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Estados Unidos y la hegemonía espacial

Misión GovSat-1 de SpaceX, empresa privada estadounidense clave para mantener la hegemonía espacial.
Misión GovSat-1 de SpaceX, empresa privada estadounidense clave para materializar la hegemonía espacial. Fuente: SpaceX

La rivalidad entre grandes potencias se intensifica. La guerra entre Rusia y Ucrania ha acelerado la competición armamentística, cristalizada especialmente en los incrementos que muchos países han aprobado en el presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas, pero esta dinámica también se está experimentando en otros campos. Entre ellos destaca la carrera por el espacio, la nueva frontera que promete otorgar enormes beneficios a los Estados que consigan dominarla.

De hecho, en el propio conflicto ruso-ucraniano se puede apreciar la importancia que tiene el espacio. Estados Unidos, si bien ha evitado iniciar una confrontación cara a cara con Rusia, ha brindado junto a la OTAN apoyo a Kiev basado en tecnología e inteligencia geoespacial, por ejemplo desde el centro europeo de inteligencia de satélites SatCen, ubicado en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz. Además, aprovechando la presión que Occidente ha estado ejerciendo contra Rusia por iniciar la invasión a gran escala, Washington también ha pedido a sus aliados que suspendan la cooperación con Moscú en tecnología aeroespacial y ha impuesto sanciones a la industria aeroespacial rusa. Estas acciones deben entenderse dentro del marco de una estrategia estadounidense dirigida a fortalecer los intereses propios en el dominio espacial y asegurarse así la hegemonía que ha disfrutado en las últimas décadas. 

La carrera por el espacio

En octubre de 2022 el general John Shaw del ejército de Estados Unidos, comandante del Comando Espacial, hablaba en estos términos en la conferencia Armed Forces Communications and Electronics Association Space Industry Days, celebrada en Los Ángeles: “Estamos [sumidos] en una intensa competencia con nuestro desafío de ritmo: la República Popular de China. El Partido Comunista de China no nos esperará. Este cambio acelerado exige un desarrollo rápido”. A continuación, añadía: “Estoy buscando socios en la industria que puedan seguir este ritmo”.

Con el desafío del creciente desarrollo espacial chino como retórica de fondo, desde el 2019, año el que se funda el Comando Espacial de Estados Unidos, la consolidación de la hegemonía espacial es una de las máximas preocupaciones del ejército estadounidense. Esto ya se establece en los documentos fundadores y estratégicos de dicho Comando, como por ejemplo en Commander’s Strategic Plan 2022, en el que se apela constantemente a este hecho. 

El alto valor estratégico del espacio ha conllevado que en los últimos años Estados Unidos esté dedicando cada vez más recursos a este dominio. Esta es la línea que también están siguiendo el resto de potencias militares, especialmente China e India. De tal modo que actualmente el espacio se ha conformado como un área operativa más, una nueva frontera que se presenta vital para el desarrollo de las actividades en el resto de áreas. Como resultado, gran parte de los presupuestos de defensa se asignan a las tecnologías espaciales, y, en concreto, satelitales. Las constelaciones de satélites son una de las bases de los ejércitos actuales, lo que desemboca en una carrera por alcanzar una posición de liderazgo. En el caso del estadounidense, para lograr este objetivo se desarrollan una serie de estrategias en diversos sectores, entre las que el ámbito comercial juega un papel fundamental.

Para ampliar: La competición entre Estados Unidos y China (I): una batalla de muchos frentes

Para comprender esta estrategia tenemos que remontarnos al United States Space Priorities Framework publicado en 2021, en el que se establece claramente que las capacidades comerciales espaciales deben utilizarse para satisfacer las necesidades de seguridad nacional. Es decir, el objetivo es desdibujar la frontera civil-militar y atraer a las entidades civiles y empresariales a la competición. En los últimos años, Estados Unidos ha estado promoviendo de un modo manifiesto la construcción de la llamada “resiliencia espacial” –un concepto central en su doctrina espacial– en un intento de desdibujar los límites conceptuales entre los asuntos militares y civiles, y arrastrar así al sector privado, fortaleciendo con ello su propio dominio del espacio.

A tenor de estos aspectos, un análisis pormenorizado de la actual situación geopolítica en Ucrania permite sugerir que el ejército estadounidense está usando este concepto en el actual conflicto ruso-ucraniano. Es bien sabido que ya a partir del segundo día después del lanzamiento por parte de Rusia de la invasión, empresas estadounidenses como Maxar Technology y Black Sky empezaron a proporcionar imágenes a Ucrania de la movilización de tropas rusas. Y que, asimismo, las constelaciones de satélites comerciales estadounidenses, como los Starlink de SpaceX, han estado proporcionando datos a Kiev.

Paradójicamente, en enero de 2023, salía a la luz que Washigton había sancionado a un fabricante chino de satélites pequeños por suministrar imágenes satelitales de radar de Ucrania a la empresa militar privada Wagner para apoyar sus operaciones de combate. El Instituto de Investigación de Tecnología y Ciencia Espacial Tianyi de Changsha, conocido como Spacety, y su subsidiaria con sede en Luxemburgo, también se encuentran entre las varias entidades afectadas por estas sanciones.

