
La noticia del regreso del magnate republicano Donald Trump a la Casa Blanca fue recibida con entusiasmo por parte de Israel y del primer ministro Benjamín Netanyahu. Esta ilusión se vería a posteriori justificada debido a la marcada retórica proisraelí con respecto al conflicto en la Franja de Gaza mantenida durante los primeros meses del segundo mandato del líder republicano.
Sin embargo, en las últimas semanas, noticias, filtraciones y declaraciones de líderes estadounidenses apuntan a una posible ruptura de las relaciones entre Trump y Netanyahu. De hecho, hay analistas que se atreven a vislumbrar la posibilidad de un reconocimiento del Estado Palestino por parte de Estados Unidos, algo altamente improbable que, de suceder, representaría en un punto de inflexión sin precedentes para las dinámicas en Oriente Medio.
El sionismo de la primera administración Trump, así como su sintonía con el líder del Estado judío, fue latente durante todo su mandato, empezando por la elección de su yerno, el judío estadounidense Jared Kushner, como asesor senior de la Casa Blanca, quien desempeñó un cargo crucial en la política estadounidense con respecto a Oriente Medio.
Bajo este primer gobierno del magnate republicano se produjo el traslado de la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a la disputada ciudad de Jerusalén, reafirmando así su compromiso con la hegemonía israelí en el territorio correspondiente al antiguo mandato británico de Palestina. Habría que destacar igualmente el éxito inicial que supusieron los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020 con el objetivo de asegurar la integración regional de Israel, normalizar las relaciones diplomáticas en Oriente Medio entre los países árabes y el Estado hebreo y aislar a Irán.
En la segunda etapa del republicano, Netanyahu fue uno de los primeros líderes en reunirse con Trump tras su regreso al poder en enero de 2025. En los compases iniciales de su mandato, el presidente estadounidense expresó un apoyo inquebrantable al plan de Netanyahu de hacerse con el control total de la Franja de Gaza, lo cual supondría la expulsión forzosa de la población palestina. Sin embargo, las diferencias con respecto a sus prioridades estratégicas a la hora de hacer frente a Irán han plagado de tensiones la alianza Trump-Netanyahu.
Señales de ruptura entre Trump y Netanyahu
Informes recientes de diferentes medios afirman la existencia de una crisis en las relaciones entre Israel y Estados Unidos, destacando las declaraciones del exministro israelí, presente en varios gobiernos, Avigdor Lieberman, quien en la tarde del 12 de mayo manifestó que los vínculos bilaterales habían llegado a un punto históricamente bajo.
Si bien es cierto que la causa de esta ruptura no ha podido ser constatada con veracidad, ciertas acciones de las autoridades republicanas han encendido las alarmas entre los sectores sionistas de la escena política estadounidense. La más obvia de todas ha sido la exclusión de Israel de la gira que ha realizado Donald por Oriente Medio.
Asimismo, una publicación en la red social X de Yanir Cozin, un corresponsal de radio del ejército israelí, afirma que Trump habría trasladado al ministro de Exteriores israelí, Ron Dermer, su creencia de que Netanyahu estaría tratando de influir en las decisiones de la administración estadounidense. El mes de mayo comenzó con la destitución de Mike Waltz, un firme partidario del Estado hebreo, como asesor de seguridad nacional debido a su coordinación no autorizada con Tel Aviv en asuntos estratégicos, incluyendo reuniones no comunicadas con Netanyahu celebradas en ocasiones poco antes de encuentros oficiales con el propio Trump.
Esto resultaría en desacuerdos estratégicos con respecto a cómo afrontar a Irán o a las acciones de los hutíes en Oriente Medio, además de la falta de respeto que supone hacia Trump que un miembro de su gabinete se reúna con autoridades israelíes, incluido con el primer ministro, antes que con el propio presidente. A todo esto se le suma la participación de Waltz en el entramado conocido como Signalgate.
Estos hechos dan fuelle a la teoría de que la crisis entre Trump y Netanyahu se debe únicamente a una lucha de egos de dos líderes que comparten una figura de hombre fuerte –no es secreto de nadie la personalidad del presidente norteamericano y su más que probable reticencia a ser considerado una marioneta de otro líder internacional– más que a una crisis política al uso.
No obstante, una serie de acusaciones cruzadas han llevado presuntamente a Netanyahu a expresar en el comité de defensa del Knesset lo siguiente: "Creo que tendremos que dejar de depender de la ayuda militar estadounidense" –una cifra que alcanza los 3.800 millones de dólares anuales, a lo que hay que añadir 18.000 millones adicionales gastados desde el 7 de octubre de 2023–, lo cual anima a pensar que la motivación va más allá de una mera pugna personal.
Este cese de la ayuda militar a Israel se puede ver reflejado en la decisión de Washington de detener los ataques contra los hutíes en Yemen, quienes amenazan principalmente a las embarcaciones israelíes que navegaban por el mar Rojo, sin suponer un peligro real para los intereses estadounidenses.
La crisis de los prisioneros como discordia
Hay que comprender que las tensiones llevan incrementándose a velocidades cambiadas desde el comienzo de la nueva administración Trump. Ya en marzo se produjo una crisis –poco destacada por los medios– originada por las conversaciones directas entre Estados Unidos y Hamás para la liberación de prisioneros estadounidenses capturados durante los ataques del 7 de octubre de 2023.
