
El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, anunció la noche del 13 de junio la inminente firma de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que, salvo sorpresas, se materializará el viernes 19 de junio en Ginebra, Suiza.
El anuncio no ha tardado en ser confirmado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que en su retórica habitual en redes sociales celebraba triunfante el cercano fin de las hostilidades. “¡Buques del mundo, arranquen sus motores! ¡Que fluya el petróleo!”, escribía poco tiempo después en Truth Social.
La parte iraní también ha confirmado el marco. El vicecanciller Ali Gharaibabadi, en declaraciones a la agencia iraní Fars recogidas por Swiss Info, anunció “el fin inmediato y permanente de la guerra y las operaciones militares en diversos frentes, incluido Líbano”, con entrada en vigor ese mismo día.
Este acuerdo contempla, a priori, el cese de todos los enfrentamientos, pero no aclara cómo se configurará el tablero geopolítico en Oriente Medio, en tanto no se han cumplido los objetivos que llevaron a Estados Unidos e Israel a iniciar esta campaña militar contra Irán.
Es decir, no se ha producido un cambio de régimen en la República Islámica, la infraestructura nuclear civil sigue desarrollándose y el estrecho de Ormuz parece cada día más de soberanía iraní. Israel, por su parte, tampoco ha asumido la obligación de cesar los ataques contra Hezbolá en Líbano.
Los términos del futuro acuerdo
Con respecto al programa nuclear, una de las causas más utilizadas por el Gobierno estadounidense para iniciar y mantener esta guerra, el acuerdo no contempla un rumbo concreto hasta el momento.
En virtud de la firma del próximo viernes, ambas partes abrirán un periodo de negociaciones de, al menos, dos meses. Durante ese plazo, Washington y Teherán negociarán el destino del uranio enriquecido de la República Islámica.
Irán ha sostenido siempre que su programa nuclear es civil y pacífico, y así lo manifestó en 2003 el Líder Supremo iraní, Alí Jameneí –asesinado a principios de la contienda actual– en una fatwa.
Este decreto sostenía que las armas nucleares eran “contrarias a la ley islámica” y que, por este motivo, Irán “las considera prohibidas por motivos religiosos”, aunque algunos altos funcionarios han especulado en el pasado con la posibilidad de desarrollarlas si el país se encontrara amenazado.
En lo que se refiere al estrecho de Ormuz, la situación es aún más incierta. Trump se ha aventurado a “autorizar” en Truth Social la reapertura “plena” y “sin peaje” del paso marítimo que conecta el golfo Pérsico y el golfo de Omán, aunque ni el anuncio del primer ministro pakistaní ni la parte iraní han ofrecido detalles al respecto.
Tan solo la agencia iraní Mehr News ha anunciado que la reapertura del estrecho de Ormuz se realizaría en un plazo de 30 días, en paralelo al bloqueo naval impuesto por Estados Unidos, pero siempre “bajo las medidas iraníes”.
En este sentido, y a falta de concretar lo que sucederá con Ormuz, el anuncio ha supuesto un balón de oxígeno para los mercados energéticos. El precio del petróleo se ha desplomado a su cifra más baja en los últimos tres meses –el Brent registra caídas de un 5% y se sitúa en los 83 dólares por barril–. El gas cae también hasta un 9%, aunque sigue en cifras un 40% superiores a las registradas antes del conflicto.
Teherán obtendrá algunos incentivos de la firma de este memorando. Según un alto funcionario iraní, en declaraciones a la agencia Reuters, Estados Unidos habría aceptado liberar 25.000 millones de dólares de activos iraníes congelados en el extranjero y levantar las sanciones que pesan contra la venta de petróleo iraní durante un período indeterminado.
Israel y el escollo libanés
Con grandes esperanzas en Estados Unidos e Irán para conseguir un acuerdo de paz fructífero, el miedo se cierne ahora sobre Líbano. En una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, sostuvo que “Líbano y el fin de la guerra en ese país son un componente inseparable del acuerdo para poner fin a la guerra”.
El avance de la invasión y los numerosos ataques contra Hezbolá, especialmente en la región sur, pero también en Beirut, han sido llevados a cabo por Israel sin el apoyo directo estadounidense, al menos en los últimos días.
Trump ha llegado a enfrentarse personalmente con Benjamin Netanyahu por este asunto y, a comienzos del mes de junio, el mandatario estadounidense se dirigió al israelí llamándole “puto loco” por “su constante enfrentamiento con Líbano”.
Hasta el momento, Netanyahu no se ha pronunciado públicamente. Sí lo han hecho los medios israelíes, que lo ven como un mal desenlace. Un editorial del Jesusalem Post deja bien claro que el Estado hebreo no ha participado en las conversaciones, que “la política de Trump hacia Irán es un desastre” y que está a punto de firmarse es un “acuerdo peligroso”.
Con el sector conservador israelí en contra, es difícil que la administración Netanyahu desestime abandonar los ataques contra el sur de Líbano, por lo que de seguir manteniendo este frente el memorando del próximo viernes podría quedar en papel mojado.
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