El conflicto fronterizo entre Sudán y Etiopía que amenaza con contagiar a toda la región

Miles de personas cruzan diariamente la frontera entre Etiopía y Sudán huyendo de los enfrentamientos en Tigray. Fuente: Jason Rizzo/Médicos Sin Fronteras.

El pasado 15 de diciembre las Fuerzas Armadas de Sudán anunciaban en un comunicado la muerte de cuatro de sus miembros y de al menos doce heridos. El ejército sudanés aseguraba haber sido víctima de una emboscada perpetrada por milicias etíopes y otras fuerzas no identificadas, más tarde se aseguró que se trataba del ejército etíope, en la población de Al Qureisha, perteneciente al Estado fronterizo de Al-Qadarif. La respuesta sudanesa no se hizo esperar y numerosas tropas se posicionaron en este territorio en disputa con la intención de recuperar su control.

Para Etiopía, el ataque fue la respuesta al intento de milicias sudaneses de cruzar la frontera para incautar las propiedades de agricultores etíopes. El gobierno etíope comunicó la realización de una exhaustiva investigación, pero aseguró que estos incidentes no romperían los lazos entre los dos países y que las disputas se resolverían por medios pacíficos. Sin embargo, la intensificación del conflicto en los últimos días ha puesto en entredicho una posible solución cercana.

Este acto llegaba poco después de la reunión entre el primer ministro sudanés Abdalá Hamdok y su homólogo etíope Abiy Ahmed para abordar la situación en la región etíope del Tigray, donde la ofensiva militar del gobierno de Etiopía desde inicios del pasado mes de noviembre ha provocado que miles de civiles busquen refugio en campamentos del país vecino. La toma de la capital, Mekelle, no puede considerarse el final del conflicto, pudiendo dar pie a la creación de partidas guerrilleras que aumenten el clima de tensión en toda la región.

Disputa por el control de un territorio muy fértil en la frontera de tres países

Precisamente la región de Al Qadarif se encuentra en la zona de la triple frontera de Sudán, las regiones etíopes del Tigray y Amhara y de Eritrea, la cual se encuentra también involucrada en el conflicto mencionado anteriormente. Se trata de una zona disputada por Sudán y Etiopía a causa de los acuerdos de 1902 entre esta última y el entonces país colonizador del Sudan, el Reino Unido.

En estos se delimitaban los más de dos mil kilómetros de frontera común en aquellos momentos, más tarde reducidos por las independencias de Eritrea y Sudán del Sur, aunque no se obtuvieron unas líneas de demarcación claras.

Mapa de la zona en disputa y de la triple frontera entre Eritrea, Etiopía y Sudán. Fuente: Wikimedia.

La zona conocida como El Fashaga es un terreno muy fértil por el cual transcurren diversos ríos, y en el que hace años se encuentran instalados asentamientos de agricultores etíopes. Esto habría sido permitido por el expresidente sudanés Omar al-Bashir, derrocado en abril de 2019 tras meses de intensas movilizaciones. Sin embargo el Consejo Soberano de Transición no comparte esta postura y parece dispuesto a recuperar el terreno cedido. Para ello ha aumentado en los últimos meses la presencia del ejército en la región, siendo el incidente del pasado diciembre un probable intento de impedir el total despliegue de las tropas sudanesas.

No se trata este de un incidente aislado, sino que las escaramuzas fronterizas han sido una constante en los últimos años. Los propietarios sudaneses de tierras en el territorio en disputa hace años que denuncian que bandas de ciudadanos etíopes realizan incursiones en las que se ocupan sus tierras y se apoderan de su maquinaria, y no dudan en asesinar y secuestrar con el objetivo de expulsar a sus habitantes. En el año 2015 los agricultores sudaneses denunciaron que las incursiones etíopes habían provocado más de cuarenta muertes mientras que el pasado mes de mayo un oficial del ejército sudanés y un niño de la zona fueron asesinados por una de estas bandas.

