
El 11 de mayo de 2025, fuerzas del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda, lanzaron una ofensiva contra la base militar de Djibo. Este asalto contra las fortificaciones del ejército se ha convertido en una de las mayores operaciones de la insurgencia yihadista en Burkina Faso en lo que va de año. Con cientos de combatientes en motocicletas y el apoyo táctico de drones, el ataque supuso un duro golpe para Uagadugú, que, según afirma el propio JNIM, perdió hasta 200 soldados.
La toma de Djibo representa un revés militar y simbólico de gran magnitud para Burkina Faso. Entre las imágenes publicada por el JNIM, se puede ver a tres combatientes encaramados sobre el monumento de la Plaza de la Alianza de los Estados del Sahel, inaugurada hace apenas unos meses. En otra instantánea, varios yihadistas posan en el despacho del comandante militar de Djibo, bajo el retrato oficial del jefe de la transición, Ibrahim Traoré, colgado en la pared.
Al mismo tiempo, en un espacio de doce horas, los yihadistas llevaron a cabo ataques simultáneos contra al menos seis emplazamientos militares en Burkina Faso, la mayoría de ellos ubicados en el norte del país: Sollé, Sabcé, Bougou, Bogoya, Yondé, Boulsa. Asimismo, el JNIM se hizo con el control de la prisión de Diapaga el 13 de mayo, liberando a los prisioneros y consiguiendo reclutar a varios de ellos en sus filas.
Entre los vídeos difundidos por el JNIM también se aprecia cómo los combatientes utilizaron fuego de supresión para repeler a las aeronaves militares burkinesas. De esta forma, la organización yihadista pretende demostrar que ahora tiene la capacidad de contrarrestar el poder aéreo de la junta militar liderada por Ibrahim Traoré.
Esta dinámica supone una clara evolución del conflicto burkinés: en el último gran asalto contra Djibo, en 2023, el JNIM fue repelido mediante el uso de drones; en esta ocasión, sin embargo, asaltó la ciudad durante horas y logró obtener resultados mucho más contundentes, en parte gracias a estas nuevas tácticas. Todo indica que métodos similares habrían sido utilizados también en la ciudad de Diapaga.
Todos estos ataques se produjeron justo cuando el capitán Ibrahim Traoré regresaba a Uagadugú procedente de Moscú, donde asistió al Día de la Victoria y se reunió con el presidente ruso Vladimir Putin. El intentó de Traoré de venderse como un nuevo Thomas Sankara solo esta teniendo éxito entre una sección minoritaria de la población del país.
La estrategia yihadista en Burkina Faso
La junta militar no deja de encadenar derrotas militares frente a los yihadistas y ya ha perdido el control del 60% del territorio nacional, con un 40% bajo la influencia directa del JNIM. El papel de Africa Corps –anteriormente conocido como Grupo Wagner– no está sirviendo de mucha ayuda por ser meramente una fuerza de choque contrainsurgente.
Mientras tanto, el líder del JNIM en Burkina Faso, Ousmane Dicko, se hace fuerte y acrecienta su perfil como actor regional, recriminando a los gobiernos de Malí y Burkina Faso al considerar que son los responsables de una limpieza étnica contra los fulanis, lo que legitima su lucha armada contra esos gobiernos. En una declaración pública, Dicko dejó caer el enfoque de JNIM hacia el resto de Estados: "No luchen contra nosotros y nosotros no lucharemos contra ustedes".
Estos movimientos confirman la línea estratégica seguida por el JNIM: minar a la junta militar de Burkina Faso como eslabón débil para asentar una presencia territorial permanente en el norte y el este del país, bastiones de Ansarul Islam y Katiba Hanifa respectivamente –ambos grupos integrados en la estructura de mando del JNIM–.
Este control territorial permitirá generar un arco que conecte con las fuerzas en Tillabéri (Níger), así como con la Macina y Kidal (Malí), dotando a la organización yihadista de flexibilidad para pivotar desde Burkina Faso un control efectivo de la triple frontera, haciendo aguas el proyecto de la Alianza de Estados del Sahel (AES).
Militarmente, esto se ha traducido en un redoble de esfuerzos sobre Burkina Faso, mientras se mantiene cierta calma en Malí, donde ya se ha consolidado una presencia sólida. La naturaleza de los últimos ataques del JNIM indican un cambio hacia un control temporal de las ciudades y posiciones militares estratégicas, negando al ejército burkinés el acceso a estas áreas y obligándole a redirigir importantes recursos, lo que expone otras zonas a incursiones y operaciones de igual gravedad.
Esto obligaría a la junta militar a mantenerse en una contraofensiva permanente, lo que reduciría la moral y agotaría los recursos, mientras que, simultáneamente, capacitaría a los cuadros del JNIM para la administración efectiva de los territorios.
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