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Golpe de Estado en Gabón: el clan Bongo, el “tercerismo” y las intrigas de palacio

Militares anuncian en la televisión pública el golpe de Estado en Gabón
Militares anuncian en la televisión pública el golpe de Estado en Gabón

El 30 de agosto de 2023 se produjo un golpe de Estado en Gabón. La familia gobernante, los Bongo, se encuentra en el centro de una lucha de poderes local cuyo devenir tendrá consecuencias para toda la región. Hay varias claves importantes para entender por qué el presidente gabonés, firme aliado de Francia, ha sido derrocado por los militares del país. Hay muchos paralelismos con otros procesos golpistas de la región occidental y sahelina africana pero el caso gabonés es genuino. Para entender los distintos elementos hay que acudir a los ejemplos de éxito en diferentes golpes y a la idiosincrasia local del país, lejos de los focos mediáticos.

Tercerismo: la importancia de la herencia golpista

Ali Bongo había apostado fuerte por su reelección recurriendo a lo que hemos venido denominando como tercerismo: una reforma constitucional para ampliar los mandatos presidenciales, en un país donde existe el habitual límite de dos, y poder así presentarse a las elecciones por tercera vez consecutiva. La “maldición del tercerismo” volvía a la actualidad después de que se diera una reforma rápida en el ordenamiento legal que permitiera romper con el habitual límite de dos mandatos. A pesar de que su padre, el ex presidente Omar Bongo, permaneciese en la presidencia durante 7 mandatos, el límite se había reestablecido a la llegada de Ali. Su herencia del poder, aunque mediante elecciones en el año 2009, fue controvertida en el clan familiar, con oposición de algunos de sus miembros.

El “tercerismo” está cobrando recientemente un mayor protagonismo en algunos de los puntos críticos del descontento en países dentro y fuera de la región. Podemos encontrar ejemplos de esto en Guinea en 2021, con Alpha Condé, y en Bolivia en 2019, con Evo Morales. En ambos casos la legitimidad social de los presidentes quedó dañada como consecuencia de sus intentos de prolongar su estancia en el poder mediante la realización de polémicas reformas constitucionales.

Para ampliar: Golpe de Estado en Guinea: primeros pasos hacia un futuro incierto

De hecho, podríamos hablar de como la caída de Alpha Condé en Guinea Conakry en 2021 ha terminado representando el inicio de otra dinámica golpista en el continente: más allá de la cuestión de la seguridad, la contestación antidemocrática se abría paso en África desde el golfo de Guinea con la consecución de un golpe de Estado que bebía de lo visto en Bolivia. Sin embargo, esto no impidió que Ali Bongo en Gabón también apostara por el tercerismo. Con lo cual, aunque a nivel internacional se quisiera seguir la legalidad sobre el papel, a nivel local los discursos regeneracionistas calaban hasta el punto de lograr cierta base de apoyo popular a los golpes de Estado –la situación de Bolivia fue completamente diferente, aunque fue el ejemplo más mediático a nivel mundial del problema del tercerismo–.

Una historia de elecciones polémicas 

Aun siendo Gabón un país que para los estándares del continente no es ni económicamente débil, siendo rico en petróleo y manganeso, ni inestable, sin problemas de inseguridad destacados, Bongo decidió complicar el desempeño electoral de sus rivales para tratar de garantizar su reelección. 

Una estratagema electoral que utilizó Bongo fue el corte de internet y la suspensión de la prensa internacional francesa que pudiera dar una importante cobertura electoral, lo cual llama la atención ya que suele ser una medida llevada a cabo post-golpe, y se granjeó la oposición del gobierno francés aunque Bongo seguiría siendo su aliado predilecto. Por otro lado, la cuestión más relevante fue la reforma electoral para unir la boleta presidencial con la parlamentaria, de modo que, si alguno de sus muchos opositores no había logrado presentar listas al parlamento y alguien quería votarles, al ir ligado su voto al del parlamento, esa decisión le dejaba sin la opción de votar en las elecciones legislativas. También se cambió el sistema para que hubiera una única ronda de votación. Esta conjunción podía desincentivar el voto a algunos candidatos opositores. Esta situación fue una de las claves para forzar la unión de la oposición por un lado y para que la junta golpista decidiese hablar no solo de seguridad o legitimidad en el poder sino de elecciones fraudulentas.

La noticia dada en Gabon 24 el día 30 de agosto, de hecho, fue la de la suspensión de las elecciones. Y es que el golpe en su consecución última llevó consigo una organización y motivación vinculadas con la deslegitimación del proceso electoral. Esto se demuestra con que ese día fue cuando tuvo lugar la proclamación definitiva de los resultados de las elecciones, dando la victoria a Ali Bongo con un 64% de los votos frente a su rival, el principal candidato de unidad opositor, Albert Ondo Ossa y su escaso 30%. La diferencia había crecido notablemente frente a las elecciones de 2016 cuando Jean Ping logró un 48% frente al 49% de Ali Bongo.