Intentos de delimitación fronteriza infructuosos

Los últimos acontecimientos obligaron a los primeros ministros de ambos países a mantener conversaciones de alto nivel en el margen de la Cumbre Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD) que reunió a diversos países del África Oriental (Yibuti, Eritrea, Etiopía, Somalia, Kenia, Uganda, Sudán y Sudán del Sur). Esta cumbre debía tratar principalmente la aplicación de los acuerdos de paz de 2018 en Sudan del Sur, pero se vio eclipsado por las múltiples desavenencias actuales entre sus miembros, destacando la ruptura de relaciones entre Kenia y Somalia, las disputas fronterizas o el conflicto armado en la región del Tigray.

Cumbre Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD) en Adis Abeba en 2019. Fuente: Oficina del Primer Ministro de Etiopía.

En dicha ocasión se emplazaron a continuar las conversaciones en una cumbre bilateral en Jartum que contó con la presencia del Ministro de Asuntos de Gobierno sudanés, Omar Bashir Manis y del Ministro de Exteriores etíope, Demeke Mekonnen, y en la que se pretendía la urgente delimitación exacta de la frontera de ambos Estados. La reunión acabó sin conclusiones aún que ambas delegaciones hicieron hincapié en continuar con las conversaciones tras el estudio deliberado de los informes elaborados en ella. La delegación sudanesa afirmó que: “Lo prioritario es delimitar la frontera, y que, después, se puede valorar, incluso, el acceso a la tierra de agricultores etíopes”.

Las declaraciones de buenas intenciones fueron sin embargo eclipsadas por la reanudación de las hostilidades. A finales de año el ejército sudanés aseguraba haber tomado el control sobre al menos once asentamientos etíopes dentro de sus fronteras, así como de un 80% de las tierras fronterizas.

En estos enfrentamientos, el teniente general del ejército, Khaled Abdin Al-Shami, aseguraba estarse enfrentando a un ejército bien armado y no a milicias, aunque afirmaba que el ejército sudanés se encuentra preparado para contrarrestar cualquier ataque desde el otro lado de la frontera. Asimismo, el diario Sudan Tribune, citaba fuentes militares para asegurar que las Fuerzas Armadas eritreas estarían disponiendo tropas en las inmediaciones del territorio en disputa, dándole al conflicto un alcance aún mayor.

Por su parte, el gobierno etíope acusa a las Fuerzas Militares Sudanesas de cometer “ataques organizados” en la región fronteriza y del uso de ametralladores y convoyes blindados mientras que los productos agrícolas y los campamentos de sus trabajadores habrían sido saqueados y destruidos, siendo varios de ellos asesinados. Aun así, el Ministerio de Exteriores sigue considerando encontrar una solución amistosa sobre asentamientos y cultivos como única vía para lograr una solución duradera a los problemas fronterizos comunes.

Los problemas internos etíopes en la base del conflicto

El momento en el que se producen estos incidentes no puede considerarse como baladí, existiendo infinidad de opiniones sobre cómo y por qué se ha llegado hasta aquí. Entre estas encontramos desde la situación interna tanto de Etiopía como de Sudán hasta los intereses de terceros países, especialmente Egipto.

La situación dentro de las fronteras etíopes es especialmente relevante para entender el conflicto con Sudán. El federalismo étnico implantado tras la guerra que acabó con el régimen del Derg y que ayudó en la exaltación del sentimiento nacional en cada una de las regiones, se ha visto en peligro desde la llegada al poder de Abiy Ahmed y sus planes centralizadores. Las etnias mayoritarias se consideran perjudicadas por estas políticas, contribuyendo estas al aumento del sentimiento étnico- nacional.

Las revueltas oromo del pasado verano o la guerra en el Tigray son solo algunos ejemplos de este conflicto étnico y sería en esta inestabilidad donde el gobierno de Sudán habría querido pescar para obtener ganancias territoriales. La concentración del ejército en esta área se habría llevado a cabo con la excusa de evitar que las distintas facciones enfrentadas en el conflicto de Tigray operaran desde su territorio así como tener controlado el flujo de refugiados que diariamente cruzan su frontera. También son varias las voces que acusan a Sudán de armar y dar apoyo logístico a las milicias tigriñas, extremo que el gobierno sudanés siempre ha negado.

