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Ucrania, entre el pesimismo y la realidad

Día de la Independencia de Ucrania celebrado en un campo de entrenamiento de soldados ucranianos ubicado en Reino Unido.
Día de la Independencia de Ucrania celebrado en un campo de entrenamiento de soldados ucranianos ubicado en Reino Unido. Foto de archivo. Fuente: Ministerio de Defensa británico

Invitados por la embajada británica en España, en Descifrando la Guerra hemos tenido la oportunidad de acudir a Reino Unido para visitar el Ministerio de Defensa y un campo de entrenamiento de soldados ucranianos, así como de poder hablar con expertos de think tanks y de la industria militar occidental. Esta crónica sirve de análisis sobre la información obtenida, además de permitir sacar importantes conclusiones acerca del desarrollo presente y futuro de la guerra en Ucrania.

Un futuro incierto para Ucrania

La guerra de Ucrania se encuentra en una fase distinta tras el fracaso de la contraofensiva ucraniana de verano. Occidente esperaba una victoria estratégica de Kiev en el sur que consiguiera romper el corredor entre Crimea y Rusia. Después de dicho movimiento había esperanzas de comenzar una negociación con un Moscú en posición de debilidad. Sin embargo, nada de eso ha ocurrido y ahora el pesimismo corroe las perspectivas de una guerra que se espera aun más larga y mortífera. En este sentido, el gobierno ucraniano tiene como principal objetivo seguir recabando apoyos entre Occidente para que el suministro de ayuda no decaiga. Una tarea difícil tras casi tres años de guerra y el estallido de la crisis en Oriente Medio. Mientras tanto, el horizonte más positivo que esperan expertos consultados es que en 2024 el ejército ucraniano lleve a cabo una estrategia defensiva con éxito para que en 2025 comiencen nuevamente las operaciones ofensivas. De esta manera, se espera que la contienda perdure aun dos años más.

Para ampliar: El fracaso de la ofensiva ucraniana en el sur

Toda esta dinámica podría enfrentar un cambio sustancial en Occidente: la relección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Es un fantasma que recorre Europa, un escenario que causa pánico entre muchos líderes europeos ante la perspectiva de que el líder republicano ocupe nuevamente la Casa Blanca. Y es que, si ya su presidencia fue complicada para la Unión Europea, queda claro que un nuevo mandato significaría ir más allá. Trump no solo gozaría de mayor experiencia y de un equipo nuevo más afín, sino que es esperable que adopte sus medidas con un espíritu de revanchismo frente a los contrapesos dentro del sistema estadounidense. La principal cuestión es que, sin Washington, Bruselas es incapaz por sí solo de suministrar a Ucrania y de contener a Rusia. Y es muy probable que, si gana las elecciones, Trump reduzca –o en un caso más extremo corte– la ayuda militar a Kiev. Esto conllevaría un retroceso paulatino del ejército ucraniano sobre el terreno, seguido de posibles avances rusos.

El escenario que se daría sería de una derrota ucraniana tras la incapacidad europea de mantener la ayuda. Esto resultaría en un desastre geopolítico para Occidente por todo lo apostado en Ucrania, el deterioro de la imagen exterior y las consecuencias negativas geoestratégicas. No es esperable que Moscú ataque la OTAN –no está entre sus objetivos políticos ni entre sus capacidades militares–, pero Rusia amenazaría de forma híbrida a Occidente, ya sea en Europa o en otros lugares como en África, una dinámica que ya estamos viendo por ejemplo en el Sahel. En cualquier caso, sin un acuerdo de paz y con Rusia avanzando, es esperable que el transcurso de la guerra en Ucrania cambie. Una gran parte del país no aceptará la derrota, lo que conllevaría un escenario de guerra de baja intensidad o guerrillas con el objetivo de dañar de manera continuada la presencia rusa. Todo, claro está, con el apoyo occidental. Este tipo de operaciones son menos costosas y más manejables para los recursos de la Alianza Atlántica. Por tanto, estaríamos hablando de que Ucrania sería un foco de conflicto continuo en el flanco este de la Unión Europea.

