
Wisconsin es uno de los estados ubicados en la región de los Grandes Lagos, en el Medio Oeste de Estados Unidos, que conforman el denominado Cinturón del Óxido. Tiene una superficie de 169.640 kilómetros cuadrados, en los que residen casi 6 millones de personas. Las dos ciudades más pobladas son Milwaukee y Madison, que es también la capital, seguidas de Green Bay, Kenosha, Racine, Eau Claire y las conocidas como Fox Cities (Appleton, Grand Chute, Fox Crossing, Kaukauna…), que se extienden a lo largo de ambas márgenes del río Fox.
Wisconsin, que se encontraba bajo la soberanía de Estados Unidos desde la Guerra de Independencia (1775-1783), se incorporó a la Unión como el 30.º estado en 1848. Unos años más tarde, en 1854, un grupo de activistas antiesclavistas fundó allí el Partido Republicano. Durante los siglos XIX y XX, experimentó un fuerte desarrollo industrial que propició la llegada de miles de inmigrantes europeos, procedentes sobre todo de Alemania y los países nórdicos.
De baluarte republicano a demócrata
En la actualidad, la economía de Wisconsin se encuentra dominada por la agricultura, la industria manufacturera y el turismo. El estado, uno de los principales productores lácteos del país, es particularmente famoso por su queso. Aunque el peso de las manufacturas ha disminuido desde el comienzo de la desindustrialización en los años 70, el 18% de sus habitantes continúa empleado en este sector.
Predominan las empresas de la industria maderera y aquellas dedicadas a la fabricación de papel y productos de envasado, al procesado de alimentos (Oscar Mayer), la producción de maquinaria agrícola (John Deere), cerveza (Miller Brewing Company), motos (Harley-Davidson), motores (Briggs & Stratton), muebles (Ashley Furniture), etcétera.
En las elecciones de 2024, Wisconsin enviará 10 compromisarios al Colegio Electoral. Primordialmente republicano desde la Guerra de Secesión hasta la Gran Depresión, el estado pasó a votar demócrata durante los años 30 y la Segunda Guerra Mundial. A partir de la victoria del republicano Dewey en 1944 –que perdió frente a Truman a nivel nacional en uno de los mayores shocks políticos que se recuerdan antes del ascenso de Trump–, se le consideró un swing state, si bien más próximo al GOP.
Sin embargo, entre 1988 y 2012, se consolidó como un baluarte demócrata, inserto en el denominado muro azul, aunque debe puntualizarse que las elecciones de 2000 y 2004 se decidieron por márgenes muy estrechos –0,22% y 0,38%, respectivamente–.
Wisconsin como estado péndulo
En 2016, Trump se impuso por sorpresa a Hillary Clinton por un 0,77% de los votos, pese a que ni una sola de las encuestas realizadas en los meses previos a las elecciones había previsto este escenario. Al contrario, la mayoría de ellas atribuía a la candidata demócrata una ventaja de entre 7 y 12 puntos porcentuales sobre el republicano.
La victoria de Trump respondió a la movilización de los estadounidenses blancos de clase trabajadora residentes en las áreas rurales y desindustrializadas del estado, los conocidos como left behind o perdedores de la globalización. Eran los mismos que habían apoyado a Bernie Sanders en las primarias demócratas de unos meses antes, que, abiertas a toda la población, habían concedido la victoria al senador de Vermont por 13 puntos de ventaja sobre Hillary Clinton.
Trump fue, de hecho, el primer republicano desde 1920 en ganar en Iron County, una antigua región minera cuyos habitantes, blancos en su inmensa mayoría, son el paradigma de esa categoría sociodemográfica que definió los resultados electorales de aquel año. La confirmación de la victoria de Trump en Wisconsin, ocurrida a las dos y media de la mañana siguiente a la jornada electoral, le aseguró los 270 votos electorales necesarios para ser inaugurado presidente. Cinco minutos después, Hillary Clinton telefoneó al candidato republicano para felicitarle y reconocer su derrota.
En el camino hacia las elecciones de 2020, las encuestas mostraban una amplia ventaja de Biden, de entre 8 y 9 puntos. Sin embargo, el demócrata acabó ganando por un estrecho margen del 0,63%, inferior al que había conseguido Trump cuatro años antes. El republicano superó con creces las expectativas de las encuestas, pasando de obtener 1.405.000 votos (un 47,22%) a 1.610.000 (un 48,82%).
No obstante, el aumento de la participación (de un 67% a un 73%) y de la movilización contraria a Trump permitió al ticket demócrata hacerse con la victoria, al subir de 1.382.000 votos (un 46,45%) a 1.631.000 (un 49,45%), aun así por debajo del resultado de Obama en 2008.
