Pablo González (I): “Ucrania no puede permitirse cumplir los Acuerdos de Minsk, pero tampoco abandonarlos”

Pablo González en Ucrania. Foto cedida por Pablo González.

Pablo González es un periodista con estudios en filología eslava y máster en estudios estratégicos y seguridad internacional. Está especializado en Europa del Este y habla ruso y polaco. Con más de diez años de experiencia, ha sido corresponsal en la guerra de Ucrania y ha cubierto más conflictos como la última guerra en Nargorno Karabaj.

Pablo González colabora en varios medios como Naiz, Público y la Agencia EFE.

– Antes de la crisis de Ucrania ya habías viajado por la región ¿Cuáles fueron los primeros lugares en los que trabajaste?

El primer viaje fue a Kósovo, aunque ya había hecho algunas cosas sobre Rusia antes, pero a distancia. En el año 2010 nadie estaba hablando mucho sobre lo que ocurría allí y aproveche para ir y trabajar también sobre cuestiones de Serbia y los Balcanes.

– ¿Qué significó para ti, a nivel profesional, haber cubierto las protestas de Maidán y la guerra en el este de Ucrania?

La guerra de Ucrania fue la primera que cubrí. Cuando fui a Kósovo había tensiones, pero no era comparable. Lo recuerdo como una época muy interesante, pero también con mucha pena por el país y por los conocidos. Fueron años intensos, sobre todo 2014.

Desde el punto de vista profesional y también personal fue positivo. Sin embargo para los ucranianos fue el inicio de una guerra que sigue hoy en día.

¿Cómo viviste este proceso, desde que las manifestaciones en Kiev se iniciaron hasta la pérdida de Crimea y el comienzo de la guerra en Donbás?

Yo estuve en el Maidán, en aquel momento me pareció muy positivo en cuanto a la energía de la gente y esas ganas de cambio. Después la idea de cambio que ellos tenían se pervirtió en cierta manera.

Ucrania sigue dominada por los oligarcas, por ejemplo. Aunque algunos de ellos hayan cambiado de bando siguen vendiendo una idea nacional al país que ha sido problemática y terminó derivando, en parte, en un conflicto armado.

En enero fui por primera vez a Kiev, entonces yo tenía un viaje planeado a Irán y volví a mediados de ese mes. Cuando llego me voy corriendo a Ucrania y tiene lugar el golpe de Estado, justo antes de ello parecía que todo se iba a terminar. Desde Kiev me trasladé a Crimea y aquello fue tranquilo, porque no hubo balas ni casi conflicto. Incluso los militares ucranianos se entregaban y cambiaban de bando. Era un ambiente alegre sobre el terreno, aunque no para el estado ucraniano, lógicamente.

Dejé Crimea y viajé a Donetsk. Durante los primeros días en Donetsk me di cuenta de que no iba a ser lo mismo que en Crimea, no me dio buena espina. No era una operación ni tan bien planeada ni militarmente bien ejecutada.

Por aquella época tenía discusiones con la gente porque decían que Rusia estaba interviniendo, yo creo que entonces los propios rusos estaban sorprendidos por lo bien que había salido lo de Crimea. Aunque hay que tener en cuenta que se trata de una península con un teatro de operaciones diferente.

Cuando apareció el grupo de Ígor Strelkov estaba claro que no eran unos Spetsnaz, sino gente de otra índole. En el momento en que comenzaron los primeros disparos fui consciente de que no iba a acabar bien.

Igor Strelkov / EFE

Es posible que Ucrania hubiese podido derrotar a los separatistas de una manera más rápida, con una ofensiva militar de las fuerzas especiales que le quedasen a los líderes ucranianos, por lo menos durante el mes de abril. Sin embargo, con la escalada bélica se empezaron utilizar tanques, artillería… y comprendí que iba ir a más.

Si no fuese por la intervención rusa en agosto, seguramente Ucrania hubiese podido acabar con los separatistas.

– ¿Qué diferencias pudiste observar entre los combatientes ucranianos de ambos lados?

Lo más triste es que no hay diferencias. Yo he podido trabajar en los dos lados, en la mayoría de mis viajes siempre me las arreglé para cruzar la línea de frente y entrevistar a militares de ambos bandos. Una gran parte de los combatientes ucranianos del bando de Kiev eran ruso hablantes que se enfrentan a otros ucranianos que también hablan ruso y tienen las mismas referencias.

