
Desde el inicio de la invasión de Líbano el 1 de octubre por parte de Israel, la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) se ha visto sujeta a repetidos ataques por el ejército israelí. El primer incidente se produjo el 9 de octubre, cuando soldados israelíes abrieron fuego contra la posición de las Naciones Unidas (UNP) en 1-31 Labbouneh, alcanzando la entrada del búnker donde se refugiaban los cascos azules, además de dañar vehículos y un sistema de comunicaciones. El mismo día dispararon deliberadamente y desactivaron las cámaras perimetrales de la posición 1-31.
Al día siguiente atacaron el cuartel general de la misión, ubicada en Ras Naqoura, dañando el alumbrado y una estación de retransmisión. Asimismo, dos miembros del personal indonesio resultaron heridos tras disparar un tanque israelí contra una torre de observación, impactándola de lleno. El mismo 10 de octubre, Tel Aviv exigió la retirada inmediata de todo el personal de la FINUL de la frontera y su reposicionamiento a cinco kilómetros de distancia, lo que suponía abandonar todos los puestos de la misión. Los países contribuyentes se negaron unánimemente.
El 11 de octubre Israel volvió a atacar la base de Naqoura, resultando heridos dos cascos azules de Sri Lanka, uno de ellos de gravedad. Además, el muro perimetral fue dañado por una excavadora de las fuerzas israelíes. Un día después, otro soldado indonesio de la FINUL resultó herido por fuego israelí. En medio de estos ataques, el Estado sionista exigió la evacuación de la posición 6-52, controlada por cascos azules irlandeses, junto a la aldea de Marun al Ras.
En esta zona de la frontera, el ejército israelí sufrió una emboscada de Hezbolá en la que dos soldados fallecieron y otros seis resultaron heridos. Incapaces de capturar las posiciones de la milicia chií y en un intento de cambiar las tornas, empezaron a presionar al gobierno de Irlanda para que cediera y retirase a los cascos azules irlandeses.
Más ataques y escalada diplomática
Cuando Irlanda se negó, señalando que estos soldados no estaban bajo sus órdenes, sino de Naciones Unidas, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) establecieron una base de operaciones justo en las afueras del puesto 6-52 de la FINUL. La ONU protestó, argumentando que esta acción ponía en peligro a las tropas de la FINUL al quedar en la línea de fuego de los combates.
A pesar de intentar usar a los cascos azules de cobertura para atacar a Hezbolá, el Estado sionista ha repetido constantemente que la milicia libanesa utiliza a las tropas de la ONU de “escudos humanos”. Acusación que ha sido respondida por un militar español de alto rango en unas declaraciones a El País: “Es mentira. En todo caso será al revés”.
Ante esta tesitura, Hezbolá ha comunicado a las Fuerzas de Defensa de Irlanda que no dispararán en la zona a pesar de la presencia de las FDI para evitar alcanzar inadvertidamente a las tropas irlandesas. Este incidente ha provocado una agría crisis diplomática entre Tel Aviv y Dublín. Cabe recordar que Irlanda es un contribuidor histórico a la misión de la ONU en Líbano desde 1978.
Aunque solo cuenta con 347 cascos azules de los alrededor de 10.000 que mantiene la fuerza de la ONU, las tropas irlandesas comandan dos de los 25 puestos de avanzada de la Línea Azul. Tanto el primer ministro, Simon Harris, como el presidente, Michael Higgins, se han declarado sobre la crisis, lanzando duras críticas a Israel.
Ante la inacción de la Unión Europea, el gobierno irlandés ha declarado que “no esperará a que todos en Europa avancen en la cuestión del comercio en los territorios palestinos ocupados”, planteando que Dublín podría decidir unilateralmente prohibir la venta de productos israelíes que provengan de los llamados “territorios ocupados”.
Sin embargo, el incidente más grave se produjo el 13 de octubre, cuando dos tanques Merkava entraron por la fuerza en una posición de la FINUL en Ramya destruyendo la puerta principal. Una vez los tanques se fueron, varios proyectiles explotaron a 100 metros de la posición liberando unos gases que obligaron a dar atención médica a una quincena de cascos azules que resultaron intoxicados a pesar de llevar máscaras de gas.
