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La campaña electoral británica: el desastre de Sunak, escándalos y la victoria laborista

Rishi Sunak, primer ministro de Reino Unido, en un acto público previo a las elecciones británicas.
Rishi Sunak, primer ministro de Reino Unido, en un acto público previo a las elecciones británicas. Fuente: redes sociales de Sunak

La campaña de las elecciones británicas no ha discurrido de manera discreta. Titulares rimbombantes, escándalos y noticias inesperadas han preparado un clima cuanto menos interesante para estos comicios.

La catastrófica campaña de Sunak

Al contrario de lo que dicta el popular refrán, lo que mal comienza, mal acaba. Y el Partido Conservador puede dar fe de ello. Rishi Sunak comunicó la noticia de que anticiparía las elecciones a las puertas del número 10 de Downing Street, sin paraguas y ante una lluvia que no daba tregua. Para colmo, la banda sonora no le acompañaba. A lo lejos, unos altavoces retumbaban a todo volumen con la canción Things can only get better (‘las cosas solo pueden ir a mejor’), el himno de su oposición. Sunak es el primer ministro británico con las tasas de impopularidad más altas al comenzar la campaña electoral desde antes de 1945.

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La campaña conservadora despegó con las primeras meteduras de pata desde primera hora. Al día siguiente de emitir el comunicado, Sunak visitó unos almacenes de Derbyshire y respondió a las dudas sobre cómo mejoraría la economía o sobre el plan de Ruanda de unos hombres que vestían chalecos fluorescentes. Sin embargo, estos fueron identificados como concejales tories infiltrados.

Esa misma tarde se desplazó hasta una cervecería galesa donde preguntó a los trabajadores si estaban emocionados por la Eurocopa, después de un silencio, le señalaron que Gales no se había clasificado. Una de las propuestas más llamativas también vistió de azul: Sunak sugirió instaurar el servicio militar obligatorio, de un año de duración, para mayores de edad. Argumentó que este mejoraría "las oportunidades que se merecen" las nuevas generaciones.

Sin duda, el mayor desastre y el que probablemente empeoró la oportunidad de Sunak de volver a ser primer ministro fue su decisión de abandonar las ceremonias conmemorativas internacionales del desembarco de Normandía para asistir a una entrevista televisiva sobre su campaña electoral. Este gesto fue percibido por muchos como una muestra de hipocresía y falta de respeto hacia los veteranos y las personas que perdieron la vida durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente tras manifestar que uno de los temas en los que centraría su gobierno sería la seguridad.

Además, este desacierto se produjo tras anunciar que los jóvenes debían servir al país y después de intentar asegurarse los votos de los pensionistas. La opinión pública y los medios de comunicación no tardaron en criticarle duramente, sobre todo ante las declaraciones de ciertos ministros tories que sostenían que inicialmente se pretendía comunicar al Gobierno francés que Sunak no acudiría en absoluto. 

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No obstante, esta información fue desmentida categóricamente por su equipo de comunicación, que detalló que la discusión se centró en decidir si permanecería hasta la conclusión del acto. Finalmente, fue David Cameron quien se quedó como representante del Ejecutivo británico y el que figuró en la foto junto a Joe Biden y Emmanuel Macron.

La victoria laborista y el bache de Abbott

En el caso de los laboristas, todas las encuestas pronostican una victoria arrolladora para Keir Starmer. Los sondeos de Survation indican que podrían ganar 484 de los 650 escaños del Parlamento, más de 66 de los obtenidos por el antiguo líder del partido, Tony Blair, en su victoria aplastante de 1997, que fue la mejor cifra del partido en la historia de Reino Unido.

A pesar de que cada proyección difiere, hay algo en común: una mayoría del Partido Laborista. La BBC preve entre un 35% y un 45% de los sufragios para Starmer, con un ligero descenso en los últimos días; YouGov augura un 37%; The Guardian le adjudica un 40,7%.

La mayor crisis que Starmer ha enfrentado durante la campaña tiene nombre y apellido: Diane Abbott, la primera mujer negra de la historia del país en ocupar un puesto en el Parlamento. A finales de mayo, la investigación sobre su conducta seguía sin ofrecer una respuesta clara, incluso después de 13 meses de escrutinio. Esta situación se produjo tras la retirada del apoyo del partido debido a sus comentarios en los que afirmaba que los judíos, los irlandeses y los gitanos sufrían prejuicios, pero no racismo.