Muchos de los residentes de Donbás se quedaron en un bando o en otro, pero no por ideología ni mucho menos. Un ejemplo un poco genérico de lo que ocurrió podría ser este: tú vives en un pequeña ciudad donde tienes tu negocio, tus amistades y también tus enemistades. Entonces tus amigos pasan a apoyar a la República Popular de Donetsk o Lugansk y te unes a ellos. En ese momento aprovechas para devolverle cualquier favor a tus enemistades y de alguna manera las obligas a estar en el lado ucraniano. Esto puede ser al revés también.

Hay muchas personas para las cuáles la idea ucraniana o la idea rusa estaba muy lejana, pero han acabado en el Batallón Aidar [Ucrania] o en Batallón Somalí [separatistas] solo por las circunstancias.

– Más allá del conflicto en el este de Ucrania y todo lo que engloba ¿Qué consecuencias fundamentales ha tenido para el país la herencia de la “Revolución de la dignidad”?

Esta es una de las mejores cuestiones que nos podemos plantear.

¿Ha cambiado el país y ha cambiado a mejor? Creo que no. Y esto no lo digo yo, son reflexiones que he oído en Kiev por parte de personas con diferentes ideas. Básicamente el país se está descomponiendo poco a poco. Quizás de todo este proceso pueda salir algo bueno si acceden a una federalización y dan más autogobierno a las regiones. Quizás esta pérdida paulatina del poder central pueda llevar a algo positivo, pero esto es en la teoría. Lo que vemos en la práctica es que el estado ucraniano está en una crisis a todos los niveles.

Hay un problema demográfico porque Ucrania no tiene los millones de habitantes que dicen que tiene. El último censo se hizo hace más de una década, creo que en 2001. Las visiones más pesimistas hablan de poco más de 20 millones de habitantes, las realistas señalan que rondarán más de 30 millones, pero desde luego no son ni 40 millones de habitantes.

La crisis económica sigue ahí. Se ha destruido lo que existía pero no se está creando nada nuevo y este es uno de los fracasos del Maidán. Las promesas de cambio no han llegado a concretarse. Le han quitado los visados a los ucranianos para la Unión Europea sí, pero esta cuestión la había negociado la administración de Yanukóvich, y esto sirve para que la gente se vaya a otros países a trabajar, sobre todo a Polonia. He pasado largas temporadas en Polonia y allí los ucranianos son los que realizan los trabajos menos cualificados.

Además de la crisis económica y demográfica también hay una crisis de identidad. No está claro quién es y qué es lo ucraniano. Hay que tener en cuenta que Ucrania ha perdido parte de su soberanía. El último caso fue lo que ocurrió con Motor Sich una de las pocas empresas tecnológicas que podía vender productos -turbinas y motores de aviación- con un valor añadido. Kiev la intentó vender al mejor postor, que era China, pero Estados Unidos estaba en contra y la han vuelto a nacionalizar con una jugada poco limpia y un tanto absurda. Aquí tenemos otra cuestión, si la Ucrania de antes ya no era un socio muy fiable -la demostración está en las pocas empresas que se han instalado allí- ahora lo es mucho menos.

Lo que ocurre con las minorías es otro punto importante por que Kiev tiene que lidiar con el reparto de pasaporte húngaros en la zona de Transcarpartia y las aspiraciones de Rumanía.Ucrania no puede hacer mucho ya que Hungría es socio de la Unión Europea.

La Comisión de Venecia ha avisado varias veces a Ucrania sobre la cuestión de la lengua y la discriminando a parte de su población que habla ruso. El ruso es un idioma muy importante en Ucrania, tanto históricamente como por la potente producción cultural que llega de Rusia. Por el momento los ucranianos no han sabido combatirla y este puede ser otro de los fracasos del Maidán: el no haber sabido ofrecer esta alternativa. Hace poco Apple presentó nuevas aplicaciones y se puede consultar en iTunes la lista de canciones más escuchadas por las ciudades, la lista de Kiev es bastante parecida a la de San Petersburgo o Moscú. Tienen muchas referencias comunes y lo de hacer borrón y cuenta nueva es muy difícil.

