Etiopía y Eritrea: Más de medio siglo de conflicto enquistado

El 16 de septiembre de 2018 se firmaba en Yeda (Arabia Saudí) un acuerdo de paz entre Isaias Afwerki, presidente de Eritrea, y Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía. Esta firma ratificaba los acuerdos alcanzados en verano para poner fin a un estado de conflicto permanente desde hacía décadas, con dos años de guerra abierta incluidos. El rey saudí, Salman Bin Abdelaziz, con un gran interés en la expansión por el Sahel y que se podría ver beneficiado del entendimiento y la colaboración entre ambos países, y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, asistieron a un acontecimiento histórico que creó muchas expectativas en ambas naciones y en todo el continente. No sin dificultades, los dos países avanzan a día de hoy hacia una normalización en sus relaciones y un entendimiento sincero.

Eritrea, primero colonia italiana y después conquistada por los británicos, fue anexionada por el Imperio Etíope en 1952 pasando a formar parte de una federación. Esta anexión fue auspiciada por las Naciones Unidas debido a la ayuda etíope a los aliados durante la II Guerra Mundial, pero condicionada a la concesión de un alto grado de autonomía. Sin embargo, esta concesión no entraba en los planes centralizadores del emperador Haile Selassie que en 1961 la convirtió en una nueva provincia tras aplacar violentamente cualquier reclamación de autonomía y prohibiendo a su vez la lengua y la cultura eritrea.

Ya antes de su conversión en simple provincia, se había creado el Frente de Liberación de Eritrea (ELF) con el objetivo de lograr su total independencia. Un tiroteo con la policía etíope en septiembre de 1961 se considerará como el inicio de una cruenta guerra que durará 30 años. Desde entonces, el ELF iniciará una guerra de guerrillas en el entorno rural con resultados desiguales. En 1977 grupúsculos disidentes del ELF formarán el Frente Popular de Liberación de Eritrea (FPLE), uno de cuyos líderes será Isaias Afwerki quién actualmente gobierna Eritrea con mano de hierro.Desde 1991, ambos grupos dedicaron gran parte de sus fuerzas a las rivalidades entre ellos, impidiendo la total expulsión del ejército etíope.

Con la caída de Haile Selassie y la instauración del régimen comunista del Derg se iniciaron una serie de conflictos armados que darán pie a lo que se conocerá como la Guerra Civil etíope entre el estado de Etiopía y multitud de guerrillas secesionistas. La lucha armada de grupos como el Frente Popular de Liberación de Tigray, el Frente de Liberación Oromo o la Guerra de Ogaden contra la vecina Somalia debilitaron fuertemente al estado etíope, que contó con la ayuda de países como la Unión Soviética o Cuba. En este contexto la superioridad de la guerrilla eritrea era ya incuestionable. Su unión con el resto de guerrillas en el denominado Frente Democrático del Pueblo Etíope conllevará la expulsión del régimen del Derg primero de Eritrea y después de todo Etiopía, poniendo punto final a la República Democrática Popular de Etiopía.

La esperada independencia de Eritrea y la sangrienta guerra fronteriza

Meles Zenawi se convertirá entonces en el presidente etíope y pactará con Isaias Afewerki la celebración de un referéndum de independencia para abril de 1993. El sí ganó con una abrumadora mayoría del 98,5%, declarándose el 24 de mayo la ansiada independencia. Una de las consecuencias más notables para Etiopía de la secesión de su hasta entonces provincia fue la pérdida de su salida al mar, además de que en los acuerdos firmados no quedaron totalmente delimitadas las fronteras entre ambas naciones, conllevando en el futuro amargos conflictos fronterizos.

Asmara y Adis Abeba siguieron desde entonces caminos muy distintos. Eritrea se convirtió en un régimen totalitario de partido único con un fuerte carácter centralista y nacionalista donde los derechos humanos y la diversidad étnica son aún hoy fuertemente reprimidos. Por su parte, Etiopía, se erigió en una democracia parlamentaria en cuya constitución se refleja un federalismo étnico que a pesar de sus imperfecciones no llega al nivel represivo de su vecino.

