Portada | Oriente Medio y Norte de África | Movilización femenina en el Kurdistán iraquí: condicionantes y obstáculos persistentes

Movilización femenina en el Kurdistán iraquí: condicionantes y obstáculos persistentes

aspectos más visibles y mediáticos que evidencian la doble lectura que ha de hacerse de la movilización femenina en el Kurdistán iraquí
Alistarse a los Peshmerga es uno de los aspectos más visibles y destacados de la movilización femenina en el Kurdistán iraquí

En un contexto caracterizado por la colisión entre tradición y modernidad, la movilización de las mujeres en el Kurdistán iraquí ha recabado una de las legislaciones más avanzadas contra la discriminación y violencia de género de la región. El desafío que presenta su oposición a la prevalencia de la débil implementación del Estado de derecho y de una cultura tribal patriarcal, fuertemente moldeada por influencias religiosas conservadoras, no sólo alberga repercusiones en cuanto al caso kurdo, sino que pone en relieve la necesidad de evitar lecturas orientalistas y esencialistas cuando se trata de evaluar la situación de las mujeres en Oriente Próximo.

Logros de la movilización femenina en el Kurdistán iraquí

Pese a que las mujeres han conformado una parte sustancial de la resistencia kurda contra la autoridad del Ba’ath, las cuestiones de género fueron relegadas a un papel secundario hasta la conformación del Gobierno Regional del Kurdistán Iraquí en 1992, priorizando lo pertinente a la liberación de la opresión étnica y la consecución del autogobierno. Sin embargo, en los treinta años de autonomía, la movilización de las mujeres kurdas ha sido un proceso constante, gracias al cual –junto con la actividad de las oenegés internacionales en terreno, cuyo despliegue se produjo a partir de los noventa– pueden observarse diferencias significativas respecto al código penal iraquí, el cual sigue actuando como óbice para el desarrollo de una legislación autónoma. 

Para ampliar: Mosul: cuatro años después de la ocupación del Estado Islámico

Algunos ejemplos de movilización femenina en los primeros momentos de la autonomía pueden ser encontrados en la campaña iniciada en 1993 exigiendo la modificación del Código Penal iraquí y la Ley del Estatuto Personal, o la manifestación de 1994 protagonizada por mujeres demandando frente al Parlamento el fin de la guerra civil. La campaña de 1993 vio sus frutos cuando en 2008 se logró la enmienda de varios artículos de la Ley del Estatuto Personal. Esto supuso un hito en cuanto a que implicó restricciones a la poligamia, o que el testimonio de dos mujeres dejase de equivaler a aquel del de un hombre.  

Dos años más tarde, en 2011, se produjo otra de las grandes victorias: el parlamento kurdo aprobó la Ley de lucha contra la violencia doméstica en la región del Kurdistán-iraquí. Entre sus disposiciones se incluían la anulación de cláusulas previas que permitían el castigo físico proveniente del principal proveedor masculino de la familia, el matrimonio forzado y los asesinatos de honor, entre otras formas de violencia. 

Otra de las grandes iniciativas relacionadas que tuvo lugar paralelamente fue la campaña Stop FGM in Kurdistán en 2007, liderada por la organización alemano-iraquí WADI. Contando con amplio apoyo entre la sociedad civil, la campaña consiguió más de 14.000 firmas y logró llevar al parlamento una petición para la prohibición de la mutilación genital femenina (MGF), siendo esta finalmente incluida entre las medidas incluidas por la Ley de lucha contra la violencia doméstica de 2011. 

En el año 2007, el porcentaje de mujeres víctimas de MGF en el Kurdistán iraquí ascendía al 72%, a excepción de la provincia de Duhok. En cambio, los datos oficiales más recientes de 2018 revelan que, aunque la prevalencia de la MGF sigue siendo de en torno al 50% en las provincias de Suelimania y Erbil –con una notoria diferencia respecto a Duhok donde se sitúa en el 1,7%–, este porcentaje se reduce al 7.4% cuando hablamos de las niñas que son mutiladas cada año. Al igual que sucede con los asesinatos de honor, la incidencia suele ser mayor en las áreas rurales, así como en las zonas sorani, más próximas a la frontera con Irán. 

