
Se cumplen dos años del asesinato del ex primer ministro japonés Shinzo Abe, un suceso que tuvo un fuerte impacto en el país del sol naciente. Con su muerte desaparecía una de las figuras más relevantes de la política nipona en las últimas décadas; líder del Partido Liberal Democrático (PLD) y jefe del gobierno en dos ocasiones: entre 2006 y 2007, y nuevamente entre 2012 y 2020.
Pero su fallecimiento fue también el detonante de uno de los mayores escándalos en la historia contemporánea de Japón, cuyas implicaciones todavía siguen sintiéndose. El presunto asesino, Tetsuya Yamagami, habría tomado la decisión de atacar al ex primer ministro por los vínculos de este con la Iglesia de la Unificación, una secta religiosa con una fuerte implantación en el país.
Aunque inicialmente en los medios de comunicación nipones no se llegó a tratar esta cuestión, transcurrido un tiempo el goteo de informaciones acabó provocando una tormenta política que originó numerosas dimisiones de políticos, incluidos varios ministros. El escándalo afectó singularmente al PLD, así como a otros partidos, y terminaría derivando en una reconfiguración del gabinete que presidía Fumio Kishida.
Los relatos públicos de algunas víctimas de la secta añadieron presión al jefe del gobierno para llevar a cabo una purga en el PLD y romper cualquier posible lazo con la organización. Al final, del shock por el asesinato de Abe se pasó al escándalo de la Iglesia de la Unificación por sus vínculos con el poder y sus opacas actividades.
Transcurridos dos años, el asesinato continúa sin haber sido juzgado, y no parece haber visos de que esto vaya a ocurrir en fechas próximas. A priori, hay cuestiones del caso que no presentan interrogantes: la policía detuvo en el acto al presunto asesino y también se le intervino el arma casera con la que perpetró el atentado. Sin embargo, entre la fiscalía y la defensa del acusado existen discrepancias en torno a los motivos del asesinato.
Ambas partes continúan celebrando vistas previas sobre las pruebas que presentarán durante el proceso judicial, pero los desacuerdos sobre algunos puntos persisten. A este respecto, la defensa de Yamagami no considera que el juicio vaya a celebrarse por lo menos hasta 2025, sino más tarde.
Está por ver cuán severa será la pena que reciba Yamagami atendiendo a sus circunstancias personales, dado que su familia fue víctima de la secta. Cabe recordar que la madre de Yamagami donó gran parte del dinero y patrimonio de la familia a la Iglesia de la Unificación, lo que a la larga generó un sinfín de dificultades para sus hijos. Esto ha originado que algunas personas lo vean más como una víctima de un sistema que no ha funcionado, y el asesinato de Abe como una consecuencia de ello. Para otros japoneses, sin embargo, debe asumir su responsabilidad por lo acontecido, independientemente del contexto personal y familiar.
Dos años después, ¿cuál es la situación de la Iglesia de la Unificación? El parlamento nipón aprobó una ley para prohibir las donaciones solicitadas con fines espurios, al tiempo que las autoridades solicitaban a la Justicia la disolución de la organización por sus prácticas maliciosas. Mediante esta medida se privaría al grupo de sus beneficios fiscales como corporación religiosa, si bien ello no significaría su desaparición y aún podría continuar sus actividades en Japón. Hasta el momento poco se ha avanzado y la secta continúa operando en el país. Esto mantiene el escepticismo entre sus críticos respecto a la verdadera voluntad de las autoridades por proscribir a la organización, tras décadas en que se toleraron las malas prácticas de la Iglesia de la Unificación.
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