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Reformistas y principalistas iraníes ante el diálogo con Occidente

El debate entre principalistas y reformistas sobre la relación con Occidente divide a la sociedad iraní y será clave en la cuestión nuclear.
El debate entre principalistas y reformistas sobre la relación con Occidente divide a la sociedad iraní y será clave en la cuestión nuclear. Fuente: Khamenei.ir

Tras la comparecencia del ayatolá Ali Khamenei el 7 de febrero de 2025, en la que descartó cualquier posibilidad de diálogo con Estados Unidos mientras mantenga su política de “máxima presión” sobre Teherán, la incertidumbre en torno al futuro de las relaciones bilaterales se ha intensificado. La postura del líder supremo refuerza la línea de los principalistas y deja a los reformistas iraníes –actualmente en el gobierno– en una situación aún más precaria, dificultando, por el momento, cualquier intento de acercamiento con Occidente.

Para comprender el trasfondo de esta disputa, es esencial analizar las raíces ideológicas de ambas corrientes. Reformistas y principalistas comparten un origen común en la visión islamista del ayatolá Ruhollah Jomeini, líder de la Revolución de 1979 y fundador de la República Islámica.

Sin embargo, con el paso del tiempo, sus diferencias han marcado el devenir político del país, especialmente en lo que respecta al programa nuclear y las negociaciones con Occidente. Mientras los reformistas han abogado por un enfoque más pragmático y negociador, los principalistas han defendido una estrategia de confrontación y resistencia de Irán ante las potencias occidentales.

Este artículo tiene como objetivo analizar el papel de ambas facciones en la actual configuración política de Irán, así como su postura respecto a la cuestión nuclear y las negociaciones con Occidente. Además, se examinará el impacto del reciente rechazo de Khamenei a cualquier tipo de diálogo con Estados Unidos bajo las actuales condiciones y las implicaciones que esto podría tener para el gobierno de Masoud Pezeshkian –actual presidente reformista– en un contexto de creciente presión interna y externa.

Quiénes son los principalistas y reformistas iraníes

Tras el triunfo de la revolución, el islamismo desplazó a otras corrientes ideológicas como el nacionalismo liberal y el socialismo, consolidándose como la base del nuevo sistema político. En ese contexto, el Partido de la República Islámica (PRI) nació en 1979 con el impulso de figuras clave como Beheshti, Khamenei, Rafsanjani y Bahonar, convirtiéndose en una de las principales estructuras del nuevo orden. No obstante, las tensiones y la falta de cohesión ideológica marcaron su destino. A medida que el PRI ganaba protagonismo, sus diferencias internas se acentuaban.

El debate sobre el papel del Estado en la economía, la interpretación del artículo 44 de la Constitución –que explica que la economía se estructura en tres sectores: estatal, cooperativo y privado– o la intervención estatal en el sector privado dividió a sus miembros en dos grandes bloques: los islamistas de izquierda, partidarios de una mayor regulación económica, y los conservadores, defensores de un enfoque más pragmático.

La disputa se extendió a temas sensibles como la nacionalización del comercio exterior o el cierre de escuelas privadas, alimentando una fractura que acabaría siendo insalvable. De hecho, el faccionalismo terminó por erosionar al partido y, en 1987, tras años de fuertes pugnas internas, el PRI se disolvió oficialmente.

Para ampliar: El islamismo de Ruhollah Khomeini como configuración política de Irán

Para entonces, las dos corrientes que lo habían dominado ya se habían afianzado como los principales polos de la política iraní, marcando el rumbo de la República Islámica durante las décadas siguientes. Las diferencias entre ambas corrientes se acentuaron en torno a la gestión económica y el rol del Estado. Con el tiempo, estas disputas trascendieron el ámbito económico y marcaron posturas divergentes en otros asuntos críticos como la política exterior.

El movimiento reformista tomó forma con la llegada a la presidencia de Mohammad Khatami en 1997. Su administración apostó por el fortalecimiento de la sociedad civil y la normalización de las relaciones con la comunidad internacional. En materia nuclear, promovió la cooperación con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), apostando por la transparencia y el diálogo con Occidente para garantizar el derecho de Irán a desarrollar tecnología atómica con fines pacíficos.

