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Las elecciones en Brasil, la gran batalla por el futuro de América Latina

Las elecciones en Brasil, cruciales para Trump y para toda la región, enfrentan a Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.
Las elecciones en Brasil, cruciales para Trump y para toda la región, enfrentan a Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Fuente: Depositphotos

Hoy, 4 de octubre de 2026, se celebran las elecciones presidenciales en Brasil, en un contexto regional marcado por el avance de la extrema derecha y la creciente injerencia estadounidense e israelí.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva buscará un cuarto mandato al frente del Palacio de Planalto, con una candidatura que aspira a consolidar el ciclo reiniciado en 2023 tras derrotar al bolsonarismo y recuperar las líneas básicas de los 13 años de gobiernos “petistas” entre 2003 y 2016. 

Al mismo tiempo, Lula se presenta como un dique frente al ascenso de las derechas latinoamericanas; de hecho, el oficialismo del Partido de los Trabajadores (PT) ha insistido en el carácter internacional de estos comicios.

Además de la disputa por la presidencia, el proceso electoral definirá la correlación de fuerzas en el Congreso y en los gobiernos estatales, en un momento en el que América Latina ocupa un lugar central en la política exterior de Donald Trump y en el que, por extensión, Brasil vuelve a adquirir un papel destacado en la política global.

Del otro lado, la oposición encabezada por Flávio Bolsonaro intenta capitalizar el apoyo externo con un discurso centrado en la seguridad, los valores conservadores y el respaldo de sectores evangélicos.

Lula da Silva

El Partido de los Trabajadores oficializó la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva durante una convención nacional celebrada en São Paulo, confirmando que el actual presidente buscará un cuarto mandato en la que será su séptima candidatura presidencial. De imponerse en los comicios, Lula alcanzaría 16 años al frente del Ejecutivo brasileño, una cifra solo superada por Getúlio Vargas en la historia contemporánea del país.

Tras las derrotas sufridas en las elecciones presidenciales de Brasil en 1989, 1994 y 1998, Lula conquistó el gobierno en 2002 y fue reelegido en 2006. Después de pasar 580 días en prisión, fruto de un exitoso proceso de lawfare en su contra, y recuperar posteriormente sus derechos políticos, regresó al poder en 2022, convirtiéndose nuevamente en líder de la izquierda brasileña y en uno de los grandes iconos de la izquierda latinoamericana.

Durante sus dos primeros mandatos, Lula impulsó una política exterior orientada a ampliar la autonomía estratégica de Brasil mediante una estrategia de diversificación de alianzas y fortalecimiento de los mecanismos de integración regional.

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Su gobierno promovió la consolidación de espacios como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), reforzó el Mercosur y situó a Brasil como uno de los principales impulsores de los BRICS, combinando una intensa diplomacia sur-sur con una relación pragmática con las potencias occidentales.

Esa proyección internacional convirtió al país en un actor de referencia para América Latina y en un interlocutor cada vez más influyente en los principales foros multilaterales. Brasil fue, evidentemente, uno de los principales promotores del latinoamericanismo de los gobiernos de la “marea rosa” de izquierdas.

La campaña electoral pivota parcialmente alrededor de la injerencia de Washington y otros gobiernos como Buenos Aires en favor de Flávio Bolsonaro. Lula da Silva busca mantener un perfil alto poniendo en valor la defensa de la autonomía estratégica latinoamericana. 

En el plano interno, necesitará superar el mayor punto débil de la izquierda brasileña: su relación con el electorado evangélico. Consciente del peso creciente de estas iglesias, que representan cerca de un tercio del padrón electoral, el oficialismo ha comenzado a desarrollar un discurso más específico para ese segmento, a priori cooptado por el imaginario bolsonarista. 

Flávio Bolsonaro

La principal alternativa al oficialismo en las elecciones presidenciales de Brasil es Flavio Bolsonaro, quien aspira a recuperar el poder para el espacio político construido alrededor de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Flávio es senador desde el año 2019, y previamente había sido legislador en Río de Janeiro.

Alineado con la derecha radical continental, Bolsonaro ha recibido el apoyo de grandes nombres propios de América Latina –como Javier Milei o Abelardo De La Espriella, recientemente electo presidente de Colombia–. Su candidatura concentra buena parte del voto conservador y mantiene una posición especialmente sólida entre los hombres, los votantes evangélicos, los electores de entre 25 y 44 años y los estados del sur del país.

Las encuestas han mostrado durante toda la campaña un escenario altamente dividido. Los distintos sondeos sitúan a Lula por delante tanto en primera como en segunda vuelta, aunque con diferencias relativamente ajustadas en comparación con otros procesos electorales.

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El presidente conservaría una amplia ventaja en el nordeste, entre los sectores de menores ingresos y entre los votantes con mayor nivel educativo, mientras la oposición domina en estados tradicionalmente conservadores como Paraná. Minas Gerais, considerado históricamente el principal termómetro electoral brasileño, aparece en situación de empate técnico.

Según AtlasIntel, en la prácticamente asegurada segunda vuelta, habría una suerte de empate técnico. Ambos candidatos superarían con escaso margen la barrera del 46% de intención directa de voto, con un 7,4% de indecisos. El mismo informe expone que, en la primera vuelta, Lula obtendría una cifra en torno al 43%, mientras Flávio Bolsonaro rondaría el 37%. 

El resultado no solo definirá el rumbo político de Brasil durante los próximos cuatro años, sino también el equilibrio de fuerzas entre los proyectos progresistas y la nueva derecha en América Latina.

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