provocaran una ruptura sin precedentes.
Las recientes derrotas militares pueden haber convencido a la junta militar de que necesita el apoyo de su vecino norteño. De hecho, la ofensiva contra los tuareg lanzada en 2023, que dejó de lado los compromisos políticos defendidos por Argelia y precipitó el colapso del Acuerdo de Argel de 2015, marcó un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países.
Las tensiones alcanzaron un punto crítico en abril de 2025, cuando Argelia derribó un dron maliense en la frontera. Este incidente llevó a los dos vecinos a cerrar mutuamente su espacio aéreo y a retirar a sus embajadores. La crisis adquirió una dimensión regional cuando Burkina Faso y Níger –socios de Malí en la Alianza de Estados del Sahel (AES)– expresaron su apoyo a Bamako.
Durante el mes de julio, las dos capitales anunciaron varias medidas destinadas a aliviar las tensiones. Argelia ha reabierto por completo su espacio aéreo nacional al tráfico aéreo procedente de Malí, permitiendo todos los vuelos hacia y desde el país de África occidental. El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, también ordenó el regreso del embajador a Bamako.
Las dudas de Rusia en Malí
Mientras Malí trata de reparar sus relaciones exteriores, en Moscú no están convencidos de la estrategia militar de Bamako. Después de respaldar durante cinco años su estrategia de contrainsurgencia y convertirse en uno de sus pilares, en Rusia empiezan a asumir que la guerra no tiene fin.
La retirada de las fuerzas rusas de algunas ciudades del norte y las transferencias negociadas de posiciones a los nacionalistas tuareg durante la ofensiva tuareg-yihadista de abril de 2026 indican que hay diferencias con las autoridades malienses.
Según informa Africa Confidential, el diplomático ruso Mikhail Bogdanov trató de convencer en múltiples ocasiones a la junta militar de no desechar el marco de Argel y mantener un diálogo con las comunidades de Azawad.
El viceministro de Defensa ruso Yunus-bek Yevkurov, por su parte, habría enfatizado que el diálogo era el camino preferido hacia la estabilidad en el norte de Malí y que la misión de Africa Corps no tenía la intención de enfrentarse al Frente de Liberación Azawad, sino de combatir a los “grupos terroristas transfronterizos y garantizar la seguridad local”.
Estas filtraciones podrían indicar que Rusia ha perdido confianza en Malí y se está alienando con Argelia para presionar a Bamako para que negocie con los nacionalistas tuareg mediante un marco similar al Acuerdo de Argel.
Este resultado sería, sin duda, irónico, pues situaría a Moscú en la misma posición en la que se encontró Francia tras años de contrainsurgencia. Por otro lado, pone de relieve que la única salida en este escenario pasa necesariamente por algún tipo de compromiso político con las fuerzas insurgentes, ya que no es posible derrotarlas únicamente mediante operaciones militares.
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