Tropas eritreas patrullando cerca de la frontera etíope. Fuente: Agencia de noticias ANSA

A pesar del entendimiento inicial tras la independencia de Eritrea, pronto ambas naciones empezaron a mirarse con recelo. Entre otros hechos que irritaron al gobierno etíope estuvo el abandono por parte de Eritrea del sistema monetario que compartían. Sin embargo, fue una ciudad, Badme, el motivo por el que se inició una sangrienta guerra que marcará al continente africano durante el final del siglo XX y que según la mayoría de cálculos ocasionó más de 80.000 muertos y 600.000 refugiados, aunque algunas fuentes calculan las víctimas mortales en más de 100.000 mientras que los refugiados superarían el millón.

En mayo de 1998, Eritrea invade la ciudad fronteriza de Badme. Ambos países mencionan distintos tratados para declarar su soberanía de esta ciudad situada en una frontera no claramente definida. Para Etiopía formaba parte de la región de Tigray y muchos miembros de esta etnia se habían trasladado allí y creado campos de cultivo, desplazando a los eritreos que habitaban la zona hasta entonces. Tras la invasión, el estado etíope declara la guerra a su vecino y moviliza a su ejército en la frontera. Esta acción provocará el cese de las comunicaciones entre ambas poblaciones, que no se recuperarán hasta 2018.

Durante dos años, se sucedieron los bombardeos etíopes sobre Asmara mientras los eritreos hacían lo mismo sobre distintas ciudades etíopes. Una de las reacciones etíopes fue la expulsión de miles de eritreos o de cualquiera con esta descendencia, creando un muy grave problema de refugiados. El cierre de fronteras provocó a su vez la separación de los miembros de una misma familia, impidiendo los reencuentros entre civiles así como la conexión telefónica. La población civil de ambos países fue quién sufrió las mayores consecuencias. Los habitantes de Etiopía y Eritrea, ya de por si países con un elevado nivel de pobreza, sufrieron las hambrunas provocadas por el endeudamiento de sus respectivos estados por la compra de un material militar del que en gran medida no disponían antes de la guerra.

Los Acuerdos de Argel no logran su objetivo y Etiopía se niega a perder territorio

En mayo del año 2000, la situación militar era ya muy favorable a Etiopía que por entonces ocupaba parte de Eritrea. En este contexto, estos últimos se ven obligados a pedir un alto el fuego. Se iniciarán así intensas negociaciones que desembocarán en los conocidos como los Acuerdos de Argel que pondrán el punto y final a dos años de intensa guerra causante de una desesperante catástrofe humanitaria en toda la región del Cuerno de África. Esto, no significa que la enemistad entre ambos países terminase, el acuerdo sólo consiguió que se acabase con el conflicto en un sentido militar, pero el resentimiento social y político seguía estando muy latente.

Este acuerdo, auspiciado entre otros por la Organización para la Unidad Africana, hoy Unión Africana, y el presidente argelino Abdelziz Bouteflika, y que se vería ratificado en diciembre en Argel, trajo esperanza a muchos de los habitantes de ambos países pero también creó suspicacias. El propio ministro de Asuntos Exteriores eritreo declaró en el mismo acto de la firma: “Éste es el principio y no el fin del proceso. El camino hacia una paz duradera está cargado de peligros y complicaciones (…) pero estamos esperanzados”, dejando claro que aún quedaba mucho por hacer.

El acuerdo, fijó el establecimiento de un área desmilitarizada de 25 kilómetros que debería situarse en el interior de Eritrea y donde se instalarían los cascos azules de Naciones Unidas. También se decidió la creación de la Comisión de Fronteras Etiopía-Eritrea (EEBC) que debía deliberar sobre los territorios pertenecientes a cada estado y cuyas decisiones se comprometieron a aceptar. Sin embargo, fue otra vez Badme el centro de la discordia. La citada Comisión falló que esta ciudad pertenecía a Eritrea, provocando la irritación etíope y su negación al cumplimiento del veredicto. Este desencuentro hizo imposible la reconciliación durante los siguientes 20 años, considerándolo algunos como un conflicto irresoluble.

Mapa del estado actual de las fronteras en el Cuerno de África

Meles Zenawi, presidente etíope, declaró el cumplimiento del acuerdo “sólo en principio” iniciando desde entonces un clima enrarecido de continua tensión sin que ninguno de los dos países cumpliese con la completa retirada militar de los territorios fronterizos. La etnia tigray del presidente Zenawi, antiguo guerrillero del Frente Popular de Liberación de Tigray, era en la práctica la gran damnificada del acuerdo, ya que de facto era la Región de Tigray la encargada de gobernar la zona en disputa. Ambos países se acusaron desde entonces de apoyar a grupos insurgentes en el país vecino como el Frente de Liberación Oromo en Etiopía o ciertos grupos yihadistas en Eritrea.