En cualquier caso, es patente el intento de la administración Biden de establecer un nuevo reposicionamiento mundial en el espacio y acelerar la construcción de alianzas con países aliados. Para Washigton el establecimiento de una mayor cooperación espacial puede lograr el propósito de reunir recursos, compartir información y asignar fondos, lo que le brindaría la posibilidad de consolidar su posición hegemónica. En este sentido ha firmado numerosos acuerdos de intercambio de datos de conocimiento situacional espacial con múltiples entidades. Por ejemplo, junto a Australia, Canadá, Francia, Reino Unido, Nueva Zelanda y Alemania, firmó y lanzó hace un año la Combined Space Operations (CSpO) Vision 2031, una iniciativa plasmada en un documento que en cierta medida ha sentado las bases para que Estados Unidos y sus aliados lleven a cabo operaciones espaciales militares de forma conjunta. 

Para ello, la principal línea de esfuerzo consiste en desarrollar y operar arquitecturas “resilientes” e “interoperables” hasta fomentar el intercambio de inteligencia e información, todo lo cual conduce a la búsqueda de un entorno espacial seguro y “sostenible”, tal y como menciona el documento. En este contexto “sostenible” tiene una clara connotación castrense, ya que está expresando la capacidad de responder a eventuales ataques militares. Así, con el fin de promover aún más el establecimiento de una alianza militar espacial y garantizar la seguridad de sus aliados, en el presente conflicto ruso-ucraniano Estados Unidos ha desarrollado actividades de inteligencia militar y guerra de información en Ucrania, mientras instaba a los países europeos a actualizar sus sistemas de armamento. 

Sacar a Rusia de la carrera espacial

En esta misma línea, también cabe afirmar que de la mano del presente conflicto ruso-ucraniano ha tenido lugar un proceso de destrucción de la cooperación internacional espacial. Además de los documentos citados anteriormente, la Defense Space Strategy del Departamento de Defensa enfatiza la necesidad de redefinir y buscar una coordinación de las políticas espaciales, las regulaciones, los controles de exportación y las medidas de gestión globales con el propósito de proteger las tecnologías espaciales clave estadounidenses  –principalmente los satélites– y los derechos de propiedad intelectual. 

John Shaw, comandante del Comando Espacial de Estados Unidos.
John Shaw, comandante del Comando Espacial de Estados Unidos. Fuente: USSF

Las sanciones de Washigton a Rusia en campos tecnológicos clave como las telecomunicaciones, navegación, semiconductores, microelectrónica o sensores, se han implementado, entre otros, con el claro objetivo de torpedear y limitar el desarrollo de la tecnología espacial rusa y de tensar las relaciones con otros actores europeos hasta conseguir la ruptura prácticamente total de relaciones comerciales en estos campos. En efecto, es indudable que las relaciones entre Europa y Rusia se han deteriorado, partiendo del hecho de que las dos partes casi han interrumpido toda cooperación comercial internacional en el campo aeroespacial, un aspecto que está afectando a proyectos sumamente importantes. 

Tal es el caso de la suspensión en marzo del año pasado de la misión ExoMars, una misión conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés) y Roscosmos, su homóloga rusa; así como el abandono de esta última de la Estación Espacial Internacional en 2024, cuando se cumpla el compromiso oficial y legal que adquirió con la NASA.

Estos movimientos han provocado que la ESA, en un intento de afrontar las lagunas que se están abriendo en su capacidad de desplegar y mantener una infraestructura espacial solvente, se haya visto abocada a transitar hacia la dependencia estadounidense de la mano de SpaceX. A largo plazo, asimismo, la necesidad europea de asociarse con Washigton en el campo espacial continuará aumentando, de tal modo que cambiará presumiblemente el patrón de desarrollo aeroespacial mundial.

Para ampliar: La carrera espacial en el siglo XXI

Por otro lado, Estados Unidos está aprovechando la situación para apoderarse de una gran parte de los lanzamientos de satélites que pertenecían a Europa. Del mismo modo, con el propósito de afianzar su hegemonía en el espacio, recientemente hemos sabido que la Agencia de Desarrollo Espacial estadounidense, un organismo perteneciente a la Fuerza Espacial, está construyendo una constelación militar de 72 satélites en órbita terrestre baja que consistirá en una red táctica de satélites destinada a transferir datos clasificados a usuarios de todo el mundo, tales como alertas tempranas de lanzamientos de misiles.

Estará formada por satélites pequeños, suministrados por múltiples proveedores, que estarán interconectados en órbita a través de enlaces de láser óptico. Se sumará a las constelaciones militares estadounidenses ya existentes en la actualidad, como es el caso de la Proliferated Warfighter Space Architecture. Asimismo, cabe recordar que los sistemas de posicionamiento global en el mundo dependen de 32 satélites estadounidenses que producen señales GPS.

También está implementando cada vez más acuerdos cooperativos de investigación y desarrollo con diversos actores comerciales, como el firmado el 6 de febrero de 2023 con el contratista de defensa estadounidense CACI International para “promover el desarrollo de tecnologías avanzadas de carga útil [lanzadores de satélites], aplicaciones de sensores espaciales y posicionamiento, navegación y temporización resilientes”, tal y como declaró en un comunicado Todd Probert, uno de los directivos de CACI. En estas palabras se puede observar de nuevo cómo con la retórica de la “resiliencia” se está logrando desdibujar los límites entre los asuntos militares y los civiles.

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