
El histrionismo domina la política nacional en Filipinas. Insultos, recurrentes salidas de tono y afirmaciones disparatadas han hecho del debate público un asunto performativo. Los lujos extravagantes de Imelda Marcos y las groserías de Rodrigo Duterte cautivan la atención de la opinión pública internacional. Ante las cámaras, Filipinas se convierte en un escenario a medio camino entre el surrealismo y la indecencia moral.
Sin embargo, toda esta proyección arroja constantemente una duda: ¿Por qué Estados Unidos mantiene y multiplica
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