
El pasado 4 de agosto de 2024, la agencia de noticias Tasnim se hacía eco del asesinato de un comandante del grupo yemení Ansar Allah –conocidos popularmente como los hutíes– debido a un ataque aéreo estadounidense en Irak. La muerte de este miembro, Hussein Abdullah Mastour Al-Sha'bal, comenzó a alimentar especulaciones sobre la posibilidad de que los hutíes estuvieran ampliando su papel en el Eje de la Resistencia y comenzaran a buscar una integración horizontal con otros miembros de la red de alianzas regionales; en ese sentido, Irak cobraba una particular relevancia.
En un contexto de creciente escalada y de incesantes ataques israelís contra miembros del Eje −especialmente Hezbolá− durante aquellos días, el bombardeo estadounidense contra un comandante yemení perteneciente a una de las facciones del grupo en territorio iraquí hacía crecer las preguntas sobre de qué manera y hasta qué punto estos actores extranjeros estaban extendiéndose en Irak. La presencia de los hutíes y de Hamás en Irak evidencian un cierto grado de influencia de sectores considerados a menudo como proiraníes en el país.
Los hutíes y Hamás
Los hutíes, grupo insurgente chií de Yemen y parte del Eje de la Resistencia, establecieron oficinas de enlace en Bagdad en junio, lo cual permite ejercer una presencia más permanente en el país árabe. La oficina fue inaugurada por Abu Idris al-Sarafi, una prominente figura dentro del grupo, quien a continuación visitó un cuartel general de las PMF al norte de la capital. Allí, elogió a las diversas facciones de la Resistencia Islámica, destacando la unidad entre ambos grupos y calificándolos de “unidad inseparable”.
Todos estos actos señalaban la buena salud de las relaciones de Anshar Allah con las milicias iraquíes proiraníes. Por su parte, el gobierno de Irak se ha mostrado más cauto a la hora de mostrar lazos con el grupo, sin esclarecer por el momento el estatus de la presencia del grupo en territorio iraquí, pero habiendo permitido su establecimiento. La apertura de la oficina marca una ampliación importante de la estrategia regional del grupo yemení, intensificando su presencia en otros países mientras se erige como el grupo del Eje con mayor capacidad para alcanzar puntos críticos de Israel.
Ya desde 2011, los hutíes comenzaron a desarrollar una tímida presencia en Irak. Ésta se intensificó con la toma de Saná por parte del grupo insurgente en 2014, cuando el entonces ministro de exteriores iraquí Ibrahim Al-Jaafari allanó el camino para el reconocimiento efectivo del movimiento yemení por parte de Bagdad.
Desde el inicio de la campaña militar liderada por Arabia Saudí contra los hutíes en 2015, Bagdad ha jugado a ambos bandos de la compleja dinámica diplomática de Yemen. Esto ha permitido que en los últimos años el grupo yemení haya profundizado de manera efectiva sus lazos con las facciones paramilitares más pro-iraníes, proceso que se intensificó aún más a partir del 7 de octubre de 2023.
La influencia de los hutíes en Irak no se ha limitado a la cooperación política y militar; el grupo también se ha centrado en difundir su ideología política y religiosa zaidí (la rama yemení del chiismo). Los hutíes han utilizado cada vez más organizaciones comunitarias y académicas para difundir sus preceptos en Irak, especialmente en ciudades como Basora, Nayaf o Diyala. Un ejemplo notable es la organización Mohammadiyun, con sede en Basora, que promueve las enseñanzas religiosas y culturales de los hutíes, a menudo en coordinación con Kataeb Hezbolá.
En cuanto a la profundidad estratégica, una de las estrategias clave del grupo yemení en Irak ha sido cultivar los lazos con los líderes tribales de las provincias del sur del país, de mayoría chií. Tras la apertura de la oficina de Bagdad en junio, Al-Sharafi visitó varias de estas provincias acompañado por dirigentes de las PMF, reuniéndose con varios jefes tribales y religiosos. Al entablar relaciones con estas figuras influyentes, los hutíes esperan establecer una influencia social y política dentro de las comunidades chiíes de Irak, lo que podría serles de gran utilidad si se intensifican las tensiones con Arabia Saudí u otros actores regionales.
La presencia hutí en Irak también ha facilitado su acceso a asesores militares iraníes y ha proporcionado oportunidades para el intercambio de conocimientos con las milicias iraquíes, vínculos que se han visto catalizados por la guerra de Gaza. En mayo, la rama iraquí de los hutíes firmó una declaración conjunta con Kataeb Hezbolá, señal de una mayor coordinación entre ambos grupos. Esta cooperación culminó en un supuesto ataque conjunto con drones contra el puerto de Haifa, llevado a cabo por los hutíes y la Resistencia Islámica en junio.
Sin embargo, si las tensiones entre Riad y el grupo yemení se intensifican de nuevo, la presencia hutí podría convertirse en un lastre para el Primer Ministro iraquí Al-Sudani, sobre todo porque desde su llegada al poder ha intentado consolidar su papel de mediador en la región. Así, existe una probabilidad importante de que la posición intermedia del primer ministro que oscila entre apaciguar a Teherán y estrechar los lazos diplomáticos y económicos con Riad quede comprometida.