Después de los primeros años del Maidán y con la guerra en el este en curso, hubo personas que pudieron tener el entusiasmo de construir una nueva Ucrania, pero lo que está quedando no es lo que les habían prometido. El sentimiento de agravio también está presente, antes podían sentir que pertenecían a algo grande y eran respetados y ya no es así. Ucrania está viviendo los años 90 de Rusia ahora, de otra manera, pero en aquel momento también había crisis económica, guerra, el giro hacia occidente en el que te prometen cosas pero no llegan a cumplirse….

Occidente no está dispuesto a pagar. Quizás si esto hubiese pasado en otro momento histórico habría más capital financiero y voluntad militar para integrar a Ucrania. Por otro lado, Ucrania ahora tiene un vecino, Rusia, que ya no está en ese mal momento.

– Una de las figuras que se ha mantenido en la política ucraniana desde el Maidán es el ministro del Interior, Arsén Avákov, cercano a movimientos de extrema derecha como Azov.

 ¿Qué capacidad de influencia tiene en la política ucraniana?

El ministro Avákov, según informaciones periodísticas, pertenecía a grupos criminales en los años 90 y también tuvo relación con organizaciones criminales étnicas. Él es de ascendencia armenia y se habla, aunque no sé si es cierto, que su apellido es Avakiani y no Avákov, un apellido bastante común de procedencia armenia y del Cáucaso.

Avákov ha acumulado mucho poder en sus manos, que si bien no es tan visible, sí es muy activo. Los grupos de extrema derecha hicieron de infantería en el Maidán y gracias a estas organizaciones y a su posición de ministro de Interior, Avákov ha podido mantener un poder que nadie le ha sabido pelear. Además, se ha ofrecido de manera clara a la clase política gobernante, a Petro Poroshenko en su momento y ahora a Volodímir Zelenski. Ambos presidentes han tenido que modificar sus promesas de campaña una vez que asumieron el cargo. Los dos llegaron con compromisos de hermandad en el país y asegurando que serían capaces de solucionar rápidamente los problemas del estado y terminar la guerra. Sin embargo, cuando intentan hacer cualquier movimiento salen estos grupos -a veces con varios centenares otras con miles de jóvenes ultranacionalistas y algunos claramente neonazis- y la agenda del país cambia. Esta situación no podría tener lugar sin Avákov.

El actual ministro de Interior ha sabido mantenerse en la sombra y tiene el respaldo de los Estados Unidos, pero no queda muy claro el cómo y el por qué de este apoyo.

El ministro de Interior de Ucrania, Arsén Avákov / Yulia Babych.

Avákov es un actor clave y si cae no quedaría muy claro lo que sucedería en el estado ucraniano. Alguien tendría que tomar el patronato de todos estos nacionalistas y el SBU [Servicio de Seguridad de Ucrania], según dicen compañeros periodistas ucranianos, se ha convertido en una herramienta de poder para presionar a empresarios. Los servicios secretos ucranianos tienen materiales para chantajear prácticamente a todos. Entonces, si Avákov desaparece de escena no se sabe como quedaría todo este imperio.

Avákov, por el momento, no ha mostrado ganas de llegar a la presidencia de Ucrania aunque ya hubo rumores sobre ello. Creo que no se debe sentir con fuerzas y está a la espera mientas acumula más poder. Considero que será una figura bastante importante en el futuro. Habrá que ver qué respaldo internacional tiene, pero desde luego su influencia en la política ucraniana es grande y va a seguir creciendo.

– El pasado 28 de abril se celebró en Kiev una marcha en honor a la división “Galitzia”, este tipo de actos no son una cuestión aislada en Ucrania ¿Cómo se explica el auge de movimientos de extrema derecha y neonazis en un país que ha sufrido la invasión de la Alemania de Hitler?

El bando ucraniano luchó contra todos, como dicen ellos. Hubo algunos momentos en los que combatieron a los nazis aunque más bien estaban en su bando. Sin embargo, en el mejor de los casos los ucranianos que apoyaron a la Alemania nazi fueron un millón de personas. Y estoy siendo muy generosos con ellos, desde luego fueron menos. Por otro lado, solo en el ejército soviético sirvieron nueve millones de ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial.

