Emiratos Árabes Unidos, un infierno de lujo para la inmigración

Emiratos Árabes es el país con el porcentaje más alto de población extranjera del mundo. La federación de siete emiratos del suroeste arábigo alberga cerca de un ochenta y cinco por ciento de inmigración que viene atraída por las prósperas oportunidades de negocios que ofrecen los lujosos emiratos, la ausencia total de impuestos sobre la renta o en busca del trabajo que el sistema kafala ofrece. Este modelo laboral atrae la mano de obra barata migrante que necesita el país y está en el punto de mira de las organizaciones humanitarias, que acusan al sistema de no ser más que una forma de esclavitud moderna.

Un trabajador temporal ghanés atiende a los sedientos nadadores del Ritz-Carlton de Dubái. Fuente: National Geographic / Jonas Bendiksen

Emiratos Árabes Unidos (EAU) es un país de la península arábiga, bañado por los golfos Pérsico y de Omán, fronterizo con Arabia Saudí (con quien mantiene una estrecha alianza) y con el Sultanato de Omán. Casi todo su territorio es desértico: solo se salvan sus oasis, islas, cordilleras montañosas y grandes ciudades, que a efectos prácticos se extienden bajo el ardiente sol del desierto árabe. Emiratos Árabes es un país con una renta per cápita muy alta, de 58.466 dólares por habitante en 2020, que ha construido su fortuna gracias a la explotación de sus reservas de petróleo y gas natural, pero, sobre todo, gracias a las actividades financieras, el turismo de lujo, el desarrollo tecnológico y las grandes inversiones urbanísticas de los últimos años. En EAU no hay ningún tipo de impuesto sobre la renta y es uno de los países con menos desempleo registrado según datos del Banco Mundial, alcanzando el año de la pandemia de COVID-19 su máximo histórico: un 5%. En cuanto a su organización política, EAU es, desde su independencia en 1971, una federación de siete emiratos (Abu Dhabi, Dubái, Ras al-Jaima, Ajman, Umm al-Qaywayn, Fuyairah y Sharjah) fundamentados en una constitución federal que da a cada monarquía un alto grado de autonomía. Con el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum como jefe del Estado, en EAU cada emir desarrolla su propio régimen legislativo con leyes que aplican rigurosamente la ley islámica, restringen la libertad de expresión, socavan los derechos de las mujeres y obligan a las personas LGTB a afrontar duras penas que van desde la deportación – pasando por la cárcel – a la pena capital. En cuanto al derecho a voto, está muy limitado. En las elecciones de 2019 únicamente pudieron votar 300.000 personas seleccionadas por la administración en base a parámetros como la edad, el género o el nivel de formación. Aún así, la cifra ha aumentado considerablemente desde las primeras elecciones que se celebraron en EAU en 2006, cuando solo se permitió la participación de 6.000 personas.

A pesar de la vulneración de derechos fundamentales que se da sistemáticamente en el país, Emiratos es reconocido y felicitado internacionalmente por sus ciudades de proyección mundial, asentamientos desérticos que en menos de veinte años han disparado su crecimiento. Destacan Abu Dhabi y Dubái, capitales de los emiratos homónimos y representantes del 83% del PIB de EAU. La capital federal, Abu Dhabi, es uno de los centros de finanzas e inversiones más importantes de la región, con una amplia gama de hoteles del más alto nivel y grandes centros comerciales habitados por las firmas más exclusivas del mundo. No se queda atrás la lujosa Dubái, una emblemática urbe inundada de lujosos resorts de ensueño con un abanico de posibilidades al servicio del viajero más exigente, refinadas playas de arena blanca y un skyline esculpido por los rascacielos más impresionantes construidos jamás. De hecho, es en el emirato dubaití donde se alza el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa, una obra faraónica concluida en 2010 que desde entonces acapara el récord mundial con su altura máxima de 828 metros. Una cifra no menos impresionante es la cantidad de trabajadores que participaron en su construcción entre 2004 y 2010, que fue de cerca de 12.000 personas. En marzo de 2006, los trabajadores protagonizaron una serie de protestas motivadas por los bajos salarios y las duras condiciones laborales. Pero más allá de los conflictos laborales que adornan una de las maravillas más internacionales del país, hay que destacar que Dubái cuenta también con el conjunto de islas artificiales más grande de la historia. Aunque aún no se ha finalizado, la línea de costa de esta gran ciudad es la única que en el futuro inaugurará el conjunto de islas artificiales más extenso del mundo, las Palm Islands. El gigantesco proyecto consta de tres espectaculares archipiélagos con forma de palmera y 300 pequeñas islas llamadas The World. Está previsto que la ambiciosa construcción se convierta en un destino turístico, comercial y residencial ideal para billonarios y celebridades de todos los rincones del globo.