Al igual que los hutíes, la organización palestina también estableció oficinas en Bagdad en junio de 2024. Al hacerse pública esta noticia, se comenzó a rumorear sobre un traslado de la cúpula de Hamás de Qatar a Irak en un contexto de creciente presión para el entonces líder Ismael Haniyeh, donde se hablaba de una posible expulsión de Doha. Los rumores fueron negados rotundamente tanto por la organización como por Bagdad.
A pesar de que Hamás es un partido suní e ideológicamente está en la órbita de los Hermanos Musulmanes (HHMM) –organización suní internacional, prohibida durante la era Sadam e ilegalizada en algunos países árabes–, parece que la pertenencia estratégica al Eje es un factor más importante. Como ejemplo de esta pertenencia, la oficina se encuentra en una zona de la capital controlada por Kataeb Hezbolá, organización que también se encargaría de brindar la seguridad al representante del grupo palestino en Irak, Mohammed al-Hafi.
Según The New York Times, “la apertura de la oficina de Hamás también ha supuesto una bendición para el Partido Islámico Iraquí, partido suní que comparte la filosofía de los HHMM pero que ha tenido poca presencia pública en los últimos años. (…) Rashid al-Azzawi, presidente del partido, afirma que la guerra de Gaza (…) ha suscitado la simpatía de iraquíes de todas las religiones y ha hecho que estén más abiertos a la presencia de Hamás”.
Unidad operativa
A pesar de que la dinámica del Eje de la Resistencia en Irak durante los últimos años ha sido expansiva, los acontecimientos sucedidos en los últimos meses indican que la unidad operativa del Eje podría estar sufriendo una descomposición paulatina. Hasta el ataque iraní sobre Israel del 1 de octubre, y en el contexto de la respuesta de los diversos grupos contra el país hebreo debido a la guerra de Gaza, la pérdida de poder de disuasión frente a Tel Aviv estaba siendo evidente.
Muchos eran los ejemplos de ataques israelís contra actores o infraestructuras claves del Eje que o bien habían sido respondidos de forma extremadamente limitada o directamente quedaron sin respuesta: el asesinato de Ismail Haniyeh en Teherán, el asesinato de Fuad Sukr en Líbano, el ataque al consulado iraní en Damasco, la explosión de miles de buscapersonas y de walkie-talkies de miembros de Hezbolá o la incursión terrestre de fuerzas especiales israelíes que destruyeron infraestructura militar clave iraní en Siria.

Hasta entonces, esta dinámica exponía la incapacidad de los miembros del Eje de responder de manera coordinada a Israel, observándose además una clara voluntad de no querer ir a la guerra contra el Estado hebreo y mucho menos tener que dar el primer paso para ello. Así, una consecuencia de estas divisiones era la pérdida de acción unitaria como un grupo cohesionado, la cual indicaba que podrían comenzar a ser tanto los actores iraquíes como los hutíes los que empezaran a actuar por su cuenta de manera independiente.
La "guinda" a este proceso fue la victoria en las elecciones presidenciales anticipadas en Irán del reformista Masoud Pezeshkian. El nuevo presidente iraní tiene una agenda más moderada respecto a la confrontación con Occidente y una voluntad de renegociar el acuerdo nuclear.
A pesar de todo ello, el ataque con unos 200 misiles balísticos iraníes contra Israel –el mayor ataque contra Tel Aviv por parte de Teherán en la historia– procuró recuperar esa capacidad de disuasión que parecía perdida, a la espera aún de una respuesta israelí. Por otro lado, la difícil invasión del Líbano que comenzó el mismo día, en el cual los israelís han sufrido importantes bajas –las cifras van de 33 a 55 muertos (según Israel y Hezbolá) y de aproximadamente 400 a 600 heridos–, también indica que el grupo libanés se habría reorganizado de manera más rápida que lo esperado por las Fuerzas de Defensa israelís.
Además, a pesar de los continuos ataques aéreos, Hezbolá sigue enviando ráfagas de cohetes y misiles contra territorio israelí, recientemente anunciando que daban por comenzada una nueva fase más agresiva y con objetivos más ambiciosos. Tras el último ataque de Tel Aviv contra territorio iraní la noche del 26 de octubre, del cual no se ha publicado prácticamente ninguna información concluyente sobre los objetivos y los daños causados, la incógnita reside en cómo enfrentarán todos los componentes del Eje las próximas semanas.
Aunque Irán ha demostrado que puede seguir respondiendo resolutivamente a Israel y que no ha quedado fuera de juego, el no querer entrar en una confrontación directa posiblemente genere que el peso de la guerra recaiga en el resto de actores del Eje. Así, pese a que puede parecer evidente que la coordinación entre los grupos pro-iraníes esté dañada, los acontecimientos que vayan ocurriendo arrojarán luz sobre la salud de la unidad de acción del Eje de la Resistencia.
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