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Aunque posteriormente retiró sus palabras y pidió disculpas, la parlamentarista aseveró que el partido le había prohibido presentarse como candidata. Asimismo, añadió: "Estoy consternada y muy alarmada con lo que está sucediendo, porque es como si no se permitiera ser un diputado laborista a menos que estés dispuesto a repetir todo lo que dice el líder [del partido]". 

Posteriormente, el líder del partido declaró que no era verdad que se le hubiera negado participar y que en ese momento aún no se había tomado ninguna decisión. Hasta seis sindicatos pidieron su candidatura para la circunscripción electoral de Hackney North and Stoke Newington –a la que lleva representando durante 37 años (desde 1987) en el Parlamento–; Jeremy Corbyn, del que fue una gran seguidora, no dudó en manifestar públicamente su apoyo; y Angela Rayner, líder adjunta y una de las pocas corbynistas que quedan, también denunció, en un inusual acto de rebeldía contra Starmer, que no entendía las razones por las que Abbott no pueda representar a los laboristas. 

Jeremy, que fue expulsado en 2020 del Partido Laborista por las mismas razones que se usaron para hacer una limpieza de sus aliados, el antisemitismo, proclamó que se presentaría como candidato independiente de Islintong North. 

Una candidatura inesperada

Sin embargo, la candidatura más sorprendente ha sido la de Nigel Farage, sobre todo tras asegurar una y otra vez que este año no constituiría su octavo intento de ocupar un asiento en Westminster. El nuevo candidato de Clacton –que fue la primera circunscripción en elegir a un candidato de su previo partido, UKIP– declaró que no podía defraudar a sus seguidores, aunque esta maniobra ha supuesto un enorme golpe para los conservadores intencionadamente. Asimismo, el que había sido secretario general del UKIP y el Partido del Brexit sustituirá a Tice, cuyo apoyo había sido siempre inferior al de Farage, y asumirá el liderazgo de Reform UK durante los próximos cinco años.

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Su regreso fragmentará el voto de la ya débil derecha e invoca la mayor pesadilla de los tories: las elecciones canadienses de 1993 que borraron del mapa a los conservadores del país norteamericano. No es para menos, pues Farage planteó que Reform UK podría hacerse con más de los 3,9 millones de votos que consiguió UKIP en los comicios de 2015 e incluso podría ganar algunos escaños. 

De hecho, según la encuesta de Ipsoll, se augura la victoria para Farage en Clacton con un 52 % de los votos. Para más inri, algunos escrutinios, como el de YouGov para Times, muestran que Reform UK superaría a los conservadores por un punto. Cabe recordar que el sistema, que no sigue una representación proporcional de las papeletas, pone el listón más alto a aquellos que no concentran su voto en ciertas circunscripciones en lugar de mantener sus apoyos más dispersos.

Eso sí, el partido no ha podido escapar de un gran escándalo. Según The Telegraph, el segundo más perjudicial de la campaña después de la ausencia de Sunak en el acto conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial: tres candidatos de Reform UK han sido expulsados tras proferir insultos racistas. 

Edward Oakenfull ha sido despedido tras publicar en sus redes sociales mensajes sobre el cociente intelectual de los africanos subsaharianos; Robert Lomas comentó que los negros deberían "mover el culo" y dejar de actuar "como salvajes"; y Leslie Lilley expresó: "espero que roben, golpeen o ataquen a las familias [de los migrantes que llegan a las costas británicas en pateras]". Dado que el plazo de inscripción de candidatos ya se había terminado, los tres candidatos seguirían figurando en las papeletas a pesar de no contar con el apoyo de Reform UK.

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Para empeorar la situación, el 30 de junio, Liam Booth-Isherwood, candidato para Erewash, desertó las filas de Reform UK para engrosar la de los tories, al alegar la existencia de "racismo y sexismo generalizado" dentro del partido. El 2 de julio, dos días después del primer transfuguismo y dos días antes de las elecciones, Georgie David, la cabeza de lista para West Ham and Beckton, anunció su dimisión y expuso que la mayoría de los miembros de la formación son "racistas, misóginos e intolerantes".

La política también se ha unido al Partido Conservador y ha animado a sus compatriotas "a hacer lo mismo". Ante estas meteduras de pata de última hora, Richard Tice, exlíder del partido, ha argumentado que algunos conservadores habrían intentado infiltrarse en la formación con falsos candidatos.

Las promesas electorales

Tras catorce años de gobierno conservador, los laboristas prometen un cambio y, efectivamente ese es el eslogan de Keir Starmer, que afirma haber eliminado todo resquicio de influencia corbynista. Si bien su programa electoral no incluye modificaciones radicales, el líder ha hecho hincapié en que no ofrecerá aquello que no puede cumplir.