Como ya se ha comentado, el bloque europeo no tiene capacidad para mantener la ayuda militar al ritmo que necesita Kiev. En este sentido, según las fuentes consultadas, Europa debería entrar en un estado de casi economía de guerra para aumentar su producción militar. En concreto, se ha puesto en valor la necesidad de llegar a los niveles de gasto en defensa de finales de la década de 1940, en pleno apogeo de la Guerra Fría. Sin dicha movilización, es muy complicado, por no decir que es imposible, que la Unión Europea pueda suministrar el material que precisa el ejército ucraniano Sin embargo, este contexto de aumento considerable de las capacidades y presupuestos de defensa es, en este momento, inconcebible. No hay voluntad política para materializar este desembolso, sobre todo en los Estados miembros donde no hay una percepción de amenaza clara de Rusia como es el caso de España, Francia o Alemania. Ningún líder de Europa Occidental está dispuesto a asumir el coste político de la decisión. Por tanto, no es realista que en el corto plazo la industria militar europea se ponga a punto. Y como ya se ha destacado, no parece que el tiempo corra a favor de Ucrania.

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Sobre la industria militar occidental, se ha obtenido el testimonio de un alto directivo de una de las principales empresas del sector. En este sentido, la industria enfrenta diversas dificultades para incrementar la producción de material bélico. En primer lugar, destaca la necesidad de asegurar contratos a largo plazo para garantizar que la inversión esté respaldada por los Estados durante un período sostenido. Este enfoque incentivaría a las empresas a comprometer mayores recursos. Además, se ha identificado que el ejército ucraniano experimenta problemas para mantener sus equipos en óptimas condiciones debido a la escasez de repuestos. Este desafío se agrava porque muchas piezas ya no se fabrican, ya que en algunos casos se han suministrado sistemas anticuados, que datan, por ejemplo, de los años 80. Es importante mencionar que la ausencia de repuestos no es exclusiva de equipos antiguos, sino que también afecta a vehículos modernos como los tanques Leopard 2.

Asimismo, se ha identificado un problema crítico relacionado con la falta de tubos esenciales para la artillería, siendo estos componentes fundamentales para el lanzamiento de proyectiles. Se subraya que este constituye el principal desafío que afronta la industria, dada la importancia crucial de este recurso y el papel fundamental que desempeña la artillería en el conflicto. Esta dificultad se agrava por la falta de mano de obra cualificada, ya que se requieren trabajadores especializados que, precisamente, no son abundantes en Occidente. Por último, es necesario señalar la carencia de materiales esenciales como la pólvora y el propelente, vitales para la fabricación de proyectiles de artillería. La industria experimenta cuellos de botella que contribuyen al estrangulamiento de las ya complejas cadenas de suministro.

Entrenamiento y reclutamiento de soldados ucranianos

Otro aspecto central en el conflicto es la movilización del ejército ucraniano. Durante la visita, se tuvo la oportunidad de conocer un campo de entrenamiento de soldados ucranianos ubicado en el este de Inglaterra. La Operación Interflex, que comenzó en junio de 2022 y cuenta con la participación de otros países como Suecia o Australia, ha proporcionado adiestramiento a más de 34.000 tropas. Reino Unido también ha formado a 4.000 soldados en otros programas más especializados, por ejemplo a los marines con el objetivo de que estén capacitados para llevar a cabo asaltos anfibios. Hay que destacar que Londres ya entrenaba a soldados ucranianos antes de la invasión rusa del 24 de febrero de 2022, siendo la Operación Orbital un ejemplo significativo.

