
La noche del 8 de septiembre, alrededor de las 23:00 horas, los habitantes del oeste y el centro de Siria oyeron el ruido de un gran número de explosiones en dirección a la zona de Masyaf –gobernación de Hama–, cerca de la frontera sirio-libanesa. Los primeros reportes hablaban de entre 14 y 18 soldados sirios muertos tras uno o varios ataques aéreos de Israel contra unas instalaciones militares iraníes que supuestamente servían para fabricar misiles.
Hasta aquí, la noticia no se salía de lo más o menos común en los últimos años, un patrón que se ha intensificado tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023: bombardeos israelíes sobre posiciones o instalaciones militares de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) o de grupos armados afines en Siria.
Aunque parecía que los reportes no iban a tener más trascendencia, el 11 de septiembre, el medio opositor Syria TV y otros analistas comenzaron a publicar una serie de informaciones extraídas de fuentes sobre el terreno que afirmaban que, tras los bombardeos desde el aire, Israel también llevó a cabo una incursión terrestre para destruir el emplazamiento, ubicado a seis kilómetros al sur de la ciudad de Masyaf. Esta sería la primera operación terrestre israelí en suelo sirio en aproximadamente una década.
La instalación estaría construida por Irán de forma subterránea en una zona montañosa, diseñada para evitar los ataques de Israel y tener difícil acceso. Por ello, la operación comenzó con una serie de bombardeos, pero estos habrían ido dirigidos a cortar las carreteras de acceso a las instalaciones, además de destruir puestos de control militares y torres de comunicaciones con el objetivo de impedir que el ejército sirio pudiese mandar refuerzos.
A continuación, helicópteros de Israel que transportaban efectivos de la unidad de élite Shaldag se habrían dirigido hacia las instalaciones, apoyados por helicópteros de combate y drones. Durante la operación, la cual habría durado sobre una hora, las fuerzas especiales habrían ingresado al centro tras matar a los guardias sirios para retirar equipos y documentos importantes, minar las instalaciones desde dentro, destruirlas y retirarse bajo cobertura aérea.
Según los reportes, la instalación habría sido construida por los IRGC en 2018 y llevaría unos cinco años bajo vigilancia israelí. Este complejo serviría para el desarrollo de misiles balísticos y drones, proporcionando también apoyo logístico para Hezbolá, y había sido ya atacada hace un año por la fuerza aérea de Israel.
De acuerdo con la analista griega Eva Koulouriotis, más que la destrucción del lugar, el propósito de una operación así de arriesgada “es la importancia de los documentos y equipos militares contenidos en esta instalación, ya que en ella se trabajaba para desarrollar misiles y modificar sus capacidades para alcanzar objetivos con precisión y maniobrar frente a los sistemas de defensa”.
Así, esta información sería extremadamente importante para ajustar de manera adecuada las defensas aéreas del Estado sionista frente a los ataques de Hezbolá y de los IRGC. Según Axios, la cúpula israelí llevaría preparando esta incursión años, y se habría planteado ejecutarla al menos dos veces anteriormente. Además, debido al riesgo de la operación, Tel Aviv habría informado a la Administración Biden sin que ésta se opusiera a la ejecución del plan.
Las mayores dudas sin despejar se mantienen en el terreno de Rusia, ya que estas instalaciones están muy cercanas a la base aérea rusa de Khmeimim: ¿sabía Moscú sobre la operación y la permitió, impidiendo utilizar sus baterías antiaéreas? ¿En qué lugar dejaría eso a la relación ruso-iraní en Siria?
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







