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El Ejército etíope toma Mekelle, la capital de Tigray

El Ejército de Etiopía toma Mekelle, la capital de Tigray, y obliga al TPLF a replegarse e iniciar una fase marcada por la guerra de guerrillas.
El Ejército de Etiopía toma Mekelle, la capital de Tigray, y obliga al TPLF a replegarse e iniciar una fase marcada por la guerra de guerrillas. Fuente: AMISOM Public Information - bajo CC0 1.0

A dos semanas de su inicio, la guerra en Etiopía ha entrado en una nueva fase. El 3 de octubre, tropas del Ejército federal y de la Fuerza de Paz de Tigray tomaron el control de la capital regional, Mekelle, y los efectivos del Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) se retiraron hacia otros territorios.

Lejos de significar el final del conflicto, esto abre una nueva etapa en la que el TPLF va a seguir combatiendo al Ejército etíope utilizando tácticas de guerrilla, desdibujando los frentes y extendiendo los combates a un territorio más amplio dentro de Tigray.

La situación recuerda mucho a lo ocurrido en 2020, cuando las fuerzas federales tomaron Mekelle apenas tres semanas después del inicio de la guerra. El TPLF se retiró entonces hacia las zonas rurales y montañosas, donde sus fuerzas se reorganizaron y dieron lugar a las Fuerzas de Defensa de Tigray (TDF).

El 28 de junio de 2021, las TDF recuperaron Mekelle y pasaron a la ofensiva en las regiones vecinas de Amhara y Afar. En los meses siguientes llegaron a controlar varias ciudades estratégicas y, junto al Ejército de Liberación Oromo (OLA), pusieron bajo una fuerte presión militar al Gobierno de Abiy Ahmed, amenazando incluso con llegar hasta Adís Abeba.

La caída de Mekelle

No cabe duda de que la caída de Mekelle supone un duro golpe tanto para el TPLF como para el conjunto de la Alianza para la Supervivencia. A escasos tres días de anunciarse la creación de esta coalición –que incluye a los principales grupos armados del país–, el TPLF conseguía controlar varios aeropuertos de Tigray.

Poco después avanzaba hacia el interior de la región de Afar junto al Frente Revolucionario de Unidad Nacional Afar (Ugugumo), al tiempo que las milicias Fano recrudecían su insurgencia contra el Ejército en la región de Amhara. 

Sin embargo, desde entonces, Adís Abeba ha pasado a la ofensiva, consiguiendo revertir gran parte de los avances de los miembros de la Alianza para la Supervivencia. La conquista de Alamata supuso un punto de inflexión, cortando el avance del TPLF hacia el sur y su conexión con la capital etíope.

Al mismo tiempo, recuperaba el control de diversas localidades de Afar fronterizas con Tigray, alejando el temor a que pudieran perder la carretera que conecta Adís Abeba con Yibuti. Esto habría supuesto un golpe durísimo para la economía etíope, extremadamente dependiente de esta ruta para sus importaciones y exportaciones.

Control territorial en Mekelle y sus alrededores a 5 de octubre de 2026. En rojo, territorio controlado por las Fuerzas de Defensa de Tigray (TDF)/Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF); en amarillo, territorio controlado por el Ejército federal etíope.
Control territorial en Mekelle y sus alrededores a 5 de octubre de 2026. En rojo, territorio controlado por las Fuerzas de Defensa de Tigray (TDF)/Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF); en amarillo, territorio controlado por el Ejército federal etíope.

Todos estos reveses militares no han hecho más que demostrar las principales limitaciones de la alianza, dejando claro que, a pesar de compartir un objetivo común, sus diferencias son demasiado importantes como para que esto se traduzca en una verdadera coordinación militar. Si bien Ugugumo o Fano también han llevado a cabo acciones contra el Ejército, el peso de la ofensiva ha recaído con claridad sobre el TPLF. 

