
La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo nivel de intensidad en la segunda semana de abril, con ambas potencias imponiendo aranceles muy elevados que tendrán enormes repercusiones económicas y geopolíticas a escala global.
El intercambio de golpes económicos entre Estados Unidos y China ha ido intensificándose paulatinamente desde hace una década. La primera administración de Donald Trump (2016 - 2020) dio comienzo a una guerra comercial que quedó inconclusa y que, durante el gobierno de Joe Biden (2021 - 2024), continuó desarrollándose, especialmente en el ámbito tecnológico.
Algunas medidas del presidente demócrata fueron la imposición de aranceles del 100% a los vehículos eléctricos chinos o el establecimiento de restricciones a la exportación de ciertas tecnologías críticas vinculadas con los semiconductores y el desarrollo de la inteligencia artificial. Pekín respondió con restricciones a la venta de materias primas críticas.
Sin embargo, la llegada de la segunda administración Trump ha acelerado drásticamente el curso de los acontecimientos. En los meses de febrero y marzo de 2025, Washington fue introduciendo aranceles a todas las importaciones chinas: primero del 10% y, posteriormente, del 20%, medidas que fueron acompañadas del lanzamiento de una guerra comercial global. Los “aranceles recíprocos” a Pekín anunciados en la ceremonia del 2 de abril, denominada por el líder republicano como el “Día de la Liberación”, elevaron la suma total de las tarifas estadounidenses a todos los productos chinos hasta el 54%.
Cruce de aranceles entre China y Estados Unidos
El gobierno chino, a través del portavoz del Ministerio de Exteriores, ya había advertido con anterioridad que no cedería ante las presiones de la potencia norteamericana, declarando lo siguiente: “Si Estados Unidos quiere una guerra, ya sea arancelaria, comercial o de cualquier otro tipo, estamos dispuestos a luchar hasta el final".
La respuesta de Pekín no se hizo esperar: tarifas del 34% a todos los bienes estadounidenses, el mismo porcentaje que los “aranceles recíprocos” introducidos por Trump, además de nuevos obstáculos a la exportación de minerales estratégicos que afectan especialmente a los ámbitos de la defensa, la electrónica y lo aeroespacial.
La reacción de China desencadenó una nueva respuesta por parte del presidente estadounidense, quien el 7 de abril anunció un arancel adicional del 50% a todos los productos chinos –lo que elevaría el total hasta el 104%– si Pekín no revertía su decisión en un plazo de 24 horas. La entrada en vigor de esta nueva ráfaga llevó a la potencia asiática a reiterar una vez más que no cedería ante el "chantaje unilateral" de Estados Unidos y a anunciar varias medidas, incluyendo un aumento de sus propias tarifas sobre los productos estadounidenses, que alcanzarán el 84% a partir del 10 de abril.
Para poner en contexto esta escalada, cabe destacar que el comercio entre las dos mayores potencias económicas del planeta superó los 582.400 millones de dólares en 2024, de los cuales 438.900 millones de dólares (el 75,36%) correspondieron a importaciones de Estados Unidos. Por tanto, estas medidas tendrán un efecto significativo en el comercio bilateral e incluso en el internacional, pudiendo acelerar el proceso de desacople y la reestructuración de la globalización tal y como la conocemos.
De hecho, el intercambio de golpes está provocando una enorme volatilidad económica e importantes caídas en la práctica totalidad de los mercados financieros globales. Economistas, políticos y líderes empresariales advierten que la guerra comercial, si continúa como hasta ahora, puede desembocar en una nueva gran recesión a escala global.
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