Es bastante llamativo cómo una minoría puede marcar la agenda a todos los demás en un país en el que se produjo una de las peores matanzas de la guerra, Babi Yar. Es curioso también como años después se pueda utilizar la simbología de las SS, sobre todo de la división Galitzia, y como estos símbolos, a pesar de que la ley los prohíbe, están presentes en la vida diaria. Algunas figuras públicas ucranianas reivindican ese pasado, incluso personas con ascendencia judía, lo cual es doblemente llamativo.

La debilidad del estado sumado a que grupos de extrema derecha -supervisados por el ministro Avakov- tienen ciertas libertades de movimiento, permite que la extrema derecha internacional tenga un campo de entrenamiento en el que pueden ir a disparar contra otras personas con total impunidad. Me refiero aquí al Donbás. Además, se llegó a hablar incluso de que hubo campos de entrenamiento de los islamistas radicales en Ucrania.

La extrema derecha ucraniana está relacionada con el crimen organizado hoy en día. Todo esto ha sucedido por la falta de un estado ucraniano fuerte y por la tolerancia, por decirlo de algún modo, de algunos socios occidentales que intentan mantener a Ucrania enfrentada con Moscú.  

En países como Francia, España o incluso en Alemania, la idea de esa Ucrania prooccidental que quiere ser parte del grupo es bien recibida en su origen. Pero la agenda de los países bálticos o de Polonia con Kiev es diferente. Si los rusos son “imperialistas” con Ucrania, los polacos no lo son menos con su sueño del retorno a la unión con Lituania y la Polonia de mar a mar. Estas ideas polacas, por ejemplo, no pasan por tener a una Ucrania fuerte. Parece que todos están complacidos, por ahora, con esa Ucrania débil a la que pueden controlar. A mí esto me parece un error, si no creamos una base para un Estado ucraniano fuerte lo que tendremos al final es una descomposición en la que habrá que ver quien es el que mejor y más pesca ahí.

– El presidente Zelenski, al principio, llegó a ser tildado en Ucrania de “prorruso” y ahora tiene un discurso mucho más nacionalista. En los últimos meses ha habido polémicas decisiones presidenciales como una proyecto de ley de colaboracionistas, cierres de canales opositores… ¿A qué se debe este cambio de actitud en el mandatario ucraniano?

Al dictado que les hacen, no se si los radicales o socios como Estados Unidos. No hay que olvidar que el propio Poroshenko también llegaba con un tono más conciliador y luego tuvo que cambiar y hacer suyo el discurso del partido de la guerra, como se le llama. Zelenski también lo ha hecho.

Además, si Poroshenko tenía momentos dudosos como su fábrica de chocolates en Rusia, o que sus empresas utilicen componentes comprados en Rusia. Zelenski tiene cuestiones todavía más dudosas. El actual presidente de Ucrania había hecho gran parte de su vida profesional en Rusia y toda su carrera artística en ruso. Por este motivo él tenía que demostrar todavía más que Poroshenko en este sentido. Hay incluso fotografías de Zelenski con la camiseta de la selección rusa cuando hacía uno de sus shows y ha actuado para Putin.

El actual presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y el ex presidente Petro Poroshenko durante la campaña electoral de 2019.  Sergei Chuzavkov / AFP

Si con Poroshenko pensábamos que la cosa iba mal porque era un oligarca, Zelenski es incluso peor. No queda claro tampoco si Zelenski es una figura independiente del también oligarca Igor Kolomoisky -dueño de la productora del antiguo programa del president ucraniano- ya que muchos de los trabajadores de Kolomoisky están en la administración de Zelenski. Tampoco se sabe muy bien lo que quiere él mismo, porque ha fracasado ya en su intento de unir al país. Su partido político se llama Servidor del Pueblo por la serie que protagonizaba Zelenski y que le hizo parte de la campaña. Esta organización política no tiene ninguna ideología, esto está muy presente en el espacio postsoviético, casi todos los partidos son, simplificando mucho: por todo lo que es bueno y contra todo lo que es malo. Por este motivo el votante ucraniano después de tantos años se ha vuelto tan populista como quienes le gobiernan y no tiene claro para qué votar. Todos los políticos les prometen lo mismo y todos lo hacen igual de mal.