Otro de los aspectos más visibles y mediáticos que evidencian la doble lectura que ha de hacerse de la movilización femenina en el Kurdistán iraquí –aspirando a la emancipación en términos de género, pero también nacional– fue la intervención de las mujeres en la peshmerga en la defensa del territorio frente al ISIS entre 2014 y 2018. Para las mujeres, alistarse en la peshmerga, además de convertirse en una vía de escape al control patriarcal a nivel individual, puso en tela de juicio colectivamente la capacidad de participar en el espacio público y en actividades tradicionalmente reservadas para los hombres.

Este hecho ha sido considerado por algunos sectores como un momento decisivo en el cuestionamiento de los roles de género en la sociedad kurda, aunque esta idea no deja de ser rebatida en relación al impacto real que ha supuesto a nivel estructural y en la inclusión de las mujeres en los escenarios posbélicos de negociación con el gobierno central.

Para ampliar: La lucha de la mujer kurda

Por otra parte, las mujeres se encuentran presentes en la esfera pública y en el plano político. Desde 2009 existe una cuota que reserva el 30% de los asientos del parlamento, cuya presidencia es asumida en la actualidad por Rewaz Faiq Hussein. Esta representación se ve replicada en los diferentes partidos políticos, incluyendo a la Unión Islámica del Kurdistán y al Grupo de la Justicia del Kurdistán, las dos principales fuerzas islámicas, variando la cuota entre el 25% y el 30% en función del partido. En lo que a la educación se refiere, el 52% de los estudiantes universitarios son mujeres, y en 2018 se decretó que las universidades debían contar con unidades de género.

Con todo, la lucha por la mejora de los derechos efectivos de las mujeres se desarrolla en un entorno altamente adverso. A pesar del progreso formal obtenido, la vida de las mujeres kurdas se circunscribe en un continuum de violencia, incentivado por la pervivencia de estructuras neotribales reguladas por jerarquías de edad y género y la influencia de la sharía en la legislación iraquí y de las agrupaciones políticas islámicas.

El predominio de la tribu como reproductor de la cultura patriarcal

La preeminencia de la familia y los lazos de parentesco como núcleo vertebrador social en el Kurdistán iraquí ha de entenderse como un vestigio de la organización en torno a la tribu, al mismo tiempo que una estrategia de resistencia a la luz de las tácticas de arabización y eliminación utilizadas durante el mandato de Saddam Hussein. Es así como este atributo se traslada a un nivel más amplio, ubicándose en el centro del funcionamiento de un sistema político protagonizado por los dos principales partidos, en los que predominan las dinámicas sectarias y neopatrimoniales y que dividen el Kurdistán iraquí en dos grandes zonas: el PUK de la familia Talabani, de orientación socialdemócrata, representado por el color verde y el KDP de los Barzani, el cual cuenta con un posicionamiento conservador y emplea el amarillo.

Para ampliar: Claves para entender el apoyo israelí al referéndum kurdo iraquí

En estas circunstancias, los asesinatos de honor configuran una de las manifestaciones de la cultura de la impunidad y la profunda implementación del sistema patriarcal. Pese a hallarse tipificados, asiduamente, estos crímenes son encubiertos como suicidios por parte de los cuerpos de seguridad, y es la propia víctima la que es culpabilizada públicamente y en redes sociales. Uno de los ejemplos recientes más mediáticos es el de Maria Sami, de 20 años, asesinada en Erbil el 7 de marzo en 2022. Cuando la policía todavía estaba investigando el suceso, su hermano admitió su culpabilidad en Kurdistan 24, un canal de televisión vinculado al KDP, tratando de justificarse. Los asesinatos de honor se convierten así en un medio de control de la sexualidad de las mujeres, dado que estas no solamente son las portadoras del honor de la familia, sino también de la nación. En el imaginario colectivo, las mujeres encarnan la patria y las fronteras que han de ser defendidas por los hombres frente a amenazas externas.

Los asesinatos de honor no siempre resultan perseguidos judicialmente, sobre todo cuando los responsables cuentan con la protección de figuras políticas o dentro del clan. Esto actúa como un incentivo, y, parcialmente, explica el acusado incremento en los últimos años, incluso en los datos proporcionados por el gobierno, los cuales son inferiores a la incidencia real, especialmente en las zonas rurales. Así, la Dirección de Lucha contra la Violencia contra las Mujeres del GRK situó en 120 a las mujeres víctimas de asesinatos de honor en 2019. A ello se debe sumar que, en ocasiones, los asesinatos pasan inadvertidos, siendo las víctimas enterradas anónimamente. A este respecto, en 2021 el viceprimer ministro Qubad Talabani puso en marcha una iniciativa para identificar aquellas sepulturas.