Sin embargo, la cantidad de impuestos que subirían fue lo más atacado por su contrincante en los debates, donde repitió que, de elegir la papeleta roja, los británicos podían prepararse para un aumento impositivo de 2.000 libras, a pesar de que no se encuentra en el documento. Starmer solo ha garantizado que no subirá el impuesto sobre la renta, el IVA y la seguridad social

Rachel Reeves, miembro de su gobierno en la sombra, secundó las palabras del secretario general y añadió que, con un Ejecutivo laborista, Reino Unido no volvería a la austeridad, pues el partido se comprometía a llevar a cabo una inyección monetaria en los servicios públicos. Además, han situado en el núcleo de su estrategia la creación de riqueza, acorde con el propio Starmer: "La creación de riqueza es nuestra prioridad número uno. [..] Estamos a favor de las empresas y de los trabajadores".

Keir Starmer, líder del Partido Laborista británico, se reúne con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en la conmemoración del desembarco de Normandía.
Keir Starmer, líder del Partido Laborista británico, se reúne con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en la conmemoración del desembarco de Normandía. Fuente: Keir Starmer - bajo CC BY-NC-ND 2.0

No obstante, en su programa, los laboristas no han incorporado un plan claro para temas que son polémicos como las pensiones, las bajas por paternidad o los programas educativos. En su lugar, ha convenido llevar a cabo revisiones, manteniendo lejos de las críticas las propuestas más controvertidas. Sí que incluyeron un dardo envenenado con respecto al desastre tory en Normandía: los lectores pueden ver una gran foto del político conversando con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en el octogésimo aniversario del Día D.

En contraposición, la estrella del programa electoral tory ha sido el recorte de impuestos, un guiño a los laboristas. Una de sus principales medidas ha sido suprimir cotizaciones a la Seguridad Social para los autónomos. Por otra parte, entre sus políticas destacadas, se incluyen la edificación de 1,6 millones de nuevas viviendas en la próxima legislatura, una nueva propuesta del plan de ayuda a la compra, un límite del número de inmigrantes legales, el aumento de presupuesto de defensa de 2,5% y, como hemos comentado, un servicio militar para jóvenes, pero nada excesivamente audaz.

Y es precisamente esta comedida estrategia la que pretende seguir para diferenciarse de las medidas populistas de Reform UK. En cambio, no hizo una gran aparición el plan de deportaciones a Ruanda, uno de los emblemas de su política, solo la promesa de que los vuelos despegarán de forma regular a partir de julio, pero sin concretar el número de migrantes deportados.

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El programa electoral de Farage parece incluir todo lo que sus votantes quieren oír: recortes de impuestos masivos –como eliminar el IVA de las facturas energéticas y el impuesto de sucesiones para los patrimonios inferiores a dos millones de libras–, congelar la inmigración –a la que señala como responsable directo de las largas listas de espera en el sistema de salud y a la crisis de la vivienda–, abandonar el Convenio Europeo de Derechos Humanos, suprimir los objetivos Net Zero que buscan paliar los efectos de la crisis climática, aprovechar las reservas de petróleo y gas británicas, eliminar el despilfarro administrativo, conceder exenciones fiscales a los profesionales de la salud y un largo etcétera. 

El partido calcula desembolsar 141.000 millones de libras más al año en recortes fiscales y otras políticas, que costearían con 156,000 millones de ahorro en gasto público –con medidas como la disminución del presupuesto de ayuda exterior en un 50 %– y con un aumento de los ingresos fiscales gracias a un mayor crecimiento económico. Empero, el Institute for Fiscal Studies (IFS) asegura que las cuentas no cuadran. Carl Emmerson, director adjunto del IFS, sostiene que "el paquete en su conjunto es problemático […] incluso con unas hipótesis extremadamente optimistas sobre cuánto aumentaría el crecimiento económico".

El 4 de julio será una fecha clave para el futuro de los tories en Reino Unido. ¿Estarán destinados a repetir la historia de sus homónimos canadienses? ¿Se fusionarán con la derecha de Reform UK o lograrán resistir la tormenta y sobrevivirán? Otra de las incógnitas será cuánto apoyo ciudadano recibe el partido de Farage en las urnas y si a la octava va la vencida. En el caso laborista no parece que haya ninguna nube que ensombrezca su horizonte, podemos afirmar con relativa seguridad que los próximos años Starmer será el próximo huésped del número 10 de Downing Street.

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