
La respuesta israelí al masivo bombardeo que Irán realizó contra Israel el 1 de octubre parece ser inminente. Según las declaraciones del gobierno hebreo, el día y la forma del ataque habrían sido aprobadas por el gabinete de seguridad. Esta información habría sido confirmada por la filtración de un documento confidencial del Departamento de Defensa estadounidense, que detalla los últimos movimientos y despliegues militares de Tel Aviv, recopilados por Washington, en preparación para la acción contra la República Islámica.
La noticia saltaba el 17 de octubre, cuando un documento “altamente sensible” era publicado por un canal de Telegram –bautizado como Middle East Spectator– centrado en informar sobre las guerras en la Franja de Gaza y Líbano, el cual está alineado ideológica y políticamente con el Eje de la Resistencia. Ese documento, según el propio canal, había sido distribuido por una fuente procedente de “dentro de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos”.
En el documento, se puede observar cómo Washington informaba, desde el análisis de imágenes satelitales, que durante los días 15 y 16 de octubre –escasas 24 horas antes de la filtración– la Fuerza Aérea de Israel había llevado a cabo movimientos y ejercicios militares bastante amplios. Estos simulacros, desarrollados en la base aérea de Hatserim, habrían implicado el despliegue de dos tipos de misiles balísticos lanzados desde el aire (ALBM por sus siglas en inglés): 16 denominados como Horizonte Dorado y otros 40 ROCKS.
Además, al despliegue de misiles balísticos se le habrían sumado preparativos para el uso encubierto de vehículos aéreos no tripulados o drones en el aeródromo de Ramon. En su informe, la inteligencia estadounidense recogía que estos ejercicios parecían indicar la preparación de una operación sobre Irán, puesto que los patrones identificados se asimilaban en un alto grado a los que precedieron a un ataque israelí contra los hutíes a finales de septiembre.
Con todo ello, en el mismo informe también se señala que con la información recabada resulta imposible fijar o calcular la magnitud que podría tener el ataque. Sin embargo, a modo de comparativa, es interesante señalar que Irán afirmó haber lanzado al menos 200 misiles balísticos durante la noche del 1 de octubre.


Estas cantidades pueden resultar engañosas a la hora de considerar que el ataque de Israel será mucho más reducido o comedido que el iraní. Aunque es cierto que el número de misiles utilizados en el simulacro israelí podría ser hasta cuatro veces menor que los lanzados por Irán, es crucial tener en cuenta que una buena parte de los proyectiles empleados por Teherán el 1 de octubre fueron interceptados por los sistemas de defensa antiaérea del Estado hebreo, lo que redujo considerablemente el impacto.
Mientras tanto, la República Islámica carece de estos sofisticados sistemas de defensa, lo que sugiere que, aunque el ataque israelí pueda emplear un número menor de misiles balísticos, el daño que provocaría podría ser significativamente mayor que el del bombardeo iraní del 1 de octubre.
Desde que esta información fue filtrada, Teherán ha aumentado su retórica bélica, imprimiéndole una mayor asertividad. La República Islámica ahora afirma que responderá “desproporcionalmente a cualquier tipo de agresión israelí”, marcando un giro significativo en comparación con las declaraciones previas al 17 de octubre, cuando se divulgó el informe confidencial.
A diferencia de estos últimos días, Irán había llegado a insinuar que la disuasión podría restaurarse en caso de que el Estado sionista se abstuviese de atacar el programa nuclear iraní o las refinerías o puntos de distribución del crudo del país. Unos objetivos sobre los que Estados Unidos había estado trabajando y presionando para que Israel evitase, algo que inicialmente parecía haber funcionado.
Sin embargo, el reciente ataque de Hezbolá contra la residencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el 20 de octubre puede haber hecho cambiar de opinión a Tel Aviv. Tan pronto como este episodio se produjo, Israel señaló como responsable directo a la República Islámica, afirmando que este intento de asesinato no podía quedar impune.
Claramente, no solo estas amenazas han llevado a Irán a adoptar una retórica mucho más amenazante, sino que los cálculos y preparativos de un posible ataque israelí contra la República Islámica podrían ser ahora mucho más amplios. Esto sugiere que el Estado sionista podría estar considerando objetivos de mayor relevancia, no contemplados en los ejercicios militares del 15 y 16 de octubre.
Israel carece de incentivos para rebajar las tensiones en la región. Sus objetivos apuntan a eliminar y arrancar de sus respectivos territorios a Hezbolá y Hamás, aunque esto implique –no hay militarmente otra forma de destruir a una organización que ha sabido vincularse tan estrechamente con sus bases sociales– tanto la aniquilación de toda la población civil cuyo apoyo, directo o indirecto, han recabado durante largos años, como la destrucción física hasta sus cimientos de cualquier infraestructura humana existente.
Hay incluso un objetivo más amplio: Israel también aspira a eliminar toda presencia y profundidad geopolítica de Teherán. En este contexto, el medio internacional BBC publicó una entrevista con un general de brigada israelí retirado, quien afirmó que el próximo ataque israelí contra Irán será "fiero, duro y sorprendente", anticipando una guerra que, según Tel Aviv, podría prolongarse durante "varios meses".
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