Japón, democracia de partido único

Japón constituye una democracia parlamentaria de tipo multipartidista. Sin embargo, se da la circunstancia de que desde la década de 1950 el Partido Liberal Democrático ha ostentado la hegemonía política por encima de otras fuerzas políticas, una situación que ha logrado mantener incluso después del final de la Guerra Fría. Solo en dos ocasiones los partidos de la oposición han liderado el gobierno, en 1993-1996 y en 2009-2012, y en ambas la experiencia no estuvo exenta de conflictos y decepciones.

En el siguiente artículo hacemos un recorrido tanto por los orígenes del sistema político, como por las dos experiencias en que partidos de la oposición consiguieron articular alternativas de gobierno al Partido Liberal Democrático.

La posguerra y la formación del actual sistema

El actual sistema político hunde sus raíces en las reformas políticas y constitucionales que siguieron a la derrota del país en la Segunda Guerra Mundial y la ocupación militar norteamericana (1945-1952). Desde los primeros tiempos estos procedieron a emprender una liberalización política (autorizando la existencia de numerosos partidos y sindicatos) e implementaron numerosas reformas en el ámbito interno, como fue permitir el voto femenino. También pusieron en marcha la redacción de una nueva carta magna que dejase atrás al Estado de la era Meiji. La nueva constitución, que entró en vigor en 1947 y estaba muy influenciada por los ocupantes norteamericanos, estableció una democracia parlamentaria de corte liberal y multipartidista.

Ciudadanos votan en las primeras elecciones tras la Segunda Guerra Mundial, en 1946

Tras las elecciones parlamentarias de 1947 el prestigioso líder socialista Tetsu Katayama formó un gabinete de corte progresista y reformista que emprendió un buen número de reformas económicas y sociales, muchas de las cuales tendrían vigencia hasta finales del siglo XX. Sin embargo, la etapa en el poder del Partido Socialista de Japón (PSJ) fue solo una breve experiencia, y al cabo de un año el gobierno Katayama cayó. Durante los siguientes años se sucedieron varios de gabinetes de corte conservador, al tiempo que avanzaba la reconstrucción del país.

En el contexto de la Guerra Fría los Estados Unidos comenzaron a mostrar preocupación por las conexiones de los partidos políticos de izquierdas con la Unión Soviética, lo que en muchos casos le llevó a intervenir directamente en la política interna de países aliados. En el caso de Japón, se aseguró de marginar y barrer de la escena política al Partido Comunista de Japón (PCJ), que en las elecciones de 1949 había sacado casi tres millones de votos y 35 escaños en la Cámara de representantes; consecuencia de la campaña represiva desatada por las autoridades norteamericanas de ocupación, en las elecciones de 1952 el partido obtuvo menos de un millón de votos y quedó fuera del parlamento. El PCJ tardaría casi dos décadas en volver a recuperar su relevancia política y social.

A mediados de la década de 1950, en un momento en que coexistían varias fuerzas parlamentarias de corte conservador y liberal, los políticos Shigeru Yoshida e Ichirō Hatoyama acordaron unificar sus partidos para dar lugar a uno nuevo que unificase las diversas tendencias a la derecha. La nueva formación fue fundada en noviembre de 1955, adoptó el nombre de Partido Liberal Democrático (PLD), siendo comúnmente conocido en Japón por la forma abreviada «Jimintō». El papel de Estados Unidos tras este movimiento no fue menor y tuvo mucho que ver con el contexto de la Guerra fría. De hecho, como el diario New York Times destaparía años más tarde, durante las décadas de 1950 y 1960 la CIA financió con millones de dólares para asegurarse la hegemonía política de la nueva formación política.

Japón, que dejó atrás las privaciones de la posguerra, viviría entre las décadas de 1950 y 1970 una etapa de bonanza económica, lo que algunos han denominado el «Milagro económico japonés». Aquella situación permitió al Partido Liberal Democrático mantener una cómoda estancia en el poder, destacando la etapa de Eisaku Satō, que llegó a ser líder conservador y primer ministro durante casi ocho años (1964-1972). Fue también una época en que la formación logró afianzar entre muchos japoneses su imagen de buen gestor y partido de gobierno. Por su parte, aunque durante aquellos años la oposición estuvo muy activa, lo cierto es que las izquierdas (PSJ y PCJ) se hallaban desunidas y enfrentadas. El Partido Socialista de Japón continuó siendo una de las principales organizaciones políticas del país, pero sus resultados electorales le dejaban en una posición muy lejana respecto al «Jimintō».

El ultranacionalista Otoya Yamaguchi asesina a Inejiro Asanuma, Secretario General del Partido Socialista Japonés, durante un debate político televisado | Foto de Yasushi Nagao

La hegemonía del Partido Liberal Democrático también tuvo sus límites. Durante la década de 1970 la formación vivió horas bajas como consecuencia del descubrimiento de varios escándalos de corrupción y de los problemas económicos que siguieron a las crisis del petróleo (1973 y 1979). No obstante, el PLD lograría retener el poder y durante la década de 1980 el partido volvió a vivir un cierto renacer político e ideológico bajo la dirección del primer ministro neoliberal Yasuhiro Nakasone.

