
Apenas queda un mes para las elecciones legislativas intermedias en Estados Unidos –las mid-term elections– y las expectativas del Partido Republicano no dejan de reducirse. Estos comicios han sido históricamente difíciles para la formación que controlaba en cada momento la Casa Blanca, pero los datos demoscópicos arrojan un escenario particularmente duro para el Grand Old Party.
Actualmente, son los republicanos los que ostentan el control de las dos cámaras: 53 de 100 en el Senado y 218 de 435 en la Cámara de Representantes. Las encuestas, no obstante, anticipan que los demócratas se harán con una mayoría en ambas.
La bolsa de votos se vacía
La victoria de Donald Trump en 2024 no habría sido posible sin el sorprendente respaldo que recibió el Partido Republicano entre amplios sectores de la clase trabajadora, entre la juventud y entre determinadas minorías étnicas. Semejante anomalía no parece que vaya a repetirse en noviembre.
Entre los votantes hispanos, su respaldo aumentó del 36% registrado en 2020 al 48% en las presidenciales de 2024, dando de sí una suerte de empate técnico con Kamala Harris.
Entre los afroamericanos, el líder republicano pasó del 8% al 15%, una cifra muy escueta en términos absolutos, pero que representaba prácticamente una duplicación. Entre los ciudadanos de ascendencia asiática, este apoyo creció del 30% al 40%.
La evolución también fue muy notable según el nivel de ingresos. Los ciudadanos con ingresos inferiores a 50.000 dólares y aquellos situados entre 50.000 y 100.000 dólares se desplazaron considerablemente hacia Trump, quien ganó en ambos segmentos. Por su parte, los votantes con ingresos superiores a 100.000 dólares respaldaron mayoritariamente a Harris.
Entre los jóvenes, aunque la demócrata mantuvo la ventaja, esta se redujo respecto a los resultados cosechados por Joe Biden en 2020: diez puntos entre los menores de 50 años y siete entre los menores de 30.
Si los datos de los recientes trabajos demoscópicos son correctos, aquellas anomalías no se habrían asentado, y esos sectores tradicionalmente opuestos al Partido Republicano estarían volviendo a sus posiciones históricas. Los índices de aprobación de Trump y las preferencias electorales de cara a las elecciones de mitad de mandato son claros en ese sentido.
Según la encuesta más reciente de The New York Times/Siena, realizada a mediados de septiembre, su aprobación entre los menores de 30 años, que le otorgaron el 39% de sus sufragios en 2024, se sitúa actualmente en el 18%. Asimismo, los demócratas aventajan a los republicanos entre este grupo: un 64% frente a un 29% en la intención de voto al Congreso.
Entre quienes perciben menos de 50.000 dólares, Trump obtuvo una estrecha victoria en 2024; actualmente, el 63% declara preferir a un candidato demócrata frente al 31% que optaría por uno republicano. Entre los hispanos, tras alcanzar el 48%, su aprobación ha descendido al 26%, mientras los demócratas lideran con un 68% frente al 25% la intención de voto.
La imagen de Donald Trump
Según YouGov, el diferencial de apoyo a Trump en su segundo mandato registra un crudo -26 a finales de septiembre de 2026. Por poner en perspectiva, Joe Biden tenía a estas alturas de su mandato un diferencial de -9, y el propio Trump, en septiembre de 2018, uno de -10.
Solo tres estados del país otorgan al presidente estadounidense un diferencial positivo a estas alturas: Idaho, Wyoming y West Virginia. Y, quizá el dato más preocupante para el Grand Old Party: los seis estados que votaron a Biden en 2020 y a Trump en 2024 –es decir, aquellos territorios que decantaron la balanza para que el republicano volviese a la Casa Blanca– registran un diferencial negativo.
En Arizona, el diferencial es de 9 puntos; en Nevada, Michigan y Pennsylvania, 14; en Wisconsin, 15; en Georgia, 19. Además, no hay un solo grupo demográfico que registre un ratio positivo en su valoración de Donald Trump. Algunos muestran niveles de rechazo verdaderamente significativos.
Entre la población afroamericana, el diferencial es de -65, y se sitúa entre -20 y -40 en las mujeres, los menores de 64, la población hispana y, en general, no blanca, y en todos los niveles educativos a excepción de aquellos que cuentan con formación básica o sin formación.
En realidad, estos datos ilustran un cuadro de apoyo al Partido Republicano mucho más cercano a su bloque tradicional –hombres de mediana y avanzada edad, blancos y con poca educación– que al bloque que le brindó la victoria en 2024, mucho más diverso a todos los niveles.
Pero, además, el mismo trabajo de YouGov da cuenta de la dificultad que el Partido Republicano está atravesando a la hora de imponer su agenda. Solo el 13% de los votantes republicanos consideran que la inmigración es el principal problema que afronta Estados Unidos –un escueto 2% entre los demócratas–, mientras un 37% de esos mismos republicanos achacan a la inflación y los precios su mayor preocupación.

De cara a las mid-term en Estados Unidos, no ayudan a la Casa Blanca ni el aumento de los precios de la gasolina ni la inevitable responsabilidad que carga sobre los hombros de Trump por haber desatado, junto a Israel, la crisis de Oriente Medio y de los dos estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.
La campaña de persecución racista del ICE en numerosas ciudades pudo contentar durante unas semanas a los segmentos más radicalizados del electorado MAGA, pero espantó a votantes centristas y movilizó a la oposición demócrata.
El auge de la izquierda socialista dentro del Partido Demócrata tampoco parece ser una preocupación entre el electorado de los Dems, que ven con buenos ojos –o, al menos, no rechazan– una transición de agenda y liderazgos en su partido. Y lo más preocupante para el Grand Old Party es que esta radicalización del espacio opositor tampoco aparece como una preocupación de peso entre el público republicano.
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