
El 26 de noviembre de 2025, a mediodía, se registraron disparos en las inmediaciones del Palacio Presidencial guineano. Minutos después, la arteria principal que conduce al complejo quedó acordonada. La situación evolucionó rápidamente: apenas dos horas más tarde, Jeune Afrique informaba de la detención de las principales figuras políticas del país. El golpe de Estado en Guinea-Bissau se había consumado.
El presidente Umaro Sissoco Embaló fue arrestado en su propio despacho, sin posibilidad de emitir un comunicado oficial. Junto a él, el ministro del Interior, Botché Candé, y el jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas, Biague Na Ntan, también quedaron bajo custodia. Todo ello ha ocurrido en un clima de elevada tensión electoral, a la espera de los resultados de los comicios que enfrentaban a Embaló con el opositor Fernando Dias da Costa.
El candidato opositor y expresidente Fernando Dias da Costa también ha sido detenido por los militares. Los oficiales sublevados, que se han autodenominado Alto Comando Militar para la Restauración del Orden Nacional, declararon a través de su portavoz, el general Denis N'Canha –jefe de la Casa Militar del Palacio Presidencial–, haber asumido el “control total” del país.
En la comparecencia se anunció la destitución del presidente, el cierre de fronteras y la suspensión de las instituciones hasta nuevo aviso. El golpe de Estado debe entenderse en el marco de la inestabilidad política que atraviesa Guinea-Bissau desde su independencia de Portugal en 1974.
Desde la guerra de liberación liderada por el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), las Fuerzas Armadas se consideran garantes del orden nacional, un rol que ha servido para justificar repetidas incursiones en la arena política.
Excluyendo el levantamiento actual, el país ha vivido cuatro golpes consumados –1980, 1986, 2003 y 2012– y cerca de una veintena de intentos fallidos o frustrados. Las tensiones entre el poder civil y el estamento militar han sido constantes, alimentadas por las rivalidades internas, las acusaciones de corrupción y una profunda desconfianza mutua.
Las elecciones presidenciales y legislativas del 23 de noviembre se celebraron bajo un clima especialmente tenso. Sissoco Embaló aspiraba a un segundo y último mandato, en un contexto marcado por su deriva autoritaria, los choques con el Parlamento y su disolución en 2022.
Además, la principal coalición opositora, la Plataforma Alianza Inclusiva – La Tierra Empieza, fue excluida del proceso electoral, lo que desató críticas y protestas contra el gobierno. En paralelo, la libertad de prensa se vio restringida, con medios como RTP África o la agencia LUSA suspendidos en el último año.
La jornada electoral transcurrió bajo una fuerte presencia militar y policial, alimentando los temores sobre una posible manipulación de los resultados y una perpetuación del presidente en el poder.
El golpe de Estado en Guinea-Bissau continúa en desarrollo y, por el momento, no se han observado reacciones internacionales relevantes, incluida la de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), habitualmente muy crítica ante este tipo de rupturas constitucionales.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







