
El pasado jueves 10 de octubre, la capital eritrea de Asmara fue el escenario de una de las reuniones de alto nivel más relevantes de los últimos años en el Cuerno de África. El presidente Isaias Afwerky ejerció de anfitrión durante la visita de sus homólogos egipcio Abdel Fattah Al-Sisi y somalí Hassan Sheikh Mohamud en una cumbre donde los tres mandatarios se comprometieron a fortalecer sus relaciones y a abordar conjuntamente los desafíos de seguridad que enfrenta la región.
Entre otros puntos, el comunicado conjunto destaca “el compromiso absoluto con la soberanía, independencia y la integridad territorial de los países de la región” y el rechazo a cualquier injerencia interna por parte de terceros Estados.
En un momento de máxima tensión con Somalia, no cabe duda la referencia implícita de Etiopía en el texto, así como el claro objetivo de la cumbre: llevar a cabo una demostración de fuerza y unidad ante lo que consideran como políticas agresivas de Adís Abeba. En el comunicado también se señala “la necesidad de fortalecer las instituciones estatales somalíes y sus fuerzas armadas” con el fin de “contrarrestar el terrorismo en todas sus formas, proteger sus fronteras terrestres y marítimas y mantener la unidad del territorio”.
Esta situación cobra aún mayor relevancia tras el reciente anuncio de que las tropas etíopes presentes en Somalia deberán abandonar el país a finales de año y ser sustituidas por fuerzas egipcias, lo que ha provocado el rechazo de Adís Abeba. Soldados etíopes incluso llegaron a ocupar diversos aeropuertos somalíes. Recientemente, el jefe del Estado Mayor etíope, Birhanu Jula, afirmó que Somalia era "incapaz de enfrentarse a nosotros y garantizar la seguridad de Mogadiscio al mismo tiempo", lo que llevó al ministro de Defensa somalí a advertir al gobierno etíope de "severas consecuencias".
El momento escogido y los actores protagonistas han llevado a que muchos hayan calificado la cumbre de “alianza antietíope”. Los tres países tienen rencillas históricas y/o conflictos actuales con el país gobernado por Abiy Ahmed, creándose una creciente política de bloques en la que Etiopía ocupa uno de los polos. Las relaciones Adís Abeba-Mogadiscio se encuentran en un punto especialmente tenso tras la firma de un memorándum del primero con Somalilandia en enero de 2024, lo cual Somalia considera un ataque a su soberanía e integridad territorial.
Con Eritrea, las relaciones habían mejorado mucho tras la firma de un acuerdo de paz en 2018 y la participación de tropas eritreas en la guerra de Tigray, aunque su exclusión de los Acuerdos de Pretoria volvió a tensionar la situación. Por último, Egipto y Etiopía sufren desde hace tiempo un conflicto diplomático de largo alcance por la construcción de la Gran Presa del Renacimiento. Tras la cumbre, Al-Sisi quiso dejar claro que uno de los objetivos había sido acordar y discutir “formas de contrarrestar los planes y acciones encaminados a desestabilizar la región”.
El encuentro también sirvió para que los tres mandatarios discutieran sobre varios de los temas de seguridad que afectan a la región, como la guerra en Sudán o los ataques a la navegación internacional en el mar Rojo, ambos de suma importancia para la economía egipcia. Por todo ello, acordaron la creación de una comisión tripartita liderada por los ministros de Exteriores con el objetivo de establecer marcos de cooperación estratégica en diversas áreas, con la finalidad de “lograr una mayor seguridad, estabilidad y prosperidad en el Cuerno de África”.
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