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Nayib Bukele y el asalto del Estado

Ilustración con el presidente Nayib Bukele y la bandera de El Salvador.
Ilustración con el presidente Nayib Bukele y la bandera de El Salvador. Fuente: David Señorán

Tras los Acuerdos de Paz de Chapultepec de 1992 que pusieron fin a la guerra civil, El Salvador se conformó en torno al bipartidismo definido por ARENA –partido de derecha– y el FMNL –partido de izquierda–. Desde las elecciones del 1994 se sucedieron tres gobiernos de ARENA y dos del FMNL, comenzando a observarse el desgaste de este sistema. Al mismo tiempo, el fenómeno de las maras despuntaba en el país, especialmente tras las deportaciones de migrantes salvadoreños que residían en Estados Unidos, lo que sumado a la situación post guerra civil creó el caldo de cultivo adecuado para la proliferación de estos grupos criminales.

En 2012, el joven Nayib Bukele, procedente de una familia acomodada, comenzó su andadura política de mano del FMLN, alcanzando la alcaldía del Nuevo Cuscatlán y en 2015 la de San Salvador, la capital. Estas alcaldías le dieron la plataforma perfecta para alcanzar la popularidad nacional, especialmente entre jóvenes, mediante la creación de proyectos y políticas destinadas a mejorar las infraestructuras públicas y la seguridad, a la vez que hacía un notable uso de las redes sociales para dar a conocer a la población este tipo de proyectos. Pese a su pertenencia al FMLN fue notablemente crítico con este, y en 2017 tras acusaciones de agresiones verbales contra Xochitl Marchelli fue expulsado, fundando su propio movimiento ciudadano que más tarde se convertiría en el partido político Nuevas Ideas.

Para ampliar: Nayib Bukele y la guerra contra las maras de El Salvador

Nuevas Ideas fue constituido como formación política –con importante apoyo de la diáspora–. Sin embargo, cuando el Tribunal Supremo Electoral legalizó el partido ya era tarde para que Bukele inscribiera su candidatura, por lo que lo hizo a través de GANA, partido de centro derecha en el que ganó las primarias con un 91.14% de los votos. En las elecciones presidenciales de 2019 Bukele obtuvo el 53.10% de los sufragios en primera vuelta, haciéndose con la presidencia del país. 

La guerra contra las maras

El Salvador se ha conocido durante bastante tiempo como uno de los países más peligrosos del mundo, alcanzándose el pico más alto de homicidios en 2015, tras el cambio de política frente a las maras, pasando de la tregua pactada por el gobierno de Mauricio Funes al enfrentamiento directo de Sánchez Cerén –ambos gobiernos del FMLN–. Este fue uno de los problemas más importantes a tratar por Bukele, y si bien sus políticas ya han sido evaluadas conviene destacar su núcleo central: el Plan de Control Territorial. Este plan establece 7 fases, de las que 6 ya han comenzado, desconociéndose la última. Resumidamente, la estrategia busca traer seguridad a El Salvador mediante el aumento de efectivos y la mejora de sus condiciones económicas y técnicas, el control de los “puntos calientes” y la creación de oportunidades y reinserción de los criminales. Sin embargo, este proceso se ha acompañado de otras medidas ampliamente criticadas.

Primeramente, una nueva negociación con las maras habría reducido los homicidios a cambio de cesiones y apoyo político. Sin embargo, este nuevo pacto se rompió el día más sangriento del país, el 26 de marzo de 2022, en el que 62 personas serían asesinadas. El día siguiente, Bukele estableció un régimen de excepción, y si bien estos son caracterizados por su temporalidad y su particularidad, se ha mantenido hasta el presente, afectando múltiples derechos civiles y permitiendo el aprisionamiento sin garantías acompañado de detenciones arbitrarias y vulneraciones de los reos. Muestra de ello es la liberación de al menos 7.000 salvadoreños inocentes que han sido detenidos en este contexto.

De igual forma, ha sido criticada la creación del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), las condiciones en las que viven los presos en esta y el resto de cárceles y los abusos sufridos. Sin embargo, y entre acusaciones de falseamiento de datos, es innegable que la tasa de homicidios y la seguridad percibida por los ciudadanos en El Salvador ha aumentado notablemente. Las cifras oficiales aseguran una reducción considerable de la tasa de homicidios durante el mandato de Bukele, siendo de 2.4 por cada 100.000 habitantes en 2023 frente a 38.18 por cada 100.000 habitantes al inicio de su mandato, en 2019.

El poder en sus manos

Si bien el régimen de excepción en sí mismo es una medida que afecta notablemente al estado de derecho, no es la única acción tomada durante el gobierno de Bukele que haya que resaltar. Entre otras, destaca la entrada del ejército a la Asamblea Legislativa el 10 de febrero de 2020 como una estrategia del presidente para forzar la aprobación de un préstamo para el financiamiento del Plan de Control Territorial. Esta se trataría de una medida desesperada de un Bukele que en ese momento no contaba con el apoyo del congreso. Sin embargo, tras las elecciones legislativas de 2021 el partido oficialista Nuevas Ideas ha pasado a contar con 56 escaños de 84 –el 67% de la asamblea–, que sumado a los escaños de sus aliados –GANA, Partido de Concertación Nacional (PCN) y Partido Demócrata Cristiano (PDC)– son 64 escaños, contando así con la mayoría simple, la mayoría calificada y la mayoría absoluta de la cámara. Gracias a ello dispone de los apoyos suficientes para la declaración consecutiva del estado de excepción, que ha sido prolongado de nuevo el 10 de enero de 2024 con 67 diputados a favor, pero también con total control casi directo del poder legislativo.