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El entrenamiento es una pieza principal para cualquier ejército, sobre todo en el caso de Ucrania que ha recibido entre sus filas a miles de reclutas sin experiencia de combate. Actualmente, Kiev sufre un grave problema de escasez de tropas debido al desgaste sufrido tras casi tres años de guerra. Aunque ya el año pasado había informaciones de reclutamientos forzosos, batallas como la de Bajmut o la contraofensiva han impuesto un duro peaje a sus Fuerzas Armadas. Las colas de reclutamiento ya no están llenas y la corrupción ha hecho mella a la hora de poder incorporar nuevos soldados. En este sentido, el Gobierno se está preparando para movilizar a 500.000 personas, una cifra muy considerable y que habla de las necesidades que tiene el ejército en el frente. Sin embargo, en un contexto de lucha interna entre el presidente Volodímir Zelenski y el comandante Valerii Zaluzhni, ningún bando quiere cargar con el coste político de una decisión que podría aumentar el descontento en el país.

Soldados ucranianos reciben entrenamiento en Reino Unido. Foto de archivo.
Soldados ucranianos reciben entrenamiento en Reino Unido. Foto de archivo. Fuente: Ministerio de Defensa británico

Las Fuerzas Armadas de Ucrania han sufrido un número muy alto de bajas, resultando en que sus mejores tropas están muertas, heridas o agotadas después de dos años de lucha. La necesidad de buscar remplazos, y que estos sean capacitados, es muy importante para el esfuerzo de guerra. De ahí que el entrenamiento sea fundamental. En este sentido, se ha conocido que el programa Interflex tiene una duración de cinco semanas, un período que, aunque no es extenso, se centra en impartir los fundamentos esenciales para un infante con el objetivo principal de aumentar su letalidad y capacidad de supervivencia. Además, se enfoca en proporcionar formación en primeros auxilios y desminado, aspecto crucial debido al uso masivo de minas por parte del ejército ruso. Es destacable que Interflex se ajusta de acuerdo con las peticiones y necesidades específicas de Ucrania, ya que el conflicto está en constante evolución; por ejemplo, el desminado ha adquirido una importancia aún mayor en comparación con hace un año.

Adicionalmente, es crucial destacar que la gran mayoría de los soldados en los campos visitados son nuevos reclutas sin experiencia previa en combate. En otras palabras, son civiles que están en proceso de aprender las habilidades necesarias para convertirse en soldados. Los ucranianos provienen de diversas unidades y, una vez completado su entrenamiento, son destinados al frente. Tanto los instructores como diversas fuentes británicas han subrayado que los ucranianos muestran una notable motivación y un fuerte deseo de aprender. Se reconoce que el entrenamiento puede marcar la diferencia en muchos casos, siendo determinante para la supervivencia en el campo de batalla.

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Además del enfoque en habilidades individuales, existe un programa específico diseñado para el desarrollo del liderazgo. Las Fuerzas Armadas ucranianas seleccionan militares para participar en esta iniciativa, mejorando así sus capacidades como líderes de sección –una unidad compuesta por 30-40 soldados–. Es relevante señalar que el ejército ucraniano otorga gran importancia a los suboficiales y a la flexibilidad de sus tropas en el frente.

Finalmente, uno de los aspectos más destacados del programa es el entrenamiento en trincheras y guerra urbana. Los participantes de Interflex reciben instrucción en cavar y construir diversos tipos de trincheras, desde estructuras más simples hasta elaboradas. Por ejemplo, se les asigna un tiempo de 5-6 horas para excavar una trinchera y luego deben guarecerse en ella durante un día, recreando así el tipo de combate al que se enfrentarán. Las trincheras han adquirido un papel fundamental en la guerra en Ucrania, sirviendo como fortificaciones esenciales para la defensa contra la artillería enemiga. Además, se lleva a cabo una simulación de un pueblo ucraniano-ruso para realizar ejercicios de captura y defensa de estructuras urbanas. El entrenamiento se centra en el aprendizaje de tácticas para tomar edificios, habitación por habitación, y la defensa de la posición, haciendo hincapié en la habilidad para fortificar el lugar en caso de un ataque enemigo. Dado que el combate urbano ha sido extenso en Ucrania, con enfrentamientos intensos en ciudades como Mariupol y Bajmut, la capacidad para defender posiciones se vuelve crucial en períodos defensivos para evitar penetraciones rusas.

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