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Dimite Humza Yousaf, primer ministro escocés, tras la ruptura del pacto de coalición con los verdes

El primer ministro de Escocia, Humza Yousaf, en Bute House.
El primer ministro de Escocia, Humza Yousaf, en Bute House. Fuente: Scottish Government – bajo CC BY 2.0 DEED

El primer ministro de Escocia, Humza Yousaf, que ascendió al cargo en marzo de 2023, presentó el lunes 29 de abril su dimisión al frente del Gobierno y del Partido Nacional Escocés ―SNP, por sus siglas en inglés―. El aún dirigente escocés se ha visto obligado a renunciar, acorralado ante la pérdida de apoyo parlamentario y la perspectiva de enfrentarse a dos mociones de censura distintas. El detonante de la crisis tuvo lugar el jueves 25 de abril, cuando, de manera inesperada, Yousaf decidió dar por finiquitado el acuerdo de coalición que su predecesora, Nicola Sturgeon, había suscrito con los verdes y comunicó a sus socios su intención de seguir gobernando en solitario. 

La ruptura del Pacto de Bute House –denominado así en honor a la residencia oficial del primer ministro, donde se fraguó– provocó un terremoto en la política escocesa. El acuerdo llevaba en vigor desde 2021, cuando los resultados electorales dieron lugar a un hung parliament, poco común en la política británica: el SNP se quedó a un solo diputado de la mayoría absoluta, lo que llevó a Sturgeon a buscar el apoyo del otro partido independentista con presencia en Holyrood: el Verde. Los verdes escoceses, que no guardan relación con sus homónimos en Inglaterra y Gales, defienden abiertamente la independencia de Escocia y ya habían brindado apoyo externo al anterior ejecutivo de Sturgeon, por lo que, tras dos meses de negociaciones, ambas formaciones tuvieron relativamente fácil llegar a un acuerdo. 

Para ampliar: El futuro del SNP y del nacionalismo escocés tras la dimisión de Nicola Sturgeon

El pacto se tradujo en la designación de dos diputados del grupo verde como ministros adjuntos y en la puesta en marcha de un programa conjunto, con medidas tales como la nacionalización de los servicios ferroviarios, políticas contra la pobreza infantil, el impulso de las energías renovables, la bajada de impuestos a las rentas más bajas y la preparación de un nuevo referéndum de autodeterminación.

Sin embargo, durante la carrera para suceder a Sturgeon en marzo de 2023, afloraron las divisiones internas en torno a la conveniencia de continuar con la coalición. Mientras que Kate Forbes y Ash Regan –que ha abandonado el SNP y se encuentra adscrita a Alba, la plataforma independentista del ex primer ministro Alex Salmond–, ambas pertenecientes al ala derecha del partido, se mostraron críticas con el acuerdo, Yousaf fue el único que abogó por su continuidad. Al mismo tiempo, los verdes amenazaron con romper ellos mismos la coalición en caso de que Yousaf no saliese elegido. 

Finalmente, Yousaf fue investido primer ministro y el pacto se renovó sin sobresaltos. No obstante, un año después, todo saltó por los aires. El 18 de abril, el Gobierno escocés optó por renunciar a su compromiso de reducir las emisiones de carbono en un 75% para 2030, objetivo calificado de poco realista. La decisión provocó una rebelión en las filas de los verdes, cuyos líderes anunciaron la convocatoria de un plebiscito interno para decidir sobre su permanencia en el Gobierno. Ante la posibilidad de que los militantes ecologistas diesen la espalda al SNP, Yousaf prefirió adelantarse y comunicar a la dirección de los verdes la ruptura del acuerdo de coalición. Presionado por su flanco derecho, explicó que, a partir de entonces, el Partido Nacional Escocés recuperaría su autonomía para continuar en solitario con su programa de Gobierno, despojado de buena parte de las medidas de tinte progresista incluidas en el pacto bipartito. 