Y ya en aquel momento, Ping consiguió una respuesta de la comunidad internacional cuestionando el proceso, llevó la situación a la Corte Penal Internacional y el país se vio envuelto en disturbios y protestas durante semanas. Cabe señalar que tanto Jean Ping como Ondo Ossa son ex miembros del gobierno de Gabón con Omar Bongo y guardan relación con el entorno de la familia, que lleva en la presidencia desde 1967. Ping además mantuvo una relación con la hija de Omar Bongo y exministra, Pascaline Bongo y tuvo varios hijos con ella. Tanto Pascaline como otros miembros de la familia Bongo se habían opuesto a que Ali fuera el sucesor de Omar Bongo. De hecho, en 2019 ya hubo un conato, con militares de perfil menor, para asestar un golpe de Estado al propio Ali Bongo. Asimismo, tanto Ping en 2016 como Ondo Ossa en 2023 se proclamaron vencedores de los comicios y presidentes legítimos antes de que se publicasen los datos definitivos de la elección.

Golpe de palacio: ¿hacia dónde va Gabón? 

La misma mañana en que tuvo lugar la proclamación de los resultados, el presidente Ali Bongo y parte de su entorno eran detenidos por los militares en un golpe de Estado. Entre los detenidos del entorno del presidente se encuentran uno de sus hijos, Noureddine Bongo, considerado uno de los favoritos para sucederle en el poder, y su esposa, Sylvia Bongo, quien también ostenta la ciudadanía francesa. 

El anuncio del golpe venía a confirmarse por la formación de una junta militar denominada Comité por la Transición y la Restauración de las Instituciones (CTRI) quienes, tras disolver las principales instituciones del estado, nombraron presidente transitorio a Brice Clotaire Oligui Nguema, líder de la guardia presidencial y primo del depuesto presidente Ali Bongo.

Los militares golpistas de Gabón en una comparecencia televisada.
Los militares golpistas de Gabón en una comparecencia televisada.

El nombre de la junta marca el ánimo central para justificar sus decisiones y así el regeneracionismo se tomó como bandera y enseguida aparecieron múltiples maletas y bolsas llenas de billetes –dólares, euros y francos CFA– en la residencia de Yann Ngoulou, jefe de personal de Noureddine Bongo, según declaró la policía de Gabón. A las pocas horas fueron encontrados otros 155 millones de dólares en francos CFA en la vivienda de uno de los más estrechos colaboradores de Ali Bongo, Maitre Park, conocido como “el coreano”.

El sector civil cercano al opositor Ondo Ossa pidió a la junta militar que continuase con el recuento del resultado electoral para corregir el fraude y arrojar luz sobre el verdadero escrutinio que le devendría en la presidencia de Gabón. Sin embargo, la junta se mostraba más proclive a la calma, garantizarse el control de los distintos estratos de la élite gabonesa, reunirse con empresarios de calado en el país y avanzar hacia la presentación de un calendario de transición al poder civil que pueda no rechinar en la región. Desde ese momento, incluso Ondo Ossa condenó el golpe y consideró que se trataba de una “revolución de palacio” que cambiaba las caras, pero seguía permitiendo a la familia Bongo permanecer en el poder. Esto de nuevo reforzaba el argumento del golpe de Estado tolerable para el establishment local y occidental.

Para ampliar: Golpe de Estado en Níger: punto de inflexión para África Occidental

La evidencia sobre el golpe palaciego se impondría con las horas, tras el rechazo de la junta a apostar por la continuación del proceso electoral y la hostilidad expresada por el opositor Ondo Ossa: “Detrás de Oligui Nguema no hay que mirar muy lejos, está Pascaline Bongo, la hermana de Ali Bongo. Es todo. Ella está detrás de Nguema y el clan Bongo continúa en el poder”. Tanto fue así en aquellos momentos que Jean Ping, padre de los hijos de Pascaline, acogió con satisfacción el golpe dado por los militares, llamando a Nguema a “llegar hasta el final con su proyecto por el bien de Gabón”.

Por el momento, los países vecinos a Gabón no han mostrado una voluntad real de poner freno al golpe, simplemente resaltando su preocupación, mientras que países como China, uno de los principales socios comerciales de Gabón, han pedido garantizar la seguridad del depuesto Ali Bongo. Todo parece indicar que los vecinos de Gabón se han tomado el movimiento como la efectiva transición de poder intraélites que es, torciendo la mano del sector de Ali Bongo frente a sus rivales dentro y fuera –pero sobre todo dentro– del clan familiar, y se han preocupado por sus respectivas posibilidades al frente de sus países. A pesar de la fuerza que expresó Chad en su condena y de la cautela de República del Congo, República Centroafricana y otros países, el escenario de Gabón estaba lejos de ser el de Níger. Y más importante aún, los países de la región están lejos de mantener las posturas de la CEDEAO de evitar el estallido de una tendencia a toda costa.

Si la situación fuera más allá de una transición interna de poder entre la élite de la familia Bongo-Nguema, y las implicaciones fueran tan grandes a nivel geopolítico como para que los países vecinos no pudieran evitar el contagio con reformas internas, entonces sí podría empezar a percibirse un temor regional en cascada por tendencias externas que llevasen a plantearse dónde instalar el nuevo cortafuegos del África central.

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