Por qué el encuentro Yoon-Kishida es una buena noticia para Estados Unidos

Por primera vez desde 2019 se han reunido los máximos mandatarios de Corea del Sur y Japón. Este hecho puede ser el inicio de un proceso de mejora en las relaciones que ayude a afianzar la influencia en el Este asiático del bloque internacional liderado por Estados Unidos.

Primera reunión de los máximos dirigentes de Corea del Sur y de Japón –Yoon Suk-yeol y Fumio Kishida– desde 2019.
Primera reunión de los máximos dirigentes de Corea del Sur y de Japón –Yoon Suk-yeol y Fumio Kishida– desde 2019. Fuente: Yonhap News

Los máximos dirigentes de Corea del Sur y de Japón –Yoon Suk-yeol y Fumio Kishida– se han reunido en  Nueva York en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas que está teniendo lugar estos días. La última vez que los principales mandatarios de ambos países se reunieron la situación era bien distinta. Fue en diciembre de 2019. Todavía no había tenido lugar la pandemia del COVID-19 y, además, ni Yoon ni Kishida fueron protagonistas: del lado coreano se encontraba el socioliberal y relativamente menos pro Estados Unidos Moon Jae-in; del lado japonés, el fallecido Shinzo Abe. Esta reunión reviste una gran importancia por lo que puede suponer en el marco de la estrategia de Estados Unidos y sus aliados en el Este asiático.

El anterior gobierno surcoreano no estaba tan escorado en la disputa internacional como Yoon Suk-yeol. Heredero de la Política del Sol, Moon Jae-in era menos confrontativo con Corea del Norte y China, relativamente escéptico con Japón y, aunque aliado de Estados Unidos, era más reticente a hipotecar la política exterior nacional a los mandatos norteamericanos. Yoon Suk-yeol es de otra pasta. Su postura en materia regional no deja lugar a dudas: entre sus prioridades se encuentran ensanchar la grieta diplomática con China, alejarse todavía más de Corea del Norte y avanzar en una reconciliación con Japón. Por supuesto, también está en su agenda afianzar su relación con Estados Unidos. En cierta medida, incluso ve con buenos ojos acercamientos a la OTAN.

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Si existe un bloque internacional claramente definido en el mundo, ese es sin duda el liderado por Estados Unidos. De la mano de buena parte de los países europeos, grandes aliados como Japón o Australia, y socios menores como Israel o Corea del Sur, Washington expande su influencia a lo largo del globo. En el Este asiático, su capacidad de influencia depende –en parte– de cómo logre tejer una alianza regional alrededor de tres pilares: la confrontación con China, el aislamiento de Corea del Norte y el abrazo de Japón y Corea del Sur.

Sin embargo, la historia pone delante de Estados Unidos un escollo difícil de solventar y frente al cual se encuentra profundamente limitado: la relación Corea del Sur-Japón. El violento pasado imperialista de Japón dejó una huella imborrable en Corea. La brutalidad con la que el Imperio nipón dominó la Península Coreana durante la primera mitad del siglo XX todavía hace estragos en las relaciones entre los dos países. Una parte sustancial de la política japonesa está atravesada por tendencias negacionistas de sectores reacios a reconocer la responsabilidad de sus antepasados, a compensar a las víctimas y a pedir perdón al pueblo coreano.  Este hecho ha trabado durante décadas las relaciones Japón-Corea, dificultando la configuración de una alianza en materia internacional que, por otro lado, tendría mucho sentido: comparten adversarios regionales, así como una firme adscripción al proyecto estadounidense en Asia. De hecho, las formaciones políticas mayoritarias en ambos países aceptan -en mayor o menor grado- la vinculación con Estados Unidos.

Por este motivo es tan importante la normalización de las relaciones entre Corea del Sur y Japón para los intereses del bloque liderado por Estados Unidos. Los dos países son los dos grandes aliados del bloque en el Este asiático, por lo que a este le conviene que mantengan unas relaciones lo más cordiales posibles.

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La reunión apunta en esta dirección. Kishida y Yoon han hablado de Corea del Norte, compartiendo una “seria preocupación” hacia su programa nuclear. Las connotaciones de este hecho son grandes: que el Presidente surcoreano y el Primer Ministro japonés estén de acuerdo en enfrentar a Corea del Norte sienta un precedente de colaboración en materia de la Península Coreana que rompe con los esquemas de la relación entre los dos países hasta la fecha. Yoon, eso sí, ya había avisado: “Cuando yo sea presidente, las relaciones Corea del Sur-Japón irán bien; estoy seguro de ello”. El presidente surcoreano prioriza la solidificación de los intereses conjuntos del bloque liderado por Estados Unidos frente a la histórica confrontación nacionalista con Japón, pese a las consecuencias que esto pueda llegar a tener en la política interna. A Estados Unidos, por supuesto, esto le interesa.

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Se ha asegurado que este encuentro es un primer paso hacia la resolución de las disputas históricas entre Japón y Corea del Sur. En un contexto de cierre de filas en el seno del bloque liderado por Estados Unidos en el que incluso Alemania se ha acercado de la mano de Japón a la región Asia-Pacífico, y en el que al mismo tiempo se intensifican los choques con las potencias no amigas –con Rusia, en Ucrania y con China, en Taiwán–, el mejoramiento de las relaciones Japón-Corea del Sur refuerza al bloque dominante y supone una buena noticia para Estados Unidos y sus aliados. El Este asiático es uno de los principales focos de disputa entre este bloque y los estados “díscolos”, y ante semejante situación Tokio y Seúl comparten la adscripción a los lineamientos estadounidenses en asuntos como el de Taiwán o Corea del Norte; por tanto, el afianzamiento de las relaciones y la posibilidad futura de configurar una verdadera “tríada” regional entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur puede determinar el futuro de la región.


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