Zelenski no ha conseguido que Moscú le tome en serio, esto es culpa también de Poroshenko, que hizo bastantes promesas y no las ha cumplido. A día de hoy el líder ucraniano tiene graves problemas para que Moscú les conteste al teléfono. El Kremlin lo ignora, deja pasar el tiempo y se ha enrocado en los Acuerdos de Minsk con unas condiciones que Zelenski no puede cumplir, igual que no pudo Poroshenko. El presidente ucraniano sabe que si cumple lo firmado en Minsk va a tener en las calles a los mismos radicales que han tumbado a un gobierno antes, el de Yanukóvich.

Otra cuestión es que Zelenski tampoco tiene el favor del ejército. Desde el principio lo vieron como un candidato más débil y algunos sectores de las fuerzas armadas con los que yo he hablado, apoyaban a Poroshenko. El mandatario ucraniano no tiene grandes activos que pueda utilizar y habrá que ver como poco a poco va perdiendo más apoyo. En las elecciones regionales le fue bastante mal.

Creo que Zelenski es una figura destinada a irse cuando se acabe su mandato y su partido se quedará como una especie de Ciudadanos en España, una formación política que ha hecho mucho ruido pero nada más.

– La situación en Donbás se había deteriorado durante los últimos meses, aunque la mayoría de los medios comenzaron a prestar mayor atención tras el despliegue ruso en las fronteras ucranianas. ¿Cómo se puede interpretar este movimiento por parte de Rusia? ¿Qué pretendía conseguir?

Moscú lo ha dicho claro, si el conflicto en Donbás sube de nivel las fronteras de Ucrania van a cambiar. Lo dijo Kozak, el representante ruso para el Donbás, Peskov, el portavoz del Kremlin, y Putin también comentó cosas similares. Una de las teorías es que se buscaba una aventura bélica que junto con lo de Navalny sirviera de pretexto para cancelar el Nord Stream 2, el gasoducto que llevará gas ruso a Alemania evitando Polonia y Ucrania.


Desde que se paró el frente en febrero de 2015 con la firma de Minsk II, todas las escaladas han ido acompañadas de algo: cuestiones de política internacional o de la política interna de Ucrania.

Zelenski podía necesitar esto para subir el porcentaje de aceptación, pero los rusos no estaban para juegos y saben que militarmente son muy superiores a Ucrania. Ahora Moscú ha dado a entender que si los ucranianos quieren una escalada bélica no les va a merecer la pena y les llevará a perder más territorio. Es una idea que pienso que Moscú estaría manejando.

El Kremlin está jugando un poco con el hartazgo de Ucrania, algo que nota también en los socios occidentales, quienes cada vez son más proclives a no tomar en serio las promesas ucranianas, las peticiones de dinero y los deseos  de integración en la OTAN y en la Unión Europea. El discurso de que los ucranianos están manteniendo a ralla a los tanques rusos de la invasión a Europa ya no cala, si es que alguna vez lo hizo, y Moscú lo percibe.

Además, el músculo militar de Rusia probablemente esté en el mejor momento desde la caída de URSS, aunque lejos de las capacidades de soviéticas. Con la guerra de Siria, las continúas maniobras y la inversión en la industria de defensa, Moscú siente que, si se diera la ocasión, podrían tomar más territorio ucraniano con muy poco combate. Occidente, por otro lado, tampoco está dando garantías claras a Kiev.

Ucrania entró en pánico con el despliegue ruso porque no hay fuerza aérea suficiente y a duras penas han conseguido combatir contra unas milicias, bien armadas por Moscú, pero milicias al fin y al cabo.

Pablo González en Ucrania. Foto cedida por Pablo González.

– ¿Hay posibilidades de que se llegue a una solución pacífica en Donbás? ¿Son los Acuerdos de Minsk un mecanismo válido para Ucrania?

No. Ucrania no los puede cumplir porque si lo hace tendrá un caballo de Troya dentro y cualquier aspiración ucraniana para entrar en la OTAN o en la UE va a chocar con la posición en contra de esas regiones.

Por otro lado, habría que ver cómo quedaría el reparto de escaños en la Rada Suprema. Al estado ucraniano no le interesa que el Donbás vuelva a votar ya que elegirían a partidos prorrusos en un porcentaje bastante alto. Actualmente el partido Plataforma Opositora-Por la Vida de Boyko, Rabinovich y Medvedchuk está situado en los diferentes sondeos como segunda fuerza, pero si el Donbás vota tendría opciones para hacerse con la victoria. La Ucrania post-Maidán no se lo puede permitir, por eso están tratando de alargar esta cuestión en el tiempo. Pero el tiempo juega en su contra.

