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Uganda ocupa territorios en República Democrática del Congo

El ejército de Uganda ha entrado en territorio de la República Democrática del Congo y ha tomado varias ciudades fronterizas.
El ejército de Uganda ha entrado en territorio de la República Democrática del Congo y ha tomado varias ciudades fronterizas. Fuente: Cuenta de X de Muhoozi Kainerugaba

La situación sigue agravándose en el este de la República Democrática del Congo (RDC). Tras la toma de Goma, capital de Kivu del Norte, y Bukavu, capital de Kivu del Sur, el grupo armado M-23 ha seguido avanzando para consolidar su control sobre ambas regiones. Sin embargo, distintos factores han ralentizado su avance durante los últimos días, siendo especialmente relevante la entrada directa de Uganda en el conflicto tras la penetración de miles de soldados en territorio congoleño y la ocupación de diversas localidades.

Hace unos días, el jefe del ejército de Uganda e hijo del presidente Yower Museveni, Muhoozi Kainerugaba, anunciaba en la red social X su intención de capturar toda la zona fronteriza dentro de la República Democrática del Congo, a la que denominó “nuestra esfera de influencia”. El 1 de marzo, el ejército ugandés entraba en territorio congoleño y tomaba, sin oposición, diversas localidades fronterizas.

Los intereses de Uganda en RDC

Tras ello se dirigió a Kagheri, obligando al M-23 a retirarse de la población y frenando su avance hacia la estratégica localidad de Lubero. Sin embargo, Uganda no ha entrado en la República Democrática del Congo para enfrentarse a la milicia, sino que su objetivo es conservar su zona de influencia que, según reconoció el propio Kainerugaba, abarca “desde Lubero hacia el norte”.

De este modo, parece quedar claro la existencia de un acuerdo subterráneo entre Ruanda y Uganda para repartirse el territorio oriental congoleño, unos hechos extremadamente parecidos a los ocurridos en la Segunda Guerra del Congo. En 1998, los ejércitos de ambos países invadieron RDC para desalojar del poder a Laurent Desiré Kabila, a quien ellos mismos habían aupado apenas dos años antes y que resultó no ser tan "domable" como esperaban. El conflicto causó más de cinco millones de muertos y las potencias invasoras acabaron combatiendo entre ellas por el control de territorios.

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En cierta medida, las áreas de influencia creadas entonces se mantienen en la actualidad y Uganda ve con recelo que un grupo apoyado por Ruanda ocupe zonas junto a su propia frontera. Sin embargo, aunque las tropas ugandesas se retiraron formalmente de la RDC en el año 2003, han seguido actuando en territorio congoleño de forma ininterrumpida desde entonces. La región de Ituri ha sido el escenario de frecuentes operaciones ugandesas, primero contra el Ejército de Resistencia del Señor de Joseph Kony y, más adelante, contra el grupo armado de ideología yihadista Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF).

Este último grupo tiene su origen en la propia Uganda y su objetivo es derrocar al gobierno de Museveni y crear allí un califato islámico. En este caso, el gobierno congoleño ha tolerado las acciones ugandesas e incluso han realizado operaciones conjuntas.

No ocurre lo mismo, en cambio, con uno de los objetivos esgrimidos por Uganda para su nueva intervención en la República Democrática del Congo: el combate contra el grupo armado Cooperativa para el Desarrollo del Congo (CODECO). Compuesto por miembros de la comunidad lendu, esta organización lleva a cabo frecuentes masacres contra civiles, especialmente de etnia hema, a los que acusa de robarles sus tierras, y no oculta su intención de exterminarlos. Los hema se encuentran fuertemente ligados a los hima, a la que pertenece el presidente ugandés Museveni y a la que su hijo se refiere a menudo como “primos”.

Por este motivo, Kainerugaba ha justificado su nueva intervención en la RDC bajo la necesidad de proteger al pueblo hema de CODECO, grupo acusado de tener vínculos con el gobierno congoleño en su lucha contra los más de cien grupos armados que operan en el país.

El M-23 frena su ofensiva

Por otro lado, en el frente sur, el M-23 también ha frenado su ofensiva; incluso el ejército congoleño y milicias aliadas han recuperado algunas localidades. El grupo habría detenido su avance en Kamayola, población cercana a la triple frontera con Ruanda y Burundi. Esto responde probablemente a un acuerdo entre Burundi y Ruanda, por el que el segundo se comprometía a no amenazar directamente a su país vecino. Según el último informe de Naciones Unidas, más de 63.000 personas han cruzado a Burundi en las últimas semanas debido al conflicto en curso, viviendo en “condiciones extremas en campamentos abarrotados”. 

Gitega busca evitar nuevas catástrofes humanitarias en su territorio, alejando el conflicto de su frontera, así como convertirse en parte del escenario bélico por las tensiones con Ruanda debido a las acusaciones mutuas de apoyar a insurgencias contra sus propios países. A pesar de ello, Burundi mantiene una presencia de hasta 10.000 soldados que apoyan al ejército congoleño, lo que genera incertidumbre sobre la durabilidad de estas garantías y el riesgo de que el conflicto derive en una verdadera guerra regional.

Para ampliar: Caucho, uranio y sangre: colonialismo e independencia en República Democrática del Congo

Al mismo tiempo, estas últimas semanas hemos visto un mayor esfuerzo internacional para señalar las acciones de Ruanda en apoyo al M-23. Países como Reino Unido, Canadá o Alemania han anunciado la paralización de la financiación de la ayuda al desarrollo a Kigali, cuya economía es altamente dependiente de estos ingresos. Por otro lado, Estados Unidos sancionó recientemente a altos cargos del M-23 y al ministro ruandés James Kabarebe.

Asimismo, estos días se ha hecho pública la intención de Washington de explorar asociaciones con la RDC para la exportación de minerales críticos a cambio de ayuda para “reforzar la estabilidad regional”. Estos podrían ser exportados hacia Estados Unidos gracias a la revitalización del llamado Corredor Lobito, el cual representa un serio desafío al expolio ruandés de los minerales congoleños.

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