Sin embargo, el giro político llegó en 2005 con la elección de Mahmoud Ahmadinejad. Su gobierno, alineado con el principalismo, rechazó las presiones internacionales y defendió el derecho soberano de Irán a desarrollar su programa nuclear sin interferencias. Bajo su mandato, la estrategia diplomática se endureció y primó una narrativa basada en los principios revolucionarios islámicos de "dignidad", "sabiduría" y "justicia".

Debates sobre la política nuclear

Durante la presidencia de Mohammad Khatami, los reformistas trataron de reconfigurar el desarrollo político de Irán dentro de un marco islámico, pero influenciado por modelos occidentales, con el fin de fomentar una mayor participación política y fortalecer la sociedad civil. Este enfoque se centró principalmente en la educación y en el fomento de la movilización política a través de los estudiantes, a quienes consideraban actores fundamentales en el proceso de transformación del país.

No obstante, esta visión fue duramente criticada por los principalistas, quienes veían la política exterior de Khatami, en particular su énfasis en el diálogo y la cooperación con Occidente, como una forma de aceptación implícita del discurso y los valores occidentales.

Para los principalistas, los reformistas no sólo trataban de adaptar ciertos conceptos occidentales a la realidad iraní, sino que, al alinearse con las normas internacionales, reconocían la legitimidad de un sistema global que, según ellos, no respetaba el derecho de Irán a actuar de acuerdo con sus propios intereses y principios revolucionarios.

El líder Supremo Ali Khamenei junto al presidente reformista Mashoud Pezeshkian.
El líder Supremo Ali Khamenei junto al presidente reformista Mashoud Pezeshkian. Fuente: Khamenei.ir

La crítica central de los principalistas apuntaba a que la apertura hacia Occidente, especialmente en lo relacionado con el programa nuclear de Irán, limitaba la autonomía del país y comprometía sus principios ideológicos fundamentales. Los principalistas sostenían que Irán no debía buscar la integración o el entendimiento con las potencias occidentales, sino reafirmar su soberanía y defender su derecho a la tecnología nuclear como un asunto de independencia nacional.

Mientras que los reformistas intentaron presentar una política nuclear pragmática, favoreciendo la cooperación con organismos como la AIEA, los principalistas consideraban esta estrategia como una renuncia a la autonomía iraní en aras de la aceptación internacional. En su opinión, esa postura diluía los principios de la Revolución Islámica y ponía en peligro la soberanía nacional.

La política nuclear principalista

Por otro lado, el enfoque de los principalistas en la política exterior se articula en torno al concepto de "justicia", el cual se considera el principio fundamental que debe guiar todas las relaciones internacionales. Este concepto, de vital importancia durante el gobierno de los conservadores, marcó el rumbo de su política exterior y estableció un marco para comprender sus posturas y estrategias.

En este sentido, durante su campaña electoral de 2005, el entonces candidato Mahmoud Ahmadinejad proclamó la "centralidad de la justicia y la búsqueda de la justicia" como el lema que guiaría tanto su política interna como externa. A lo largo de sus dos mandatos presidenciales, Ahmadinejad defendió que la "justicia" debía ser el eje central de las relaciones internacionales de Irán.

Desde esta perspectiva, los principalistas consideran que el acceso a la energía nuclear pacífica es un derecho legítimo de todos los países, conforme al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT), en el cual, según su interpretación, no debe existir ninguna restricción en el acceso a la tecnología nuclear con fines civiles.

El enfoque de Ahmadinejad hacia la política nuclear estuvo profundamente marcado por una narrativa que le llevó a denunciar las maniobras de las grandes potencias, especialmente Estados Unidos, como ejemplos de "injusticia". En lugar de ceder ante las presiones de Occidente, Irán optó por defender sus derechos nucleares. A través de esta postura, Ahmadinejad intentó denunciar las violaciones de las potencias nucleares, presentándolas como opresoras, y utilizó el programa nuclear como un símbolo de victimización ante la comunidad internacional.

