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Los agricultores franceses amenazan con bloquear París

Agricultores franceses bloquean una autopista en los alrededores de París.
Agricultores franceses bloquean una autopista en los alrededores de París. Fuente: Esteve Alonso

Entre tractores, humo de barbacoa y cervezas, Damien Radet, líder del sindicato campesino FNSEA, nos recibe. El ambiente, que podría ser distendido, es el del frío parisino de enero y rodeado de policías, los cuales mantienen conversaciones triviales con los agricultores. Y es que en medio de las mesas de camping instaladas en la A15 a la altura de Argenteuil –a menos de 10 kilómetros de París–, el ambiente desprende una tensión sujeta a los movimientos del recién nacido gobierno de Gabriel Attal, nuevo primer ministro francés en substitución de la ya “quemada” Elisabeth Borne.

Damien se encuentra organizando la planificación para pasar los próximos días en la autopista. Y es allí donde nos explica brevemente por qué han decidido poner al nuevo gobierno de Emmanuel Macron en jaque. Lo que hace apenas unas semanas veíamos delante la puerta de Brandenburgo, en Berlín, es lo que las autoridades galas temen que suceda observando directamente al Arco del Triunfo levantado por Napoleón, en la plaza nombrada después del presidente Charles de Gaulle.

Con una caravana de tractores, no solo impidiendo el tráfico de los millones de franciliens –los habitantes de la región parisina– y turistas, sino también atacando supermercados y edificios gubernamentales, es como los agricultores franceses protestan contra una serie de medidas anunciadas por Gabriel Attal que han generado un gran descontento en un sector ya ahogado por los vicios del libre cambio.

Pero para entender por qué París se encuentra a menos de 10 kilómetros del cierre, trasladémonos unas semanas antes al país vecino. A Alemania.

El inicio de año alemán

En una demostración pública el 15 de enero, los agricultores alemanes hacían lo mismo, bloqueando el país contra el anuncio del ministro de Agricultura, Cem Özdemir, de eliminar el subsidio a los combustibles agrícolas y la imposición de un impuesto a la compra de vehículos del mismo sector. Si bien no son el único país donde hay protestas, como en Rumanía, en Alemania el desgaste del gobierno de la Ampelkoalition –coalición del semáforo– puede tener efectos importantes en el próximo lustro europeo.

Para ampliar: El desgaste del gobierno de coalición alemán

Entonces, por todo el país y en la capital, las protestas hacían de choque a un gobierno obligado a reducir su presupuesto después que el Bundesverfassungsgericht –Tribunal Constitucional Federal de Alemania–, tras un recurso de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU), dictaminara que ciertos aspectos de los presupuestos endeudaban al Estado por encima del límite constitucionalmente permitido desde 2009 del 0,35% del PIB. 

Así pues, las medidas en favor de la agricultura nacional han sido de las primeras en caer. Y ante esta situación, Alternativa por Alemania (AfD) se suma a la petición campesina –y de activistas medioambientales– de mantener tales ayudas y así atacar al gobierno de coalición de centroizquierda. Un AfD que en su programa electoral abogaba igualmente por la eliminación de dichos subsidios, al menos en un principio.

La propagación al vecino francés

Apenas una semana más tarde que sus vecinos alemanes, los agricultores franceses también han empezado un movimiento social, bloqueando autopistas en zonas como la frontera con España, destruyendo el aparcamiento de la cadena de supermercados E.Leclerc o quemando la sede de la seguridad social agraria en Narbonne. Si bien el mundo está bastante acostumbrado a ver cierta agresividad en las protestas francesas, lo que dentro del país sucede es un juego de equilibrios ante un nuevo gobierno liderado por exministro de Educación Gabriel Attal, y ante una perspectiva de elecciones europeas en menos de medio año.

Al sur del hexágono, en Toulouse, el 16 de enero de 2024, convocados por el la rama regional del sindicato mayoritario de los agricultores, la FNSEA, varios campesinos de la región estaban esperando el resultado de una negociación de la delegación sindical en la prefectura. Una vez terminada, uno de los líderes sindicales salió defendiendo y felicitándose por el logro de poder sobrepasar un poco el límite de agua a usar ante la actual sequía. Pero en un giro de guion, uno de los líderes regionales, Jérôme Bayle, se opone a su superior, tachando de vagas e insuficientes las promesas obtenidas y, en un momento de epifanía, llamaba a bloquearlas carreteras. 

“A diferencia de usted, yo no sé hablar bien, pero tengo un par de cojones” era la frase que marcaba el cambio de posición y el inicio de unas protestas que siguen en pie y que se han extendido por todo el país de forma espontánea, quizás siguiendo el ejemplo alemán.

El cerco a la capital

Más de una semana después, y a menos de 10 kilómetros de París, Damien Ridet, líder sindical de la FNSEA, nos cuenta algunas de las razones que los han llevado a dejar sus granjas y explotaciones para desfilar hacia la capital. Ridet dice que estas movilizaciones son solo la culminación de un estrés laboral provocado por la fuerte regulación francesa y europea a la que se ven sometidos. Pero atención, los agricultores no se quejan de las normas que aseguran higiene y calidad en sus productos, sino de que son solo ellos quienes deben hacerlo en un mercado donde la competencia extranjera tiene menos restricciones legales y la mano de obra es más barata. 

“Armonización” es la palabra que repite como solución a esta desventaja comercial, en la que Francia importa bienes de países menos exigentes a un precio de coste insostenible para el agricultor francés. Esta posición, sostiene, podría verse agravada de seguir adelante el gobierno con el acuerdo comercial con Mercosur. Un acuerdo que, insiste Ridet, el presidente Macron prometió que nunca firmaría.

