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South Pars, el corazón de la industria gasística iraní amenazado por Trump

El yacimiento de gas de South Pars en Irán, en conjunto con el catarí de North Dome, constituyen la mayor reserva de gas del mundo.
El yacimiento de gas de South Pars en Irán, en conjunto con el catarí de North Dome, constituyen la mayor reserva de gas del mundo. Fuente: Fars Media Corporation - bajo CC BY 4.0

Los ataques de Israel contra el yacimiento de South Pars, en territorio iraní, han agravado la crisis energética, ya de por sí sin visos de desescalada. A pesar de que Donald Trump negó haber autorizado la acción israelí –declaró en su cuenta de Truth Social que “Estados Unidos no sabía nada sobre este ataque en particular”–, su reacción contribuyó a una mayor incertidumbre en los mercados energéticos globales.

Trump advirtió de que, llegado el momento, su administración podría tomar la decisión de “volar por los aires” el complejo gasístico de South Pars. Irán, por su parte, respondió bombardeando instalaciones energéticas en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar. En este último caso, el objetivo fue Ras Laffan, el mayor complejo de gas natural licuado del mundo.

La espina dorsal del gas iraní

Independientemente de las declaraciones de Trump sobre South Pars, la reacción iraní era esperable. Al fin y al cabo, este enclave gasístico no solo es relevante en términos de producción para la exportación, sino también para el suministro de la red eléctrica nacional, en gran medida como consecuencia de las sanciones que limitan la capacidad para que Teherán venda su gas.

No por casualidad el ataque israelí fue seguido de una nueva subida en los precios del gas: el yacimiento de South Pars forma parte de un entramado más amplio que Irán comparte con Catar. Junto al campo North Dome, ambos constituyen un único yacimiento que se divide de forma artificial a lo largo de la frontera marítima entre ambos países.

En conjunto, South Pars y North Dome cuentan con las mayores reservas de gas natural del mundo conocidas hasta la fecha. De hecho, todo el campo en conjunto es la acumulación hidrocarburífera más grande del planeta.

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Las reservas disponibles en South Pars, en el lado iraní, representan aproximadamente un tercio del total de reservas de gas de Irán; en el caso de North Dome, en el lado catarí, se estima que este yacimiento concentra cerca del 99% de las reservas probadas del país. 

Concretamente, se estima que el sector bajo control iraní alberga 14 billones de metros cúbicos de gas natural in situ y en torno a 10 billones de metros cúbicos de gas recuperable. En el lado catarí habría unos 25 billones de metros cúbicos de gas recuperable. En conjunto, el enclave South Pars-North Dome alberga en torno al 20% del gas mundial.

Antes del inicio de la guerra en Oriente Medio, la producción de gas catarí en North Dome era de alrededor de 520 millones de metros cúbicos diarios, aproximadamente cuatro quintas partes del total de los ingresos que el Estado recibe por este recurso. 

El riesgo de atacar South Pars

Si Israel o Estados Unidos efectivamente “vuelan por los aires” South Pars, estarían poniendo el jaque en torno a tres cuartas partes de la producción de gas en Irán y, por extensión, pondrían en serios apuros el acceso a electricidad para la industria local, los servicios y las viviendas.

Con toda probabilidad, Irán respondería atacando el complejo de Ras Laffan, poniendo a su vez en jaque la economía exportadora catarí y garantizando un aumento en los precios globales de la energía. 

Es probable que si Washington y Tel Aviv toman esta decisión desaten una cascada de reacciones regionales que sumerja a la región en una escalada todavía mayor y ponga a la economía global más cerca de una recesión como consecuencia de la subida de los precios de la energía.

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Junto a la destrucción u ocupación de la isla de Kharg, otro enclave decisivo en el esquema petrolero iraní, la decisión de “volar por los aires” South Pars pondría a Irán frente a una tesitura eminentemente existencial.

Llegados a ese punto, es probable que los principales nombres propios de la República Islámica de Irán –aquellos que todavía no hayan sido asesinados– decidan renunciar a algunos de los límites que, hasta el momento, parecen estar aplicándose a sí mismos. Esta nueva tesitura podría implicar desde ataques indiscriminados contra la infraestructura energética del golfo Pérsico hasta el minado del estrecho de Ormuz. 

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