Para ampliar: La doctrina nuclear de Irán ante la rivalidad con Israel

En el ámbito nuclear, a pesar de las sanciones y las amenazas, el gobierno principalista no retrocedió en su defensa del programa nuclear, reafirmando su enfoque revolucionario en el escenario internacional. Por otro lado, desde la Revolución Islámica, la confrontación con Israel y el apoyo a la causa palestina han sido ejes fundamentales de la política exterior iraní. Bajo el mandato de Ahmadinejad, esto se materializó en el fortalecimiento de las relaciones con grupos antiisraelíes, como Hamás y Hezbolá.

Durante la Guerra de los 22 días (27 de diciembre de 2008 - 18 de enero de 2009) contra Hamás, Irán brindó apoyo total al grupo palestino, llegando incluso a lograr que Venezuela expulsara al embajador israelí. Además, durante la Guerra de los 33 días (2006), Teherán proporcionó asistencia política a Hezbolá, utilizando su diplomacia para denunciar las acciones israelíes y atraer la atención internacional hacia el conflicto.

El gobierno principalista adoptó un enfoque renovado hacia Occidente, considerando que, a pesar de los esfuerzos de la República Islámica por llegar a una desescalada, las actitudes "hostiles" de los Estados occidentales persistían. Esta visión llevó a la conclusión de que el bloque liderado por Estados Unidos no buscaba una desescalada, sino la sumisión del país. Como resultado, los conservadores adoptaron una política de confrontación, siendo el programa nuclear de Irán la manifestación más destacada.

Finalmente, el gobierno de Ahmadinejad trató de establecer relaciones con actores política y económicamente alineados con la República Islámica, buscando reemplazar a los países occidentales. La "mirada hacia el este", el acercamiento a América Latina, las relaciones con los países africanos y la participación activa en el Movimiento de Países No Alineados y otras organizaciones regionales fueron algunas de las estrategias adoptadas por los principalistas.

Pezeshkian: un reformismo sin posibilidades

La llegada de Masoud Pezeshkian al poder se dio tras las elecciones anticipadas provocadas por la muerte del presidente principalista Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero en 2024. Pezeshkian, como era de esperar, hizo campaña siguiendo los principios ideológicos del reformismo, prometiendo “normalizar nuestras relaciones económicas con el mundo”.

Uno de los desafíos más urgentes que ha enfrentado el gobierno de Pezeshkian fue la necesidad de negociar un nuevo acuerdo nuclear con las potencias globales. La situación geopolítica y las dinámicas nucleares han cambiado significativamente desde el documento firmado en 2015. Sin embargo, los esfuerzos por cumplir con las promesas electorales de Pezeshkian se han visto rápidamente frustrados.

Para ampliar: El gobierno del reformista Masoud Pezeshkian y las dos almas constitucionales de Irán

Las razones principales de este fracaso son el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca –lo que ha conducido a la reimposición de la política de “máxima presión” contra Irán– y el estallido de la escala militar con Israel en junio de 2025. A esta situación se suma la creciente crisis económica del país, que ya había comenzado antes del regreso de Trump al poder y la reactivación de las sanciones. Además, la República Islámica se enfrenta a una crisis energética sin precedentes, lo que aumenta la inestabilidad interna.

A nivel geopolítico, Irán también ha estado experimentando tensiones regionales que han afectado al conocido como Eje de la Resistencia, debilitado después de los enfrentamientos contra Israel. Esto deja al gobierno reformista en una situación política y económica extremadamente difícil.

Alí Khamenei y otras figuras de Estado en la ceremonia de celebración del Eid al-Mab'ath
Alí Khamenei y otras figuras de Estado en la ceremonia de celebración del Eid al-Mab'ath. Fuente: Khamenei.ir

En ese contexto, ha surgido de nuevo la diferencia entre los enfoques reformistas y principalistas. Los reformistas intentan adoptar una postura conciliadora con el objetivo de llegar a un acuerdo nuclear con Estados Unidos, a cambio de concesiones sobre su programa de enriquecimiento de uranio. Por otro lado, los sectores principalistas abogan por una revisión de la estrategia nuclear, sugiriendo que el país debería avanzar hacia el desarrollo de armamento nuclear.