Ucrania no puede permitirse cumplir los acuerdos de Minsk, pero tampoco abandonarlos, porque en el momento en que lo haga le estará dando a Rusia carta blanca para que comience a utilizar el discurso de que Ucrania no es fiable y no cumple con lo que firma.

Es una situación muy compleja porque Kiev no puede tirar hacia ningún lado y con ello no tiene la posibilidad de hacer planes a medio plazo. Yo creo que no los va a cumplir e intentará buscar la manera de saltárselos o incluso abandonarlos, lo cual abrirá un escenario tremendamente volátil.

– Ucrania es uno de los puntos de encuentro, o más bien de desencuentro, entre Rusia y la Unión Europa ¿Por qué falla la diplomacia entre los vecinos?

Está la diplomacia, pero no existe un plan de acción único. Algo que Moscú tiene en cuenta y por eso prefiere los acuerdos bilaterales con países como Alemania o Francia, ignorando a los demás.

Rusia ha abandonado toda esperanza con un parlamento, el europeo, en el que no va a tener nunca una mayoría favorable a sus intereses. Para tratar con un intermediario así, Moscú prefiere no tratar. Por ahora los rusos han tomado una posición de fuerza y de ahí no quieren salir. Esto, en parte, responde a la voluntad del pueblo ruso por el recuerdo de como Rusia fue tratada tras la desaparición de URSS. En aquella época Moscú estaba dispuesto a entrar en el club occidental, pero nadie le dejó. Incluso Putin en sus primeros años, antes del discurso de Múnich, permitió -a pesar de todas las reticencias y el malestar social- que materiales logísticos de la OTAN pasasen a través de Rusia hacia Afganistán.

¿Qué obtuvo con esto? Una guerra en Georgia con un ejército georgiano entrenado por EE. UU. y el boicot del acuerdo con Moldavia cuando ya estaba listo. Todas estas cuestiones unidas a lo que ocurrió en Ucrania, han dejado a una Rusia que no cree en acuerdos ni en las promesas occidentales.

La filosofía de Rusia con Occidente es de una rivalidad bastante dura pero con posibilidades de acuerdos con países determinados en asuntos puntuales y dejando a la UE a un lado.

– Otra de las cuestiones que ha estado marcando la agenda mediática en los últimos meses fue lo que ocurrió con Alexey Navalny. “Estrella mediática con escaso peso real en la política rusa”, así te refieres al impacto generado por el opositor ruso en uno de tus artículos ¿Cómo se explica que la mayoría de la prensa y los políticos europeos dediquen tanta atención esta figura?

Navalny vende muy bien para el público occidental a pesar de que ha dicho que no piensa devolver Crimea y de su pasado ultranacionalista, llamando cucarachas a los emigrantes de Asia Central y del Caúcaso.

El proyecto de Navalny cala entre la clase media rusa de las ciudades, pero ésta es realmente escasa. Por este motivo yo siempre he puesto en duda su popularidad.

Además, políticamente no hizo gran cosa y buena parte de sus investigaciones sobre la corrupción, si las analizamos desde un punto de vista adulto son a veces faltas de contenido.

Si nos fijamos en su última investigación sobre el palacio de Putin -no me cabe duda de que el presidente ruso tiene muchos conocidos con dinero- pero ¿se ha pagado ese palacio con dinero público? No. Lo ha comprado gente privada con su dinero, que se supone que lo han ganado de manera más o menos limpia, aunque con el favoritismo del Kremlin. Sus programas de investigación son para un público un poco infantil e ingenuo que no entra a analizar en profundidad.

Yo lo he entrevistado y lo conozco personalmente, se podría decir que una persona simpática, pero de ahí a decir que es un político de futuro pues no lo tengo tan claro. El Kremlin le ha permitido todo y más, pero se han cansado.

Su equipo tiene figuras que son más que discutibles, lo cual no significa que todo lo que haga el gobierno ruso sea bueno. En el Kremlin hay corrupción y ha estrangulado el panorama político ruso. Sin embargo, se pueden observar ciertas tentativas de volver a abrirlo en las próximas elecciones parlamentarias.