Todos contra el Jimintō

Durante casi tres décadas el «Jimintō» había detentado una posición hegemónica en el sistema político japonés y había logrado sobrevivir a muchas contrariedades. Sin embargo, a finales de la década de 1980 el partido del gobierno atravesó una serie de escándalos de corrupción que afectaron profundamente a su imagen y credibilidad entre el público nipón, en un contexto en que se sucedían varios líderes débiles tras la retirada del neoliberal Nasakone. A esto se sumaron las disputas entre las distintas facciones internas que componían el PLD, las cuales se saldaron con varias escisiones. Y mientras todo esto tenía lugar, el país del Sol Naciente se vio golpeado por una grave crisis económica que puso fin al crecimiento vivido por Japón desde la posguerra.

En este contexto, las elecciones parlamentarias de 1993 supusieron un auténtico revulsivo para el sistema político japonés. Por primera vez desde la década de 1950, el Partido Liberal Democrático perdió su mayoría en el parlamento —fueron sus peores resultados en años— y se vio obligado a salir del gobierno. No obstante, otra consecuencia de los comicios es que el parlamento se fragmentó considerablemente. Surgieron varios partidos nuevos procedentes de las filas liberal-conservadoras, cuyas posiciones políticas no hacían fácil la forja de pactos con otros grupos políticos. En un contexto en que el histórico PLD sufría un fuerte debacle electoral, paradójicamente la principal formación opositora —el Partido Socialista de Japón— también cosechó malos resultados y sufrió un descalabro tan grande como el «Jimintō».

Gabinete de gobierno de Morihiro Hosokawa, en 1993

Se formó un gobierno de coalición liderado por Morihiro Hosokawa —antiguo miembro del PLD— en el que participaron hasta siete partidos con tendencias muy diversas: desde conservadores y neoliberales hasta socialistas moderados. El único elemento común que compartían los miembros de un gobierno tan heterogéneo era su oposición al «Jimintō» y la voluntad de regeneración política.

Pero apenas un año después, y tras varias crisis de gobierno, en junio de 1994 se formó un nuevo gabinete liderado por el socialista Tomiichi Murayama. Era la primera vez desde 1947 que un miembro del PSJ accedía al puesto de primer ministro, lo que para algunos pareció anunciar una nueva etapa política. Aún así, la decepción no tardó en extenderse entre muchos militantes socialistas. El nuevo gabinete era en realidad una coalición del PSJ con el PLD —que regresaba al gobierno— y con un pequeño partido conservador. La vuelta al poder del Partido Liberal Democrático no fue la única sorpresa, puesto que el «Jimintō» también se hizo con el control de las principales carteras ministeriales.

El gabinete Murayama gozaba de una mayor solidez parlamentaria que sus antecesores, pero el contexto al que tuvo que enfrentarse no fue muy propicio. La crisis económica iniciada en 1990 no solo no terminaba de remitir, sino que persistió al punto de agudizar aún más sus efectos sobre la población. El gobierno también se vio golpeado por las consecuencias del grave terremoto de Kobe, en enero de 1995, y por la gestión del atentado con gas sarín en el metro de Tokio, ocurrido dos meses después. Todo esto empañó seriamente las iniciativas del gobierno en política interna y en política exterior. En este último aspecto, Murayama destacaría por ser el primer jefe de gobierno nipón que se disculpó públicamente por los crímenes de guerra cometidos por el Ejército Imperial durante las décadas de 1930 y 1940, en un claro gesto hacia sus vecinos.

Terremoto de Kobe de 1995 | KYODO

En enero de 1996 se produjo la dimisión de Murayama de su puesto como primer ministro, agotado por los problemas y la baja popularidad de su gabinete. Su propio partido se encontraba en medio de una crisis interna, con buena parte de la militancia decepcionada por lo que consideraban una traición a la ideología y principios del PSJ. Unos meses después se celebraron en Japón elecciones generales que supusieron la debacle definitiva del Partido Socialista japonés y el retorno de la hegemonía detentada por el Partido Liberal Democrático. Terminaba así la primera experiencia en décadas de una alternativa política al dominante «Jimintō».

El Partido Democrático, una nueva alternativa

La economía japonesa atravesó una mejora durante la década del 2000, en una época en que el Partido Liberal Democrático —que seguía al frente del gobierno nipón— conseguía recuperar su antigua hegemonía bajo la égida del derechista Junichiro Koizumi. De hecho, durante aquellos años la oposición se encontró fuertemente dividida y apenas si tenía relevancia pública. Pero una vez Koizumi abandonó el poder, en 2006, se produjeron varias crisis internas en el seno del «Jimintō» que tuvieron su colofón con la gran recesión económica que se inició a partir de 2008.