Museo Amna Suraka, en Sulaymaniyah, que rememora la persecución del pueblo kurdo.
Museo Amna Suraka, en Sulaymaniyah, que rememora la persecución del pueblo kurdo. Fuente: Ana Olmedo

De esta manera, la estructura tribal y patriarcal prevalecente en la sociedad kurda expone a las mujeres a violencias que adoptan diversas formas, como la privación económica a raíz del estigma que supone desempeñar varios puestos de trabajo –especialmente aquellos de cara al público–, hasta las complicaciones a la hora de mantener la custodia de los hijos ante el divorcio o el incremento de matrimonios infantiles o matrimonios forzados. En torno a un 60% de mujeres reportaron haber sido víctimas de violencia doméstica antes y después del matrimonio y el acoso sexual en la calle o en el lugar de trabajo son asimismo reportados como habituales. En las manifestaciones descritas convergen las carencias legislativas o la débil aplicación de la ley, junto con la responsabilización de la mujer sobre las formas de abuso que pueda sufrir y la presión para que las acepte. 

La influencia de la sharía en la legislación iraquí

Desde la caída de Saddam Hussein, el Kurdistán Iraquí se ha hallado inmerso en un proceso de transformaciones sociales y de apertura a influencias occidentales, previamente desconocidas. La llegada de flujos de inversión extranjera; la irrupción de la telefonía, internet y de las redes sociales; la salida de su población a Europa y Estados Unidos y el choque cultural producido por el éxodo rural y el proceso de urbanización tras la destrucción de los 4.500 pueblos destruidos como consecuencia de la campaña Anfal son factores que facultan entender la transición que está experimentando el territorio y la ola reaccionaria que surge como respuesta. 

Desde la década de los noventa, se ha producido un auge de la militancia islámica. Aun cuando en la conformación del parlamento actual los dos principales partidos islámicos, la Unión Islámica del Kurdistán (KIU por sus siglas en inglés) y el Grupo de la Justicia del Kurdistán (antiguo Grupo Islámico del Kurdistán, o KIG) han perdido cinco y un asientos respectivamente respecto al anterior mandato, el islam continúa contando con un importante peso en la sociedad kurda, granjeándole tanto al clérigo como a las agrupaciones islámicas una posición de autoridad y reconocimiento. 

Los partidos islámicos, apoyados por Irán, se erigen como el eslabón más visible de un sector conservador que recriminan al feminismo la destrucción del tejido social y la familia. Dichos reproches se traducen en el acoso y la persecución a las mujeres participantes en organizaciones y asociaciones, los cuales se cristalizan en episodios como el asesinato de la activista Nagihan Akarsel en Suleimania en octubre de 2022.

Para ampliar: La ONU contra Irak: historia del desmantelamiento de un país

A ello cabe añadirle las cortapisas que ejerce la legislación iraquí al establecer al islam como un principio base de la Constitución que no puede ser contradicho. Una muestra de la tensión resultante ante la instrumentalización de este principio por el sector religioso y la voluntad de desarrollar una legislación autónoma, fruto de la presión producidas por la sociedad civil, puede ser encontrada en la criticada decisión de la Corte Suprema Federal de Irak de anular la enmienda de 2008 a la Ley del Estatuto Personal por la cual la poligamia constituía una razón válida para solicitar el divorcio, ya que se considera que va en contra de la sharía. La enmienda ha sido objeto de ataque en reiteradas ocasiones, siendo frecuentes que los clérigos alienten contraer segundos matrimonios en zonas donde se aplica la legislación federal como Kirkuk o Mosul con mujeres árabes, siendo particularmente vulnerables aquellas refugiadas procedentes de Siria y del Iraq federal.

Por otra parte, la MGF se torna otra lacra de la sociedad kurda, que pese a encontrarse penada, continúa tratándose de un fenómeno extendido debido a factores de índole cultural –relacionados con el control de la sexualidad– y religiosa. En este sentido, existe la creencia de que los alimentos y el agua que entren en contacto con las manos de una mujer no sometida a la mutilación son haram. Incluso cuando no existen evidencias en las sagradas escrituras que respalden la MGF, esta es habitualmente promovida por los líderes religiosos. 

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.