The Times of Israel señala cómo Ron Dermer y Benjamin Netanyahu habrían tratado de sabotear los esfuerzos de Washington a través de la filtración de documentos de las negociaciones llevadas a cabo entre el enviado especial estadounidense, Adam Boehler, y Hamás, al mismo tiempo que dificultaban nuevas reuniones entre autoridades estadounidenses y gazatíes. El primer ministro negó su implicación o la de su administración en estos hechos, alegando que se trata de noticias falsas que favorecen a Hamás.
La crisis derivada de la liberación de prisioneros ha llegado a un punto culminante con la puesta en libertad del último ciudadano israelí-estadounidense, el militar Edan Alexander de 21 años, el 12 de mayo de 2025. La noticia fue anunciada por Trump en su cuenta de Truth Social, donde, además de pedir el fin de lo que calificaba como una guerra brutal, agradeció la mediación de Catar y Egipto en las negociaciones, evitando la mención a Israel debido a su inacción y probable intento de sabotaje.
Sea quien sea el autor intelectual de estos sabotajes contra los intentos estadounidenses de entablar conversaciones de paz con Hamás, lo cierto es que la paciencia de la administración Trump y del propio presidente denota signos de agotamiento. En este contexto, Washington comienza a dar la espalda a su tradicional aliado en Oriente Medio.
Hace escasos días, Trump retiró el reconocimiento de Israel como Estado soberano como requisito impuesto a Arabia Saudí para el desarrollo del acuerdo nuclear entre Riad y la potencia norteamericana. Este giro podría relegar la normalización de relaciones diplomáticas entre los países árabes e Israel a un segundo plano dentro de las prioridades de la política exterior estadounidense en Oriente Medio.
Un hecho que, sin duda, fue de gran relevancia para la visita del presidente a la capital saudí el 13 de mayo, evidenciando un cambio de prioridades que le ha llevado a ignorar –al menos parcialmente– las preocupaciones israelíes en torno a Gaza e Irán. A esta lista de problemas se suma una posible rivalidad con Arabia Saudí, que puede alzarse como un rival más directo de Israel gracias a un posible programa de enriquecimiento de uranio. Cabe recordar que, durante su gira árabe, Trump también visitó Catar y Emiratos Árabes Unidos, marginando a Tel Aviv en favor de las potencias árabes.
La realidad de la opinión pública
El desdén hacia el Estado de Israel no es un caso aislado en el gobierno de Estados Unidos, sino un síntoma generalizado en la sociedad estadounidense. Una encuesta publicada por Pew Research el pasado mes de abril muestra que el porcentaje de la ciudadanía que mantiene una opinión desfavorable de Israel es de un 53%, once puntos porcentuales por encima del dato registrado en 2022. La cifra alcanza un 50% entre los adultos republicanos menores de 50 años.
Esta creciente distancia respecto al Estado de Israel gana terreno entre los sectores jóvenes tanto del Partido Republicano como del Demócrata. En el caso de los republicanos, surge del oxímoron que supone mantener un respaldo incondicional a Tel Aviv mientras se defienden los principios del América Primero. En el caso de los demócratas, se alimenta de una creciente solidaridad con el pueblo palestino y de las acusaciones de genocidio que han calado entre las nuevas generaciones.

En la propia encuesta de Pew Research, si nos enfocamos en los menores de 30 años, encontramos que un 33% de estos simpatizan con el pueblo palestino, mientras que solo un 14% se muestra abiertamente partidario del Estado hebreo.
El impacto inmediato de este descenso en el apoyo público a Israel es incierto. Sin embargo, si este cambio de opinión favorece la nueva postura de la administración Trump, es previsible que el presidente republicano intente capitalizarlo en su beneficio: ya sea para reducir la influencia de Israel en la política estadounidense o bien para establecer nuevas alianzas que refuercen el papel de otros países en Oriente Medio.
El futuro de la alianza Estados Unidos-Israel
Las relaciones entre Israel y Estados Unidos son ya un clásico de la geopolítica y por ello debemos descartar teorías que apunten a un supuesto reconocimiento estadounidense de Palestina bajo la administración Trump. Estas hipótesis se basan en supuestas filtraciones que carecen de fundamento propio, por lo que deben ser tomadas con la mayor de las cautelas a no ser que estemos viviendo un radical cambio de paradigma.
Lo que sí puede verse sujeto a cambios es el régimen de dependencia de Israel respecto a la ayuda militar estadounidense. El actual régimen cesaría con el fin del Memorando de Entendimiento (MOU) firmado por la administración demócrata de Barack Obama, que se encuentra vigente hasta 2028. Asociaciones sionistas en Estados Unidos han solicitado la formulación de un nuevo acuerdo.
Sin embargo, la Fundación Heritage, un lobby conservador estadounidense, ha propuesto una transición paulatina de este régimen relacional a una asociación estratégica equitativa entre los años 2029 y 2047, alcanzando este nuevo estatus en el centenario del nacimiento del Estado judío.
Lo único que conocemos a ciencia cierta es que las relaciones entre Estados Unidos e Israel han llegado a un punto históricamente bajo y que solo conocemos las consecuencias más inmediatas de todo esto. Ante esta crisis –de múltiples aristas– no nos queda más que observar y analizar los próximos movimientos del tablero internacional.
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