Gran acuerdo entre las partes que sigue sin cumplirse

Habrá que esperar hasta 2018 para ver el que se vio en su momento como acuerdo definitivo. Abiy Ahmed, de la etnia Oromo, gana las elecciones de ese año contando entre sus promesas la normalización de relaciones con Eritrea. Tras su llegada al poder, el nuevo gobierno decide la implementación sin condiciones de los Acuerdos de Argel y la soberanía eritrea de la disputada Badme. Se iniciaron entonces intensas negociaciones que desembocarán en la cumbre de julio en Asmara, donde los presidentes de los dos países se comprometieron a dejar atrás los conflictos fronterizos, a restablecer las relaciones diplomáticas y a la apertura de fronteras.

Calles de Adis Abeba engalanadas con las banderas etíope y eritrea con motivo de la histórica visita del Presidente eritreo Fuente: Reuters

El 9 de Julio de este año se dio la primera reunión entre los líderes de Eritrea y Etiopía. En dicha reunión se firmó la declaración de paz y amistad . Este hecho implicaba la reapertura de relaciones diplomáticas y comerciales. Eritrea reabrió su embajada en el país etíope en ese mismo mes y Etiopía hizo lo propio en Septiembre.

El 9 de julio de ese años, los líderes de Eritrea y Etiopía celebran la primer reunión entre ambas, firmando una declaración de paz y amistad.. Una de las primeras medidas fue la reapertura de embajadas en ambas capitales, reabriendo la suya Eritrea ese mismo mes y haciendo lo propio Etiopía en septiembre. A su vez se recuperó la conexión aérea por la compañía estatal etíope Ethiopian Airlines. Se decidió así mismo el intercambio de prisioneros de la guerra de 1998 y el retorno de las conexiones telefónicas. El acuerdo para el uso de los puertos eritreos por parte de Etiopía fue sin duda uno de sus puntos más importantes, logrando este último su ansiada salida al mar. En palabras de Abiy Ahmed: “Ya no hay fronteras entre Etiopía y Eritrea porque fueron destruidas por un puente de amor”.

Sin embargo, no todo resultó en un camino de rosas. La Región de Tigray, la más afectada por las devoluciones territoriales, se negó a aceptar el acuerdo. Las protestas no se hicieron esperar, y a estas se unieron los colectivos de veteranos de guerra. Para el pueblo tigray, el acuerdo suponía la división de sus comunidades. El conflicto, no tardaría en estallar también dentro de las áreas ahora pertenecientes a Eritrea, cuyo gobierno del Frente Popular de Liberación de Tigray se niega a aceptar.

Retos y desafíos para el entendimiento mutuo

Este último, será probablemente el motivo por el que a pesar del entusiasmo inicial el acuerdo siga sin implementarse en su totalidad. Para el gobierno de Tigray es imposible la implementación de un acuerdo que no cuente con los verdaderos habitantes de la zona en disputa y se limiten las conversaciones a las establecidas entre los presidentes estatales. En un país con un marcado federalismo étnico como el etíope es imprescindible que las decisiones que afecten a las distintas regiones se tomen conjuntamente con estas, visión muy lejana del creciente carácter centralista y autoritario que parece estar tomando Abiy Ahmed en sus decisiones.

Recientemente, el Gobierno eritreo recordó, que dos años después, los acuerdos siguen sin cumplirse, con tropas etíopes en territorio eritreo y con unas relaciones económicas y comerciales cuyo volumen se encuentra muy por debajo del esperado. Sin embargo, se mostró optimista y remarcó los riesgos y amenazas del proceso. El acuerdo, que en un principio provocó el entusiasmo internacional con la retirada de sanciones de Naciones Unidas a Eritrea y la proclamación de Abiy Ahmed como Premio Nobel de la Paz en 2019, se encuentran actualmente en un punto muerto. Para la implementación del tratado, será imprescindible que las negociaciones incluyan a todos los protagonistas afectados, a la vez que se antoja como fundamental para la recuperación económica y la seguridad de la convulsa zona del Cuerno de África.

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