En cambio, grupos con un largo historial insurgente, como el OLA, no han abierto nuevos frentes contra el Gobierno desde el inicio de la guerra en el norte e incluso desde el Movimiento Democrático de los Pueblos Gumuz han llegado a afirmar que no forman parte de la alianza. En sentido contrario, el Frente de Liberación Nacional Sidama anunció su incorporación a la coalición el 24 de septiembre, cuando los combates ya habían comenzado.

A todo esto se suma que el TPLF ya no cuenta con la hegemonía militar y política que mantenía dentro de Tigray durante la guerra de 2020. Así lo demuestra, por ejemplo, la participación en los combates –junto al Ejército federal– de la Fuerza de Paz de Tigray, una milicia formada en torno a antiguos combatientes del TPLF y vinculada a Getachew Reda, exlíder del Gobierno transitorio de Tigray y actual asesor del primer ministro. 

Ruptura de relaciones con Eritrea

La evolución de los combates ha hecho crecer el temor a que la guerra pueda adquirir una dimensión regional. El principal foco de preocupación se encuentra en Eritrea, cuya relación con Etiopía amenaza cada vez más con convertirse en un enfrentamiento armado. Las autoridades de Afar afirman que tropas eritreas estarían combatiendo ya junto al TPLF, y distintos reportes indican un gran movimiento de tropas en la frontera. 

En el plano diplomático, las relaciones entre ambos países se encuentran en su punto más bajo desde el acuerdo de paz de 2018. El 1 de octubre, Etiopía cerró su embajada en Asmara y expulsó a diez diplomáticos eritreos, acusando al país de actos de “hostilidad y beligerancia”. Como respuesta, Asmara anunció la ruptura total de las relaciones diplomáticas bilaterales.

Esta escalada no se ha limitado a Eritrea. Etiopía y Egipto intercambiaron expulsiones de diplomáticos la semana pasada, después de que Adís Abeba declarase persona non grata a un diplomático egipcio y El Cairo respondiera con una medida similar contra un funcionario etíope.

El Gobierno de Abiy Ahmed ha acusado tanto a Egipto como a Eritrea y Sudán de apoyar a la Alianza para la Supervivencia –encabezada por el TPLF–, algo que los tres países han negado. 

En este contexto, el 4 de octubre, los dirigentes de Egipto, Eritrea, Somalia y Sudán se reunieron en Nueva Alamein en una cumbre que permitió escenificar el creciente acercamiento entre cuatro países con intereses comunes frente a Etiopía. El encuentro abordó cuestiones de seguridad regional, la navegación por el mar Rojo o la situación de Sudán.

La coincidencia temporal con la ruptura entre Etiopía y Eritrea y con las acusaciones de Adís Abeba contra estos países no parece casual, ejemplificando un probable frente común si una guerra por ahora interna rebasa las fronteras etíopes. 

La respuesta de Etiopía a la cumbre no se ha hecho esperar: en una declaración publicada el 5 de octubre, el Ministerio de Asuntos Exteriores reivindicó los intereses del país tanto sobre el Nilo como sobre el mar Rojo.

Adís Abeba acusó además a actores regionales de recurrir a intermediarios y actos de desestabilización, y advirtió de que no renunciará a sus “intereses nacionales fundamentales”, aunque aseguró que sigue apostando por el diálogo y la cooperación regional. 

El mensaje muestra hasta qué punto la nueva guerra está quedando vinculada a dos de las principales disputas geopolíticas del Cuerno de África, la gestión de las aguas del Nilo y el acceso etíope al mar Rojo.

La recuperación de Mekelle puede haber cambiado el equilibrio militar dentro de Tigray, pero no ha cerrado un conflicto cuyas dimensiones políticas, territoriales y regionales son mucho más amplias y deja abierta la posibilidad de que la guerra vuelva a extenderse dentro de Etiopía y termine implicando de forma directa a sus vecinos. 

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