El colapso del Gobierno de coalición fue aprovechado por los conservadores y los laboristas para presentar sendas mociones de censura; la de los tories se dirigía contra Yousaf como primer ministro; la del Partido Laborista, contra todo el gabinete. La primera no tenía efectos vinculantes, pero la segunda, de triunfar, provocaría la caída inmediata de todo el Gobierno. Aunque, al principio, Yousaf estaba convencido de que podría mantenerse a flote, la decisión de los verdes de secundar ambas mociones dio un vuelco al escenario: si quería sobrevivir, necesitaría el apoyo de Regan, que se mostraba dispuesta a exigir un alto precio, y, para deshacer el empate, el de la presidenta del Parlamento, que, aunque perteneciente a los verdes, votaría por convención a favor del statu quo

En cualquier caso, el Gobierno del SNP quedaría en una situación de extrema debilidad, a merced de las veleidades de Regan, la antigua rival de Yousaf, y de Alex Salmond, que alberga un profundo resentimiento contra su antiguo partido. Ambos pretendían forzar al Gobierno a avanzar en el camino hacia la independencia, aun sin la autorización de Downing Street. Por ello, y tras meditarlo a lo largo del fin de semana, Yousaf se inclinó por dimitir. El primer musulmán en alcanzar el cargo en Escocia ha comunicado la decisión a su formación, que deberá ahora convocar unas primarias internas para elegir a su sucesor. Entre los posibles candidatos, vuelve a sonar el nombre de Kate Forbes, detestada por el establishment del partido por sus posiciones conservadoras, y el de John Swinney, vice primer ministro durante los mandatos de Sturgeon, un político veterano a quien muchos ven como la figura de unidad que podría servir para atenuar la crisis de un SNP en horas bajas. Pero, si Forbes decide intentarlo de nuevo, será difícil evitar la imagen de enfrentamiento de unas elecciones primarias que a punto estuvieron de desgarrar al partido hace un año. 

Para ampliar: La Operación Branchform agudiza la crisis del Partido Nacional Escocés

Ahora bien, el nombramiento de un nuevo líder del SNP no garantiza la formación de un nuevo Gobierno, que deberá volver a ganarse el respaldo de los verdes o de, al menos, dos diputados de la oposición. El Parlamento deberá investir a un nuevo candidato en un plazo de 28 días; de lo contrario, habrán de celebrarse elecciones anticipadas. Unos comicios que nadie preveía y que a casi nadie convienen, excepto quizás al Partido Laborista, que, relegado en la actualidad a una humilde tercera posición, podría dar el sorpasso a los conservadores y mejorar notablemente sus resultados. Los pronósticos para las generales, que se celebrarán con toda seguridad antes del final del año, son aún mejores: por primera vez desde 2010, el Partido Laborista se encuentra en disposición de disputarle al SNP la primacía en Escocia, que durante años fue clave para edificar sus victorias en las generales. 

Los nacionalistas se enfrentan así a la posibilidad de perder toda la relevancia institucional que han ido ganando a lo largo de la última década. Mientras tanto, son incapaces de dar con la tecla que les permita volver a marcar la agenda en Westminster. Su propuesta de un nuevo referéndum de independencia, que constituyó una de las principales promesas electorales de Sturgeon en 2021, yace olvidada desde hace un año. Además, la crisis interna en la que ha quedado sumido el SNP se agudiza con los resultados de las pesquisas del caso Branchform, que ya había provocado la detención de Sturgeon, de su esposo y del tesorero de la formación en los últimos meses: el pasado 18 de abril, el mismo día en que el Gobierno de Yousaf renunciaba oficialmente a los objetivos climáticos establecidos, la policía procedía a imputar al marido de Sturgeon tras varias horas de interrogatorio, acusado oficialmente de malversar fondos recaudados por el SNP para hacer campaña por la independencia: 667.000 libras que podrían haber acabado en los bolsillos de los dirigentes del partido.

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