Las FDI defienden que no pusieron en peligro la vida de nadie y que los proyectiles de gas eran para cubrir la retirada de sus tropas. El ataque afecto al sector bajo responsabilidad italiana, lo que creó una nueva crisis diplomática. En este sentido, el incidente fue condenado en una declaración conjunta de 40 países que contribuyen a la misión de mantenimiento de la paz.
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, señaló que atacar a la FINUL podía constituir un crimen de guerra. En respuesta, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, exigió la retirada “inmediata” de los cascos azules “de los feudos de Hezbolá y zonas de combate”, esgrimiendo, de nuevo, que están “protegiendo” a los combatientes de la milicia chií. El llamado fue secundado por el ministro de Exteriores israelí. Netanyahu también criticó a los países europeos que condenaron a Tel Aviv por los ataques a la FINUL, declarando que están ejerciendo presión en el lugar equivocado.
En Italia, que contribuye con 870 soldados, ha ido creciendo la presión pública por una respuesta contundente. Recientemente, la primera ministra Giorgia Meloni condenó la actitud del ejército israelí, pero matizó que es importante “no aislar a Israel”. Presionada también sobre la venta de armas al Estado sionista, y ante las recientes declaraciones por parte de los presidentes de Francia y España sobre la necesidad de un embargo de armas, Meloni defendió que tras el 7 de octubre de 2023 Roma ha adoptado medidas más rigurosas que Francia, Alemania y Reino Unido, que siguen evaluando con flexibilidad las nuevas licencias, mientras que, según defiende, su gobierno ha decidido detener completamente las exportaciones.
La primera ministra también prepara una visita a Líbano en muestra de la preocupación por los ataques israelíes. En tono más duro, el ministro de Defensa Guido Crosetto ha preguntado si los cascos azules deberían responder a las agresiones de Israel y entrar en combate con las FDI. Se trataba de una pregunta retórica y una “provocación”, según él mismo reconoció.
Los objetivos de los ataques contra la FINUL
Las tácticas empleadas por Tel Aviv contra las fuerzas de la FINUL no son una novedad. En 1980, un casco azul neerlandés en Líbano relataba sobre las fuerzas israelíes: “Recibí una llamada de un oficial israelí... para advertirme de que era probable que los cristianos dispararan en nuestra dirección. Se puso en contacto por radio, se disculpó y gritó: «Los cristianos van a disparar en unos seis segundos... cinco... cuatro... tres... dos... uno». Y un par de segundos después, los proyectiles empezaron a caer detrás de las líneas de las Naciones Unidas. ¿Cómo era tan preciso? Él era el que disparaba”.
Israel tiene un objetivo con esto: que las tropas de la ONU no interfieran en sus operaciones y que no puedan documentar sus crímenes. Las FDI quieren provocar el desplazamiento de la población chií, despoblar y destruir completamente las localidades. Las fuerzas de la ONU son un obstáculo porque registran estas acciones y porque dan cierta seguridad a aquellos que se niegan a abandonar sus hogares. Las FDI necesitan instalar el terror entre la población para obligarla a moverse y completar la limpieza étnica del territorio.
Las pasadas operaciones son un ejemplo de este modo de operar. Durante la Operación Uvas de la Ira de 1996, las fuerzas de ocupación israelíes atacaron el campo de refugiados de Naciones Unidas en Kafr Qana, matando a 102 civiles y trabajadores del organismo internacional. El incidente, conocido como la masacre de Kafr Qana, obligó a Tel Aviv a poner fin a la operación militar ante la presión internacional.
Sin embargo, no fue un accidente. Formaba parte del marco de actuación establecido por el primer ministro laborista Shimon Peres, que buscaba “presionar” a la población civil del sur de Líbano, creando un flujo de refugiados que se dirigieran a Beirut, lo que haría que el gobierno libanés obligara a Hezbolá a evitar bombardeos contra Israel. En otras palabras, para disuadir a una milicia. Al igual que estamos viendo en la actualidad, la Operación Uvas de la Ira comenzó con el lanzamiento de octavillas sobre aldeas chiíes en las que se pedía a la población que se marchara.
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