Los amhara, etnia mayoritaria en el país, son los que hasta ahora han puesto un mayor énfasis en el conflicto y en condenar las acciones sudanesas. Son precisamente amhara los agricultores que reclaman las tierras disputadas. En palabras de Dessalegn Tasew, administrador de West Gondar en el Estado de Amhara, las fuerzas sudanesas habrían “ocupado, saqueado y matado en territorios de agricultores amhara” después de serles cedido el control de la frontera a “sus hermanos sudaneses”, y tras el traslado de tropas etíopes al Tigray. El gobierno regional amhara considera que el ejército sudanés actúa por un “sentimiento expansionista” y no duda en aprovechar la inestabilidad etíope para perseguir y encarcelar a la gente “basándose en su identidad”.

La facción militar del gobierno sudanés y sus relaciones con Egipto

Para otros la clave del conflicto se encuentra en la situación interna del Sudán y en concreto en la lucha entre el órgano civil y el militar dentro del Consejo Soberano de Transición que gobierna el país tras la caída del régimen de Omar Al-Bashir. El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel o la apertura de una base militar rusa en el Mar Rojo no son vistas con buenos ojos por la parte civil del gobierno y muchos las consideran medidas tendientes a reafirmar el poder en el ejecutivo por parte del ejército.

Unidades militares de Sudán movilizadas en la frontera. Fuente: Agencia de noticias SUNA.

Para Etiopía serían precisamente las Fuerzas Armadas y no el gobierno en sí los responsables de las hostilidades. El portavoz del Ministerio de Exteriores afirmaba que el ataque sudanés se habría realizado desde el “lado inferior de la estructura sudanesa” intentando desvincular al gobierno de la situación, incidiendo en que la situación al conflicto debía ser política y no militar. Este órgano militar dispone además de unas muy buenas relaciones con el mandatario egipcio Abdelfatah Al- Sisi, quizás el más interesado en la desestabilización de Etiopía.

Egipto lleva años de enfrentamiento con Etiopía por la conocida como Gran Presa del Renacimiento sobre el Nilo Azul, una infraestructura vital para la economía etíope, pero que Egipto considera que puede hacer disminuir drásticamente el caudal de agua que recibe. Para el gobierno y los medios de comunicación etíopes, Egipto busca la colaboración de los países vecinos a Etiopía para lograr un enfrentamiento que le haga jugar con mejores cartas de cara a las futuras negociaciones sobre la presa. En este sentido, el apoyo de Sudán, también afectado por el proyecto, parece vital.

Estos esfuerzos egipcios por aislar y desestabilizar a Etiopía son visibles tanto en el ámbito comunicativo y diplomático, utilizando todos los medios a su alcance para presionar a los países para que rompan sus relaciones con este país, y haciendo campaña de desinformación sobre la guerra del Tigray, como en el militar, llegando a acuerdos de mayor o menor grado con Somalia, Sudán y Sudán del Sur. En estos países ha instalado bases antiaéreas, aviones e incluso tropas en principio destinadas solo al asesoramiento, pero que en la práctica podrían formar parte de una coalición militar que rodee gran parte del territorio etíope de cara a un posible enfrentamiento armado.

Se trata pues de un escalón más en el convulso panorama que se vive desde hace meses en el Cuerno de África. Un conflicto fronterizo entre Sudán y Etiopía que puede obligar a involucrarse a diversos países y convertirse en un enfrentamiento internacional. Los conflictos étnicos y las ansias egipcias por perjudicar a su rival etíope pueden provocar que el país entre en una peligrosa espiral de violencia que desestabilice el frágil equilibrio tanto de Etiopía como de sus vecinos. Las negociaciones sobre la presa y las elecciones etíopes que deberían celebrarse este verano se antojan como claves para vislumbrar el futuro que le espera a toda la región.

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