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La descafeinada cumbre de Xi y Trump en China

La cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump en China ha tenido lugar en un contexto de tensiones a varios niveles entre Washington y Pekín.
La cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump en China ha tenido lugar en un contexto de tensiones a varios niveles entre Washington y Pekín. Fuente: The White House

Tras la visita de Donald Trump a Xi Jinping en Pekín, el presidente estadounidense asegura haber logrado “fantásticos acuerdos comerciales”, tales como la adquisición de 200 aviones de Boeing por parte de China, según declaró a Fox News. No obstante, por el momento, más allá de algunas menciones específicas y ambiguas, ha habido poca concreción.

Trump ha aseverado que la relación económica entre Washington y Pekín es “la más importante del mundo” y que, entre ambos, forman una suerte de G-2. La retórica de la cumbre entre el presidente norteamericano y el líder chino ha sido desde el primer momento amable, si bien con notables diferencias en los discursos de uno y otro.

Mientras Xi ha insistido en reconocer los lazos entre las dos potencias, Trump incidió en las relaciones personales que, según él, existen entre los dos mandatarios. Sea como fuere, al margen de los gestos y la protocolar simbología que acompañó a la cumbre, ha sido reseñable la delegación que acudió junto al líder republicano.

Varios nombres propios del capitalismo estadounidense como Elon Musk (Tesla, SpaceX…), Jensen Huang (Nvidia), Tim Cook (Apple) o Larry Fink (BlackRock) viajaron al país asiático junto a Donald Trump. 

Vagos consensos entre Trump y Xi

Formalmente, ambos gobiernos han reconocido algunas sinergias en lo que a la gestión de Oriente Medio refiere. No obstante, pese a titulares que advierten algún tipo de coincidencia entre Trump y Xi en torno a la guerra contra Irán, lo cierto es que las posiciones de ambos países siguen siendo muy diferentes.

La Casa Blanca ha emitido un comunicado en el que sintetiza la visión norteamericana sobre la reunión. En él se expone que Trump y Xi están de acuerdo en “fortalecer la cooperación económica” entre China y Estados Unidos, específicamente ampliando “el acceso al mercado chino para las empresas estadounidenses y el aumento de la inversión china [en las industrias estadounidenses]”. 

En paralelo, el documento plantea que se habrían discutido “los avances logrados para poner fin a la circulación de precursores del fentanilo hacia Estados Unidos”, así como la voluntad de “aumentar las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses”.

En cuanto a Irán, el texto aclara que “ambas partes acordaron que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto para garantizar la libre circulación de energía” y que Xi Jinping “expresó su interés en adquirir más petróleo estadounidense para reducir la dependencia de China del estrecho en el futuro”.

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Según Washington, Pekín también está de acuerdo con que “Irán nunca debe poder tener un arma nuclear”, pero no hubo más detalles en este ámbito. Conviene recordar que la República Islámica sigue siendo un socio de peso para China en Oriente Medio y que la potencia asiática considera la contienda en la región una consecuencia de la agresividad israelí y norteamericana.

De todos modos, y a pesar del interés chino en mantener la libre circulación en Ormuz, difícilmente aceptará una solución al conflicto que pase por grandes concesiones de Teherán hacia Tel Aviv y Washington. 

Tampoco parece probable que vaya a involucrarse de forma excesiva en la guerra y, llegado el caso, su implicación sería acotada, transaccional y vinculada a sus prioridades estratégicas.

En cuanto a los aranceles y las tensiones comerciales, ha habido acuerdos limitados. Estados Unidos ha suspendido aumentos arancelarios sobre productos chinos, al tiempo que China ha acordado reducir las restricciones de acceso a las tierras raras. Sin embargo, no ha habido ningún compromiso estructural, por lo que nada garantiza nuevos choques en el futuro próximo. 

Taiwán, en el centro

En cierto modo, la conversación entre Trump y Xi ha sido la continuación de los modestos avances que se habían producido hace apenas unos meses en Busan, Corea del Sur.

Una vez más, el principal punto de fricción, además de la disputa arancelaria, ha sido Taiwán. Xi Jinping ha advertido a su homólogo estadounidense que si “gestionan mal” la cuestión de la isla, las relaciones bilaterales podrían descarrilar.

El líder chino ha calificado la cuestión de Taiwán, considerada por el Partido Comunista como parte integral de la República Popular, como “el asunto más importante” de la relación entre Pekín y Washington. En este sentido, Xi ha insistido en que una eventual “independencia taiwanesa” no es compatible con la paz en el estrecho de Taiwán. 

El gobierno de la isla ha criticado las declaraciones de China, alegando que Estados Unidos respalda a Taiwán y que son las “amenazas militares” del Estado chino las que generan “inestabilidad”. 

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Previamente a la cumbre, se especulaba con que el Gobierno estadounidense pudiera llegar a brindar algún tipo de concesión a China en el asunto taiwanés, probablemente a cambio de cesiones en el campo de las tierras raras o de Oriente Medio. Tal cosa no sucedió. Ni Washington ha declarado cambios en su política respecto al estrecho ni Pekín ha hecho lo propio en torno a Irán.

En suma, la cumbre no ha dado de sí grandes acuerdos, a pesar de que Trump probablemente buscaba que la visita a Xi se tradujera en un alivio para su frágil situación política en Estados Unidos.

El descenso de sus índices de popularidad y del apoyo a su gestión, las crisis internacionales derivadas de su agresiva política exterior y las victorias de China en varias de las disputas tecnológicas colocaban al mandatario estadounidense en una posición difícil. 

Aparentemente, esta cumbre no modifica en lo sustancial ni las relaciones bilaterales entre los dos países ni la situación política de Trump. A pesar de acercamientos económicos que pueden haber sido relativamente satisfactorios para algunos de los magnates que acompañaron al presidente, la disputa sino-estadounidense continúa, si bien este encuentro parece brindar a ambos una suerte de respiro temporal. 

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