Para ampliar: El Salvador: La avanzada de Bukele sobre la Asamblea Legislativa

En relación con la asamblea, Bukele a través de Nuevas Ideas ha logrado aprobar una reducción de escaños a 60 y un cambio en la formula electoral de Hare a D’Hont. Esgrimiendo el argumento de la lucha contra la corrupción y del ahorro, Bukele justifica esta decisión como algo necesario y racional. Sin embargo, tal y como demuestra un informe de Acción Ciudadana, esto significa que “Nuevas Ideas podría concentrar hasta el 83% de la representación legislativa” y El Salvador se conformaría como un Estado de partido hegemónico en el que existen otras formaciones que no representan una opción real, no solo por el apoyo social, sino por las propias reglas de juego. Junto con esta medida se aprobó la Ley Especial para la Reestructuración Municipal con la que se han reducido los 262 municipios del país a 44. Con ello se pretende ahorrar 250 millones de dólares, a la vez que se racionaliza la burocracia y se disminuye la corrupción. La oposición observa el cambio como una medida para garantizar un mayor control del país para el presidente.

Pandilleros de maras de El Salvador encarcelados en la prisión de Izalco durante una operación policial.
Pandilleros de maras de El Salvador encarcelados en la prisión de Izalco durante una operación policial. Fuente: oficina de prensa de la presidencia de El Salvador

El 1 de mayo del 2021 también destacan otros dos importantes movimientos realizados gracias al control de la Asamblea Legislativa: la sustitución de todos los magistrados de la Sala de lo Constitucional y la sustitución del Fiscal General del Estado. Pese a que se entendía que la Constitución de El Salvador no permitía la reelección presidencial inmediata, el 3 de septiembre de 2021 la Sala de lo Constitucional interpretaba que la carta magna sí permitía la reelección cuando “una persona que ejerza la Presidencia de la República y no haya sido presidente en el periodo inmediato anterior participe en la contienda electoral para una segunda ocasión”. Esto, en definitiva, significó que si el presidente renunciaba seis meses antes podría presentarse a los comicios. De esta manera Bukele continuó su estrategia: presentó su candidatura el 15 de septiembre de 2022 y solicitó licencia para retirarse del cargo a la Asamblea Legislativa el 1 de diciembre, teniendo en cuenta que según el artículo 154 de la Constitución el periodo presidencial comienza siempre el 1 de Junio. Más tarde su candidatura fue avalada por el Tribunal Electoral el 4 de noviembre de 2023.

Nayib Bukele consolida su poder

Nayib Bukele ha supuesto un terremoto en la política salvadoreña, logrando acabar con el bipartidismo y concentrando el apoyo de la población en su figura, atendiendo a uno de los mayores anhelos de la población, la seguridad. A través de distintos megaproyectos ha continuado mejorando su imagen pública, tales como lograr para El Salvador ser la sede de Miss Universo, alojar los Juegos Centroamericanos y del Caribe, la creación de Surf City, la construcción de la nueva Biblioteca Nacional –financiada por china– y otros tantos. Asimismo, también atrajo cierta atención a través del Bitcoin, convirtiéndolo en su moneda oficial –aunque no tuviera el éxito esperado– y anunciando la creación de Bitcoin City. De igual manera El Salvador ha sido uno de los países donde mayor incremento del turismo se ha dado, al menos un 36% más en 2023 que en 2022.

Para ampliar: ¿Cómo influye el “modelo Bukele” en América Latina?

En las elecciones de febrero de 2024 logró una doble victoria: en primer lugar, revalidó efectivamente su mandato presidencial para el período 2024-2029, a pesar de las sendas críticas en base a la prohibición constitucional de la reelección en el Ejecutivo; en segundo lugar, amplió su dominancia en la Asamblea Legislativa. En ella, Nuevas Ideas obtuvo un triunfo de enorme contundencia: 54 bancas de las 60 que otorga la Cámara. Además, dos partidos en alianza con el oficialismo, el PCN y el PDC se hicieron con 2 y 1 escaños respectivamente. La oposición legislativa al bloque del presidente Bukele la conforman en exclusiva dos espacios de la derecha nacional: ARENA (2) y Vamos (1), habiendo quedado el FMLN sin representación alguna.

Estos resultados eran previsibles, como demostraban distintas encuestas. Durante el mandado de Bukele la ciudadanía ha dejado de considerar la seguridad como su principal problema –del 24% de la población en 2019 a tan solo un 1% en 2023–, además, un 84% consideraba en 2023 que el país va en el rumbo adecuado (frente al 23% en 2019). Por otro parte, según el Instituto Universitario de Opinión Pública, un 86.5% aprueba el régimen de excepción pese a que un 33.8% conozca personas detenidas de forma injustificada. 

Finalmente, y según señala el Latinobarómetro, tan solo el 46% de los salvadoreños apoya la democracia. El gobierno de Bukele no solo no la estaría reforzando, sino que habría roto su integridad y como consecuencia “el país corre el riesgo de transformarse en una electo-autocracia”. Sin embargo, en este nuevo período presidencial en el que dispone de absoluto poder, Bukele no solo definirá el rumbo institucional de su país, sino que deberá hacer frente a una economía con pocos síntomas de mejora, una deuda pública creciente y un coste de 257,81$ de la canasta básica –en población urbana– siendo el sueldo mínimo de 365$.

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