La transformación de Wisconsin en un estado pendular ha sido un proceso gradual. En 2011, los republicanos se hicieron con la mayoría en las dos cámaras legislativas estatales, que mantienen desde entonces. Ese mismo año, Ron Johnson –hoy un firme aliado de Trump– fue elegido senador en representación del estado, cargo que continúa ocupando. Además, el republicano Scott Walker ejerció como gobernador entre 2011 y 2019, cuando fue derrotado por el demócrata Tony Evers por un 1,1% de los votos.
Wisconsin en 2024: el voto blanco
La población de Wisconsin se divide en distintos grupos étnicos: blancos (82%), hispanos (8%), negros (7%) y asiáticos (3,6%). La victoria de Biden en 2020 fue posible gracias al aumento del apoyo recibido en las áreas urbanas de Milwaukee, Madison, Green Bay y Eau Claire, y a la movilización de las minorías latina y afroamericana, que lo respaldaron con un 92% y un 60% de sus votos, respectivamente.
Aunque, de acuerdo con los análisis realizados tras las elecciones, Trump ganó el voto blanco por 6 puntos, Biden le superó entre los blancos con educación universitaria, que, en cualquier caso, son una minoría en el estado, donde solo un tercio de su población tiene un título de educación superior y apenas un 11% cuenta con una licenciatura.

El candidato republicano, por su parte, mejoró sus números en los condados norteños –tradicionalmente más conservadores– y se mantuvo en los denominados condados WOW –Waukesha, Ozaukee y Washington–, situados en el sudeste del estado, pese a un ligero progreso de la candidatura demócrata. Estos territorios suburbanos, de mayoría blanca, llevaban décadas siendo feudo del GOP.
Aun así, Trump contrarrestó estas pérdidas mejorando notablemente sus resultados en antiguos feudos demócratas –como el cementerio industrial de Kenosha– y en las áreas rurales del estado: por ejemplo, se impuso por amplios márgenes en los condados del sudoeste –Vernon, Crawford, Grant, etcétera–, considerados hasta 2016 parte indisociable del muro azul.
Wisconsin es, seguramente, una de las mayores muestras del realineamiento ideológico que está sufriendo el sistema de partidos estadounidense en la actualidad: en torno a un tercio de sus condados, que abarcan casi un 20% de la población, han pasado de votar a Obama en 2008 y 2012 a hacerlo por Trump en 2016 y 2020. El incremento de la polarización entre los ciudadanos urbanitas con estudios universitarios y aquellos que residen en las zonas rurales y carecen de ellos –que han abandonado al Partido Demócrata para abrazar la causa trumpista– es fundamental para entender esta transformación, que se acelerará probablemente en 2024.
Por otro lado, conviene resaltar que, en los comicios de 2016, la candidata del Partido Verde, Jill Stein, que se vuelve a presentar en 2024, obtuvo más votos (31.072) que los que separaron a Clinton de Trump (22.748). En consecuencia, muchos demócratas atribuyen la derrota de la ex primera dama al papel jugado por Stein. La candidata verde, posicionada con claridad a favor de la causa palestina, podría hacerle perder muchos votos a la actual vicepresidenta, cuyo apoyo al Estado de Israel ha decepcionado a muchos jóvenes y al ala izquierda del Partido Demócrata.
Lo cierto es que la mayoría de las encuestas realizadas a lo largo de la campaña para las elecciones de 2024 muestran una ligerísima ventaja de uno de los dos candidatos, de apenas unas décimas de diferencia, lo que se traduce en una situación de empate técnico entre Harris y Trump, dentro del margen de error de los sondeos. De este modo, Wisconsin será, por tercera vez consecutiva, uno de los estados clave en la elección del próximo presidente de Estados Unidos, en los que un puñado de votantes de sectores demográficos muy concretos tendrán en sus manos el futuro del país.
Su importancia queda ejemplificada en la elección de JD Vance y de Tim Walz como compañeros de fórmula de Trump y Harris, respectivamente, que responde a la competición entre ambos partidos por el apoyo de los electores procedentes de Wisconsin y de otros estados del Cinturón del Óxido. JD Vance apela sobre todo a los blancos sin estudios universitarios residentes en las zonas rurales del país, mientras que Walz, que también cuenta con cierto atractivo entre este electorado, parece enfocado a asegurarse el apoyo de los blancos con estudios y las minorías urbanas cuya movilización permitió a Biden recuperar Wisconsin en 2020.
¿Logrará Harris devolverlo de manera definitiva al redil demócrata? ¿Será Trump capaz de apoderarse de nuevo del Cinturón del Óxido que lo llevó a la Casa Blanca en 2016 y, muy simbólicamente, del estado que fue la cuna de un Partido Republicano que poco tiene que ver con el actual? Apenas quedan unos días para conocer la respuesta.
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