
Tony Blair seguirá inscrito en el libro Guinness de los récords laboristas con una cifra imbatible. Si bien Keir Starmer ha conseguido una aplastante victoria en cuanto a escaños, su porcentaje (un 34%) ha sido inferior al obtenido por Blair en cada uno de sus tres triunfos electorales; e incluso al 40% alcanzado por Jeremy Corbyn en 2017. De hecho, el porcentaje de votos actual es el más bajo cosechado por un gobierno de partido único en la posguerra. No obstante, ha sido suficiente como para lograr una holgada mayoría en el Parlamento británico con 412 escaños de los 650 en juego.
¿Cómo es esto posible? El motivo radica en la poca proporcionalidad del sistema de votos británico. A pesar de que una formación reciba millones de papeletas a lo largo del país, si no obtiene una victoria en las llamadas constituencies (‘circunscripciones electorales’) no podrá sumar ningún escaño. Esta modalidad favorece a los dos grandes partidos y aquellos que cuenten con un fuerte apoyo regional, como puede ser el Partido Unionista Democrático (DUP) en Irlanda del Norte.
Por lo tanto, este triunfo se percibe más como una gran derrota para los conservadores que como una aplastante victoria laborista, en unas elecciones donde el porcentaje de participación, del 60%, ha sido el segundo más bajo desde 1885. De hecho, el Partido Laborista va a tener que enfrentarse con un problema con el que no contaba: no ha logrado recuperar el apoyo previo a 2019 en algunas de las circunscripciones del Muro Rojo y, sorprendentemente, Reform UK se erige como su gran adversario en ese territorio, donde cuenta con el voto de las clases obreras.
Asimismo, el panorama internacional ha sumado una nueva complicación a la campaña laborista: la guerra en la Franja de Gaza. El voto de la formación ha descendido una media de 23 puntos en los distritos donde el 20% o más de la población se define como musulmana. Este efecto ha sido especialmente notable en cinco circunscripciones donde los laboristas no han conseguido sumar ninguna representación: cuatro a favor de los independientes –entre los que se ubican Islintong North con el éxito de Jeremy Corbyn– y uno a favor de los conservadores.
La mayor sorpresa discurrió en Leicester South, que cuenta con un 30% de población de confesionalidad musulmana, donde el ministro en la sombra de Trabajo y Pensiones ha perdido el asiento que ocupó durante 13 años a manos del candidato independiente Shockat Adam, que declaró tras su victoria: "esto va por Gaza".
El Partido Conservador se enfrenta a una derrota parecida a la que sufrió su adversario rojo durante 2019. Ha perdido 244 asientos, solo ha mantenido 121 y su porcentaje de sufragios ha caído en 20 puntos, situándose en el 24%. A pesar de ser su peor resultado en la historia, tanto en representación como en votos totales, es ligeramente mejor de lo que predecían algunas encuestas. Han logrado mantener su posición en Escocia, donde solo han cedido un escaño.
Sin embargo, entre estas pérdidas se encuentran circunscripciones históricamente tories, en las que el partido no había sido derrotado en ninguna elección desde la posguerra. Dorking ha sido conservadora desde 1885, Aldershot desde 1918, y Altringham y Chichester desde 1924. Además, no han logrado obtener ni un solo escaño en Inner London –la parte interior del Gran Londres– ni en Gales, donde han perdido 3 y 12 escaños respectivamente.
En cuanto a los grandes nombres conservadores que no han salido electos en sus circunscripciones en la temida escabechina de la noche del 4 de julio, podemos mencionar a varios ministros y altos cargos. En primer lugar, destaca Liz Truss, quien brevemente ocupó el número 10 de Downing Street. Truss fue derrotada en la circunscripción de South West Norfolk por el candidato laborista Terry Jermy, perdiendo un 43% de los votos en comparación con su anterior resultado.
Penny Mordaunt, antigua líder de la Cámara de los Comunes, no logró conservar su representación frente a la ola laborista, a pesar de ser uno de los tories con mejores índices de favorabilidad política –según YouGov, solo contaba con un 38% de desaprobación–. Entre otros, hallamos a Alex Chalk, ministro de Justicia, o a Grant Shapps, ministro de Defensa, quien tuvo que abandonar un asiento que ya llevaba ocupando casi 20 años.
Entre aquellos afortunados conservadores que han conseguido una victoria en su circunscripción podemos contar a Rishi Sunak, que mantendrá su asiento por Richmond and Northallerton con más de 10.000 votos de diferencia con respecto a su contrincante, el laborista Tom Wilson. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para impedir que ofrezca su dimisión como líder del partido. Esto nos deja con varias preguntas: ¿quién será su sucesor? ¿Lograrán reflotar el barco conservador? ¿Seguirán la línea de Farage, optando por un candidato más a la derecha que Sunak?
Reform UK ha sido el tercer partido más votado, con un 14%, aunque solo ha cosechado cinco escaños. Anderson Lee, que una vez formó parte de las huestes conservadoras, consiguió el primero para Reform UK en Ashfield, casa de los laboristas. Poco después se conocería que Nigel Farage había logrado, por fin y después de siete intentos fallidos, entrar en Westminster gracias a su victoria en Clacton.
Si hay un partido que ha dado un golpe sobre la mesa, ese ha sido el liderado por Ed Davey, que ha obtenido el mejor resultado desde 1923. Los Demócratas Liberales se han alzado con 72 escaños, 61 más que en los anteriores comicios, aunque su porcentaje de votos ha aumentado mínimamente, del 11,5% en 2019 al 12% en 2024. La victoria en la que fuera la circunscripción del ex primer ministro David Cameron puede simbolizar que la formación naranja es una amenaza real para los tories en su muro azul. Han sabido conquistar especialmente a los votantes conservadores de perfil más moderado, exhaustos de candidatos como Truss.
Por otra parte, los verdes se han situado como segunda fuerza electoral en 47 circunscripciones, han aumentado su porcentaje de sufragios de un 2,7% al 7% y han cosechado cuatro asientos en total. Este ha sido su mejor resultado en unas elecciones generales.
En unos comicios donde casi todos los partidos han mejorado sus resultados, excepto los tories, solo nos queda esperar para ver si Starmer podrá formar un gobierno estable que logre mantenerse en una residencia que ha visto varios inquilinos desde 2019. Además, queda por ver qué camino tomarán los conservadores: renovarse o morir.
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