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Fin y fracaso del proceso constituyente de Chile

El presidente Gabriel Boric emite su voto en el marco del proceso constituyente de Chile.
El presidente Gabriel Boric emite su voto en el marco del proceso constituyente de Chile. Fuente: Prensa Presidencia, Gobierno de Chile.

El 17 de diciembre el pueblo chileno rechazó la propuesta de Constitución de 2023 en un plebiscito que contó con una participación superior al 84%. El 55,8% del electorado, lo que equivale a 6.894.000 personas, votó en contra de la implementación de la nueva carta magna, mientras que aproximadamente 5.470.000 personas, el 44,2%, apoyaron su adopción. De las dieciséis regiones que conforman el país, la opción “En Contra” fue mayoritaria en trece de ellas. Solamente en las regiones de Maule, Bío-Bío y la Araucanía votaron por la aprobación de la nueva Constitución. También cabe destacar que en la región Metropolitana, en Santiago de Chile y su zona metropolitana el rechazo se impuso en 47 de las 52 que la componen. 

El presidente Gabriel Boric dio un discurso tras conocer los resultados. Si bien el oficialismo pidió no respaldar el nuevo referéndum, se mostró conciliador. Destacó que este rechazo a la segunda propuesta marca el fin del proceso constituyente que se inició hace cuatro años, en medio del estallido social. El mandatario admitió el fracaso de ambos procesos constitucionales ya que no pudieron superar la polarización política y canalizar las problemáticas del país. Señaló que el propósito inicial de la creación de una nueva Constitución era traer esperanza para Chile, pero que en realidad llevó frustración y hastío social. 

Tras los resultados de las elecciones para el Consejo Constituyente de mayo de 2023, el segundo proceso constituyente fue liderado por una derecha chilena que intentó aprovechar la importante crisis que enfrentaba el oficialismo debido a la derrota que sufrió en septiembre de 2022 y mayo de 2023. Sin embargo, aunque con un apoyo mayor que en el primer referéndum, la derecha también ha fracasado. José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, reconoció la derrota ya que no pudieron convencer al pueblo de la propuesta que ellos impulsaron. No obstante, manifestó que ni el Gobierno ni la izquierda puede celebrar este resultado, asegurando que el proceso ha tenido consecuencias devastadoras para Chile. 

Para ampliar: Chile en la encrucijada: el segundo proceso constituyente cerca de decidirse 

El texto constaba de 216 artículos y 62 disposiciones transitorias, y había sido objeto de un extenso debate. En la propuesta de Constitución se destacan varios aspectos clave. Se reconocía la presencia de los pueblos originarios dentro de la nación chilena, la cual se considera única e indivisible. La carta magna defendía “el derecho a la vida de quien está por nacer”, lo que implicaba restricciones al derecho al aborto en los casos de peligro para la vida de la madre, inviabilidad fetal y violación. Se establecía la expulsión inmediata de inmigrantes que ingresaron ilegalmente en Chile de manera clandestina o por pasos no habilitados. Además, prohibía el derecho a la huelga a funcionarios del Estado y de las municipalidades, así como a trabajadores de organizaciones o empresas de utilidad pública. Se eximía de pagos de impuestos a los propietarios de viviendas principales, y se establecía la promoción de la expropiación de los fondos de pensiones. El nuevo texto también reconocía la existencia del cambio climático y recomendaba la implementación de medidas para revertir esta situación.

Este resultado pone fin a una etapa convulsa en Chile iniciada en el estallido social de 2019. Muchos sectores políticos y sociales creyeron que la Constitución de 1980 suponía un obstáculo para el desarrollo político y social de la nación chilena. Sin embargo, tras tres plebiscitos –2020, 2022 y 2023– y dos procesos constituyentes –2022 y 2023–, finalmente no se ha conseguido alcanzar una solución que satisfaga a todos.

Y es que tanto el oficialismo de izquierda como la oposición de derecha han coincidido en que redactar y aprobar una nueva Constitución no figura como una herramienta clave para cambiar el curso del país, ni es una prioridad en el presente para los chilenos. Todo el proceso ha resultado sumamente desgastante para la ciudadanía, siendo percibido como una pérdida de capital, esfuerzo y tiempo. Tras cuatro años de incertidumbre, tanto políticos como ciudadanos piensan que hay temas más importantes que tratar como la economía, la seguridad o la educación, entre otras cosas. 

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