Navalny podría haber tenido un futuro en la política rusa si hubiera empezado por alguna ciudad, pero no Moscú, porque es muy difícil que la consiguiese. El problema fue el doble juego que empezó a llevar a partir de cierto momento. He hablado con opositores rusos al Kremlin, incluso alguno exiliado, y les despierta dudas el origen de la financiación de Navalny. Imaginemos por ejemplo que Unidas Podemos, Vox u otro partido, esté recibiendo fondos en bitcoints que no se pueden rastrear y que no se declaran; pondríamos el grito en el cielo. Entonces ¿por qué esto sí está permitido con Navalny? ¿Por qué sea un opositor al Kremlin puede hacer cualquier cosa?  No sé, se hace raro.

Esto fue también parte del problema en la cumbre entre Lavrov y Borrell: como duele en el estado español cuando se menciona a los catalanes. Yo no digo que sea el mismo caso, pero a nadie le gusta que se mencionen ciertas cosas. Si por ejemplo, Angela Merkel hubiese hecho una declaración oficial sobre George Floyd, EE. UU. hubiera dicho que eso se trata de un asunto interno.

El presidene Vladímir Putin ha ostentado el poder en Rusia durante más de dos décadas ¿Cuál ha sido la fórmula de su éxito?

Equilibrios. Putin es un político que ha sabido equilibrar muy bien. Muchas personas piensan que es el gran genio maligno enemigo de James Bond y que está controlando el mundo a través de sus pantallas. Putin es una figura que ha sabido mantener equilibrios entre diferentes fuerzas. Ha ido contra los oligarcas, aunque los sigue habiendo en Rusia y les ha permitido seguir desarrollándose. Ha conseguido también que, en buena medida, se paguen los impuestos y esto es algo que le gusta a la sociedad.

El actual presidente ruso ha rejuvenecido las fuerzas armadas. Putin ha sabido darle a la sociedad lo que necesitaba y no ha sido un mal gestor, pero sin duda hay puntos que se podrían discutir, claro está. Se ha llegado a diferentes acuerdos entre la sociedad y el poder en todo este tiempo, aunque puede que se estén agotando.

Por supuesto que hay cuestiones muy discutibles, pero desde Occidente se vende como el régimen más corrupto y a pesar de eso hay muchísimas cosas que siguen haciendo: carreteras, puentes, aeropuertos, ayudas a familias, la sanidad no es de las peores… Es uno de los pocos países que tiene el ciclo completo de fabricación de aviones y producen tanques, satélites…

Muchas personas señalan, por ejemplo, que el producto interior bruto de Rusia es similar al de España, pero el potencial en algunas cosas es muy superior. Los rusos han sacado tres vacunas contra la Covid-19 y nosotros al principio no conseguíamos fabricar las mascarillas.

A Putin nos los venden como el enemigo, pero él ha comprendido las necesidades de Rusia y los rusos le han dado ciertas libertades. Ahora mismo la sociedad rusa está transigiendo con los problemas que han traído las sanciones, en parte porque tienen el trauma de los años 90. Pero el líder ruso es consciente del malestar social y esta vez quiero pensar que en las próximas elecciones a la Duma entrarán más partidos con mayor independencia. Si esto se produce será una lectura que Putin habrá hecho de su sociedad que ya empieza a demandar un poco de cambio.

Ya se vió con las enmiendas constitucionales, la mayoría de los medios apuntaron que este era un cambio para perpetuarse en el poder. Sin embargo, Putin ha reformado el estado de una manera importante para que una vez que su figura no esté, el sistema sea mas equilibrado entre las diferentes instituciones del país: Duma, Consejo de la Federación, Senado… Se controlarán más los unos a los otros.

Mi impresión es que está preparando un país para cuando deje el poder. Veremos lo que ocurre en 2024.

En septiembre de 2021 son las elecciones a la Duma del Estado, las primeras que se celebran con las enmiendas constitucionales en vigor ¿qué podemos esperar de ellas?

Rusia Unida tendrá que reformarse y debería haber más partidos políticos. El estado ruso tiene que dejar de ser tan celoso con el panorama político, abrirlo y que haya más alternativas que estén controladas por el sistema. Es decir que haya cuestiones que no se puedan llegar a hacer, como por ejemplo la inviolabilidad de las fronteras. Una anécdota curiosa referente a este tema fue cuando Yeltsin casi entrega las Islas Kuriles, no lo hizo solo por que la administración realizó unos cuantos movimientos para evitar que así fuese.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.