La consolidación del país como uno de los centros de finanzas e inversiones más importantes de la región y la exclusividad del estilo de vida de Emiratos han atraído a distinguidas billeteras de todo el mundo. Pero a diferencia de personalidades como Juan Carlos I, que pudo entrar y establecerse fácilmente en el país, la gran necesidad de mano de obra emiratí ha atraído a una multitud de personas extranjeras, especialmente de la construcción y del sector de los servicios, que solo pueden instalarse en Emiratos Árabes siguiendo el régimen de patrocinio de la kafala.

La población de EAU está altamente influenciada por la llegada cada año de migrantes en busca de trabajo. Fuentes oficiales estiman que, de un total de unos 9,89 millones de personas que habitaban el país en 2020, un 85,4% era de origen inmigrante. Estos números convierten a Emiratos Árabes Unidos en el país con el porcentaje más alto de población extranjera viviendo dentro de sus fronteras.

En azul, el volumen de inmigrantes hombres (6.326.020 personas) y en rojo el número de inmigrantes mujeres (2.261.236 personas). En naranja el número total de inmigración en 2019 (8.587.256 personas) Fuente: Expansión.

En el año 2019, el número total de hombres inmigrantes en EAU era de 6.326.020 personas y 2.261.236 mujeres inmigrantes registradas. En consecuencia, la distribución poblacional emiratí está formada por una enorme mayoría de hombres en edad laboral que a la vez triplican el número de mujeres en el país.

La gran mayoría de las personas que habitan el país vienen de India, Bangladesh, Pakistán, Egipto y Filipinas. La llegada masiva de mano de obra barata a EAU tiene sus orígenes a mediados del siglo XX, cuando los países del Golfo se situaron en el centro del escenario internacional por la importancia estratégica de sus reservas de combustibles fósiles. Para cubrir estas necesidades, países como Emiratos Árabes, Qatar, Arabia Saudí, Kuwait, Iraq, Bahréin, Jordania o el Líbano adoptaron un modelo laboral basado en la vinculación temporal de una persona trabajadora a un particular (su empleador) o a una empresa privada, y no al Estado. El kafala, que literalmente en árabe significa patrocinio, otorga al patrocinador (kafeel) un poder asimétrico, desproporcionado y muy elevado respecto al empleado: el kafeel tiene el poder de controlar el estatus legal de los trabajadores migrantes más allá de cualquier relación laboral. Con el Estado desentendido totalmente de toda responsabilidad laboral particular, los empleados sometidos al método kafala no pueden cambiar libremente de empleo ni salir del país. Si deciden romper estas reglas, sus visados de trabajo y residencia son cancelados y, en ciertos casos, las autoridades les podrían enviar a prisión. Por ejemplo, en Arabía Saudí, cuando un patrocinador denuncia a un trabajador porque quiere irse del país o porque no está de acuerdo con las condiciones laborales, a ojos de la ley se considera al empleado un huroob – que se podría traducir como un fugitivo – y el obrero pierde legalmente todos sus derechos, su salario y se interviene en su cuenta bancaria. En ocasiones, los huroobs son recluidos en centros de detención para después ser deportados a sus países de origen. El cuestionamiento de las decisiones del patrocinador, como una reducción del salario o el aumento de horas, es ilegal y a efectos prácticos el sometimiento del trabajador a su patrocinador es total.