Desde el regreso de Trump, las autoridades iraníes han subrayado que sus políticas hacia Washington se ajustarían dependiendo del comportamiento de la nueva administración. Este enfoque refleja la cautela iraní ante la volatilidad de la política estadounidense, contemplando tanto la posibilidad de renegociar un nuevo acuerdo nuclear como el endurecimiento de las sanciones en una versión de la "máxima presión 2.0". También está muy presente el escenario de un conflicto directo entre Irán y Estados Unidos, algo que Teherán no descarta por completo, especialmente tras los recientes choques con Israel.

En este sentido, Irán está evaluando diversas estrategias de respuesta, que van desde una planificación pragmática de su política regional hasta el fortalecimiento de alianzas con países vecinos y potencias regionales. Además, se ha visto obligada a centrarse en las prioridades económicas internas, tratando de mitigar el impacto de las sanciones internacionales y diversificando su economía para reducir la dependencia de actores externos.

Para ampliar: La crisis entre la sociedad y el Estado en Irán: ¿el ocaso de la República Islámica?

Otro aspecto clave de la estrategia de la República Islámica es el refuerzo de sus capacidades militares. Las tensiones con Israel y Estados Unidos, que se han intensificado por los ataques recíprocos y por las guerras en la Franja de Gaza, Líbano, Yemen y Siria, han llevado a Teherán a priorizar la disuasión y su propia defensa.

Por otro lado, para contrarrestar la "máxima presión" de Washington, podría optar por métodos más discretos, como la venta informal de petróleo, el uso de rutas alternativas y la transferencia clandestina de bienes.

Estados Unidos, por su parte, continúa con su estrategia, que incluye la reducción de las exportaciones de petróleo de Irán y la búsqueda de un aislamiento internacional del gobierno iraní. Trump ha lanzado una campaña para aumentar las sanciones y dificultar las transacciones iraníes, mientras que Israel ha solicitado la compra de armamento avanzado para fortalecer su posición frente a su principal rival regional.

Los principalistas acorralan a los reformistas

A nivel interno, la situación se ha vuelto aún más compleja para Pezeshkian. La reciente destitución del ministro de Economía, Abdolnaser Hemmati, tras un proceso de impeachment en el parlamento y la dimisión de Javad Zarif, considerado el hombre fuerte del gobierno y uno de los máximos exponentes del reformismo, han debilitado gravemente la posición del presidente.

Zarif, quien había sido objeto de críticas por la supuesta doble nacionalidad de sus hijos nacidos en Estados Unidos –lo que contravenía una ley de 2022 que prohíbe a personas con vínculos con Occidente ocupar altos cargos en el gobierno–, habría sido presionado, según medios cercanos al campo reformista, por el jefe del poder judicial, Mohseni-Ejei, para abandonar el ejecutivo. Este episodio confirmaría, conforme la narrativa de los reformistas, la ofensiva principalista contra la administración de Pezeshkian y ha dejado al movimiento reformista en una situación aún más precaria.

En conclusión, las dos corrientes políticas más influyentes en Irán, los reformistas y los principalistas, siguen manteniendo visiones contrapuestas sobre cuestiones clave, como las negociaciones con Occidente y el futuro del programa nuclear. A medida que las autoridades iraníes se enfrentan a un escenario de presión internacional, el futuro del gobierno de Pezeshkian parece cada vez más incierto.

La dimisión de figuras clave y la creciente influencia de los principalistas, encabezados por Saeed Jalili, que consideran que el rechazo de Khamenei a las negociaciones con Estados Unidos ha marcado el fin del mandato reformista, refuerzan la idea de que el reformismo iraní no tiene mucho recorrido en la actual coyuntura política.

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