
Irán ha lanzado varios ataques contra infraestructuras energéticas críticas en el golfo Pérsico: contra una de las mayores refinerías de Oriente Medio, ubicada en Arabia Saudí, y contra el principal hub de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo, en Catar. Se trata de los primeros objetivos energéticos bombardeados por Teherán desde el inicio de la guerra contra Estados Unidos e Israel.
En el caso saudí, el objetivo alcanzado ha sido la refinería de Ras Tanura. Así lo ha confirmado el Ministerio de Energía a través de un comunicado en la Agencia Estatal de Prensa. Los drones iraníes habrían sido interceptados, aunque sus restos impactaron en la instalación y provocaron daños menores. Saudi Aramco, propietaria de la planta, anunció la suspensión cautelar de las operaciones.
El ataque en territorio catarí se dirigió contra el recinto industrial de Ras Laffan. La ofensiva con drones habría impactado en uno de los mayores complejos industriales del país, según informó en X el propio Ministerio de Defensa. QatarEnergy también ha suspendido temporalmente su actividad en la zona.
¿Cambio de estrategia de Irán?
Tanto Arabia Saudí como Catar albergan bases o presencia militar estadounidense en su territorio. Ambos países han sido objeto de ataques iraníes cuyo objetivo, presumiblemente, serían instalaciones donde Estados Unidos mantiene actividad militar.
Hasta el momento, la única intervención iraní sobre el mercado energético y de transporte había sido su anuncio respecto al estrecho de Ormuz y los ataques contra varios buques.
Si bien no está estrictamente cerrado, embarcaciones de distintas procedencias han echado el ancla y evitan atravesarlo –salvo contadas excepciones, principalmente navíos de bandera iraní o china–.
Pero dos ataques prácticamente simultáneos contra infraestructuras energéticas podrían anunciar un cambio en el plan ofensivo de Irán, que parece orientarse hacia la guerra energética como herramienta de presión internacional. Entenderlo requiere analizar cómo los países afectados exportan sus hidrocarburos.
Arabia Saudí y su oleoducto este-oeste
Arabia Saudí es el mayor exportador de petróleo del mundo y el segundo mayor productor. Su capacidad exportadora, sin embargo, se encuentra descompensada entre sus costas oriental y occidental.
Hacia el golfo Pérsico, su volumen de envíos es aproximadamente cuatro veces superior al dirigido hacia el mar Rojo. No obstante, un oleoducto este-oeste permite a Riad redirigir el crudo hacia una u otra costa, convirtiéndose así en una vía alternativa para evitar el estrecho de Ormuz.

Aunque este oleoducto tiene una capacidad muy inferior de transporte –cinco millones de barriles diarios, frente a los 11 millones que Arabia Saudí exportaba a través del estrecho de Ormuz antes de la guerra–, su mera existencia supone un balón de oxígeno para las exportaciones saudíes con la navegación marítima prácticamente suspendida entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán.
El ataque contra la refinería de Ras Tanura resulta estratégico y simbólicamente relevante: por un lado, porque Irán actúa sobre la producción de combustibles –el paso previo a la exportación– y, por otro, porque lo hace contra una de las mayores instalaciones de todo Oriente Medio.
La suspensión de la actividad de la planta impide la producción de derivados del crudo y un posterior transporte de estos. Es, en resumidas cuentas, cortar la cadena desde el origen.
Catar, más afectado por los ataques
En el caso del pequeño emirato del Golfo, los acontecimientos adquieren una dimensión exponencialmente mayor. Lo explica la posición del país en la producción de gas natural licuado: QatarGas, la filial gasística de QatarEnergy, es el mayor comercializador mundial, y Ras Laffan la mayor instalación de GNL del planeta –de la que procede cerca del 20% del consumo mundial–.
Aunque las autoridades cataríes no han informado de cuáles han sido los daños materiales causados por el ataque iraní –sí han reportado al menos una veintena de heridos–, la actividad de producción y comercialización del gas se ha detenido por tiempo indefinido.
La situación de Catar se agrava aún más por el contexto en el estrecho de Ormuz. Sus exportaciones de gas dependen exclusivamente del transporte marítimo, por lo que el cierre de este paso estratégico supone un problema añadido al ataque contra sus instalaciones.
La Unión Europea apenas importa gas catarí: Bruselas cifra las importaciones de este país en menos de un 4%, si bien algunos analistas indican que esta cifra podría rondar el 7%.
Así pues, los mayores afectados directos de una interrupción a medio o largo plazo serían países asiáticos como Pakistán, India o Bangladés. En términos comparativos, la interrupción del suministro de gas supondría algo similar a lo que experimentó la Unión Europea cuando decidió dejar de importar gas ruso en 2022.
No obstante, en el viejo continente ya se han dejado sentir consecuencias inmediatas, con subidas de hasta el 45% en el precio del gas. Previsiones más pesimistas, como la de Goldman Sachs, sostienen que el precio del gas en Europa podría escalar hasta un 130% si la situación actual en el estrecho de Ormuz se prolonga más de un mes.
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