Para ampliar: El 49.3 de la Constitución francesa: el legado de De Gaulle

Respecto el volumen de las protestas, a los agricultores no les gusta tener que bloquear los accesos a los miles de trabajadores, como ellos, que cruzan el río Sena para trabajar en París, pero saben que de eso depende no solo su calidad de vida, si no la de sus conciudadanos. Por ello están listos para quedarse todo el tiempo que haga falta.

Preguntado por la típica escena de agricultores franceses tirando frutas y verduras españolas de camiones que atraviesan la frontera, Ridet no se alegra de esa imagen, pero llama a sus compañeros españoles a salir a las calles como ellos para luchar por una profesión digna, pues el enemigo no son los agricultores de diferentes países, si no la regulación que los lleva al límite.

Después de estas palabras, Ridet sigue su trabajo de organización y sus compañeros empiezan a encender fuegos para calentarse ante el frío que se cierne. Pero el foco no está solo en este grupo de unos sesenta tractores, si no en las reivindicaciones que han movilizado a todo el país.

Las reivindicaciones de los agricultores franceses

Toda esta cólera surge después que el gobierno francés hubiera eliminado progresivamente el subsidio a los GNR –combustibles no previstos para la circulación por carretera–, se limitara el acceso al agua o no se apoyara al sector ante la infección de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica.

Entonces, el nuevo gabinete, que no cuenta ni con un mes de vida, ha empezado a gestionar la crisis incipiente, enviando un equipo ministerial, capitaneado por el nuevo primer ministro, al punto de origen de las protestas el pasado viernes 26. Attal, que apareció por sorpresa en la autopista, anunciaba el regreso del subsidio al GNR o el reembolso de los costes veterinarios, intentando mostrar una posición dialogante con los movilizados. Bayle, quien fuera el instigador de la movilización, fue el primero en levantar el bloqueo tras las palabras del primer ministro. Un acto que ha sido recibido con críticas por parte de sus compañeros.

Otro sindicato discordante con la FNSEA, como la Conféderation Paysanne se oponen al acuerdo comercial con el Mercosur, que abriría la puerta a la importación de alimentos más baratos, entre otros motivos, por no estar sujetos al derecho europeo más exigente. También reclaman precios mínimos a los productos importados o prohibir por ley la venta de productos agrícolas bajo precio de coste.

La purga por el poder en Matignon y el horizonte 2027

En el plató de TF1, el ministro del Interior Gérald Darmanin decía: “Sí, [los agricultores] están sufriendo y tienen derecho a exigir. Como ministro del Interior, a petición del Presidente de la República y del Primer Ministro, les dejaré ir haciendo. […] No respondemos al sufrimiento enviando los CRS [policía antidisturbio]”. Estas declaraciones, que dejaban atónito también al presentador del programa Le 20h, sorprendían al público por lo contradictorias que podían sonar.

Darmanin, ministro del Interior desde 2020, ha sido el encargado de dirigir la represión contra varios episodios de protestas, como las movilizaciones contra la reforma de la edad de jubilación, la oposición a proyectos de mega acuíferos o las protestas en los banlieues –suburbios– parisinos, que fueron marcadas por una especial gravedad y brutalidad por parte de las fuerzas del orden. Una práctica habitual de mantenimiento del orden público que llevó a detenciones masivas, también de turistas o periodistas y una praxis policial en muchas ocasiones simplemente ilegales.

Agricultores franceses se manifiestan en los alrededores de París.
Agricultores franceses se manifiestan en los alrededores de París. Fuente: Esteve Alonso

No es menos cierto que en algunas de esas movilizaciones el nivel de disturbios fue importante, pero si la quema de mobiliario público u otros bienes también inmuebles escandalizaron al ministro, ahora, Darmanin adopta una posición conciliadora, aún habiéndose visto edificios públicos como la Seguridad Social de los Agricultores (MSA) ardiendo en Narbonne.

Aun así, las razones que llevan a este comportamiento más laxo pueden simplificarse en la debilidad de un nuevo gabinete atacado por investigaciones periodísticas y visto como un gobierno de las “elites parisinas” y el horizonte de las europeas en junio. Porque como el diario francés Mediapart menciona, el entorno del ministro del Interior sabe que oponerse al campesinado es abrirle las puertas a la extrema derecha. Más aún, con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina y después de ver como la AfD está intentando sacar partido de la movilización agrícola en Alemania.

Para ampliar: Crisis de gobierno en Francia: Macron cambia de primer ministro

Igualmente, Darmanin, que se postulaba como primer ministro, si no sucesor de Macron en 2027, puede ver aquí su oportunidad para desgastar a Gabriel Attal al tiempo que el sale ileso de la polémica. Cada uno saca provecho del cadáver que tiene en frente de la mesa.

En todo caso, lejos de los despachos de la capital, la realidad es que dos agricultores se suicidan cada día en Francia, de media. Porque hoy, a pesar del aumento de los precios de los alimentos, los campesinos ven más difícil seguir adelante con una industria sujeta cada vez a más regulaciones, que se abre a una competición más barata de otros lados del mundo y en la que los precios finalistas no repercuten en nada a los costes de producción.

Y ante este problema, como cada vez es más marcado, las pocas vías participativas de la democracia francesa muestran su ineficacia. Poniendo sobre la mesa como, en contra de lo deseado, las acciones fuertes, si no la violencia, son la única herramienta capaz de hacer bajar a los ministros de sus palacios parisinos. 

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