Las abusivas condiciones laborales de los trabajadores inmigrantes de Emiratos Árabes han sido duramente criticadas por organizaciones humanitarias y observatorios internacionales. Recientemente, las obras de los preparativos de la celebración de la Exposición Universal de Dubái 2020, que se celebrará del 1 de octubre de 2021 al 31 de marzo de 2022 (aplazada por la crisis del COVID-19), fueron criticadas por The Guardian. Las nefastas condiciones en las que los operarios extranjeros han tenido que trabajar desde 2015 en Dubái han sido definidas como “muy peligrosas” debido a las altas temperaturas, las largas jornadas, la falta de descanso y la prologada exposición al sol abrasador del desierto árabe. El periódico digital británico califica a EAU como “un lugar peligroso para cientos de miles de trabajadores migrantes que marchan de sus hogares en India, Nepal, Pakistán y Bangladesh para trabajar entre el calor y el polvo de uno de los países más ricos del mundo”. Los datos de muertes en Emiratos y en los demás países del Golfo son difíciles de conseguir, pero el gobierno indio asegura que 5.185 nacionales murieron entre 2012 y 2017 en estos países. Según las autoridades indias, en el año 2018 Emiratos Árabes fueron la tumba de 126 trabajadores, de los cuales un 70% habían sido registrados como víctimas de un ataque al corazón. En el vecino Qatar, también cientos de personas mueren al año por temas vinculados a problemas cardiovasculares o golpes de calor trabajando bajo temperaturas de 45ºC durante 10 horas al día.

Autobuses de las empresas trasladan desde el amanecer a los trabajadores extranjeros de los dormitorios colectivos donde viven hasta las obras de construcción. Fuene: National Geographic / Jonas Bendiksen

Según un estudio elaborado por la ONG norteamericana Humans Right Watch (HRW), las medidas que han adoptado estos países para atajar el problema humanitario derivado del sistema de patrocinios son totalmente insuficientes. La falta de derechos laborales básicos sigue siendo un problema extendido en Emiratos Árabes y en los demás países en los que opera el régimen kafala. La prohibición de cambiar de trabajo o de marchar del país si el trabajador así lo desea, además de abusos laborales como los bajos salarios, largas jornadas, falta de protección legal, la prohibición de los sindicatos o las condiciones de hacinamiento en las que viven los trabajadores son el pan de cada día para millones de obreros de Oriente Próximo. HRW registró en Kuwait en 2020 unos 40 casos de suicidio vinculados a antiguos trabajadores deportados a sus países de origen durante la crisis sanitaria y responsabiliza a las grandes multinacionales que operan en estos países de beneficiarse del régimen abusivo de los kafeel, ya que “aunque estas no cometan directamente el abuso, en la cadena de suministros o en la contratación, muchas subcontratan trabajadores, que pueden ser víctimas de abusos”. Por su parte, la organización The Commonwealth Human Rights Initiative contabiliza que cerca de 24.570 inmigrantes indios murieron en los países del Golfo entre 2012 y mediados de 2018.

Dentro de este sistema pésimo para los derechos humanos de los trabajadores, las mujeres son especialmente vulnerables. Además de ser en su mayoría destinadas a tareas de limpieza, cuidados y cocina al servicio de multimillonarios, según la legislación de Emiratos Árabes las inmigrantes empleadas a través del sistema de patrocino tienen prohibido tener relaciones. Si resultan embarazadas, aunque sea resultado de una violación, son fulminantemente encarceladas y deportadas. En el código penal de EAU, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son consideradas un crimen y entran en la misma categoría que el adulterio o la homosexualidad. Una investigación realizada por la BBC afirma que cientos de mujeres migrantes son enviadas a prisión cada año por crímenes de Zina, una categoría penal de la sharía que recoge todos estos actos ilegales. Para HRW, el código penal de la Zina viola la ley internacional y desproporcionadamente se aplica de forma sistemática contra las mujeres.

Emiratos Árabes es uno de los países más prósperos del mundo, un auténtico centro financiero con increíbles edificaciones, infraestructuras y cómodo alojamiento al alcance de muy pocos, ideal para todos aquellos capaces de amasar una gran fortuna. Un auténtico paraíso exclusivo que se ha convertido en un infierno para los millones de inmigrantes temporales que hacen las maletas y aterrizan en el país para ganarse la vida siguiendo las firmes directrices del sistema kafala. La situación de la clase trabajadora en uno de los países más ricos del mundo y más importantes de la región pérsica es un escándalo, con una falta de derechos laborales flagrante, peligrosas condiciones de trabajo, leyes que atentan contra los derechos humanos que (aunque son la inmensa mayoría del país) hacen imposible que los extranjeros obtengan jamás al selecto grupo que tiene la ciudadanía y derechos, como atención médica, vivienda, educación o empleos en el sector público emiratí.

Bibliografía

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