
La guerra abierta en Oriente Medio entre Irán, Estados Unidos e Israel ha entrado en una nueva fase marcada por dos elementos clave: la resiliencia del sistema político iraní y la utilización del mercado energético global como herramienta estratégica de presión.
Tras los primeros ataques de la coalición israelí-estadounidense –que incluyeron el asesinato del Líder Supremo Alí Jamenei–, Washington y Tel Aviv esperaban provocar una desorganización profunda del Estado iraní y forzar una rendición rápida.
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