El malestar de una parte de la población se materializaría en las elecciones generales celebradas en agosto de 2009, en las cuales el Partido Liberal Democrático sufrió una histórica derrota. El opositor Partido Democrático de Japón (PDJ) obtuvo una sólida mayoría de la mano de su candidato, Yukio Hatoyama.

Gabinete de gobierno de Yukio Hatoyama, en 2009 | Jiji Press

Muchos japoneses depositaron sus esperanzas en esta formación y su candidato, confiando en que se llevaran a cabo cambios y reformas. Entre las promesas electorales del PDJ estaba acometer reformas en la administración, una nueva orientación de la política exterior nipona y una revisión de las relaciones con Estados Unidos. En este aspecto se incluía el tema de las bases militares estadounidenses en Okinawa, una cuestión tradicionalmente muy polémica en Japón. Sin embargo, el gobierno Hatoyama acabó firmando un acuerdo con los EEUU mediante el cual se mantenían las bases norteamericanas. Esto, unido otros hechos que habían afectado seriamente a la popularidad de Hatoyama, llevó a dimisión del primer ministro en junio de 2010.

Para expandir: Las bases estadounidenses en Okinawa: una cuestión polémica

Le sucedió en el puesto Naoto Kan, un político de larga experiencia. Kan había sido uno de los fundadores del Partido Democrático, y su nombramiento fue saludado como una apertura al pragmatismo político respecto a los fracasos de su antecesor. No obstante, el panorama que debió afrontar el gabinete liderado por Kan fue muy desfavorable. En primer lugar, la recesión económica iniciada en 2008 se empezó a agravar, al tiempo que China superaba a Japón como segunda potencia económica mundial. A esto se sumó, en marzo de 2011, el impacto provocado por el terremoto y tsunami que se produjeron en la región de Tōhoku, así como al desastre nuclear que siguió por la crisis de la Central de Fukushima.

La gestión gubernamental de ambos desastres fue muy criticada internamente, en parte por la lentitud en la reacción gubernamental y en parte por la opacidad sobre lo que realmente había ocurrido en Fukushima. El gabinete Kan tampoco llegó a materializar reformas de calado y se encontró además con las dificultades que encerraba el ecosistema de facciones que existía en el seno del Partido Democrático de cara a sacar adelante proyectos de leyes en el parlamento nipón.

Con una imagen profundamente erosionada entre la sociedad japonesa, Kan y su gobierno presentaron su dimisión en septiembre de 2011. En aquellas circunstancias, el moderado Yoshihiko Noda se hizo con las riendas del gobierno y del partido. Sin embargo, Noda renunció a buena parte del programa electoral de 2009 y se centró en gestionar el país en un contexto muy crítico. Es más, apostó por estrechar las relaciones con Estados Unidos y en junio de 2012 consiguió que se aprobase un incremento del impopular impuesto de consumos, a pesar de la fuerte oposición que existía en el seno de sus propias filas. Cuando a finales de 2012 se convocaron elecciones generales, el panorama para el Partido Democrático era especialmente sombrío.

Efectivamente, el día de los comicios se confirmó la debacle del PDJ. Las elecciones dejaron a una oposición muy fragmentada, la cual pudo contemplar cómo se producía el regreso al poder del Partido Liberal Democrático.

Epílogo y valoraciones

La debacle del Partido Democrático marcó el final de la segunda experiencia de alternativa política en dos décadas, la cual sería continuada con el regreso al poder del «Jimintō» y por un período de estabilidad política bajo le égida de Shinzo Abe como primer ministro. Reflejo de ello es el hecho de que Shinzo Abe ha conseguido permanecer en el poder durante más de siete años, algo poco habitual en la historia reciente de Japón. No obstante, hay que señalar el hecho de que una parte importante de los japoneses en edad de votar se abstiene de forma activa ante la falta de una alternativa política atractiva y, en consecuencia, el «Jimintō» se ha beneficiado de ello.

En síntesis, cabe señalar el hecho de que el Partido Liberal Democrático haya logrado mantener la hegemonía política durante más de medio siglo, incluso después del final de la Guerra Fría. Si bien esta formación ha sufrido diversas crisis y caídas en su popularidad a lo largo de su existencia, hasta ahora las experiencias fallidas de la oposición por articular alternativas políticas al «Jimintō» han arruinado las posibilidades de sus potenciales rivales y le han vuelto a abrir las puertas al poder.

Bibliografía consultada

BEASLEY, W. G. Historia Contemporánea de Japón. Madrid: Alianza Editorial, 1995.

GAUNDER, A. (ed.). Routledge Handbook of Japanese Politics. Routledge, 2011.

WARE, A. Partidos políticos y sistemas de partidos. Madrid: Ediciones Istmo, 1996.

Otras fuentes

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Manuel de Moya Martínez

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada. Doctor/PhD (Universidad de Córdoba). Me interesa la historia contemporánea, y en especial España, Alemania y Japón. Investigando sobre la imagen española de Japón.

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