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El futuro del SNP y del nacionalismo escocés tras la dimisión de Nicola Sturgeon

Nicola Sturgeon anuncia en una rueda de prensa su dimisión como líder del Partido Nacional Escocés
Nicola Sturgeon anuncia en una rueda de prensa su dimisión como líder del Partido Nacional Escocés. Fuente: Jane Barlow / AFP via Getty Image

El pasado 15 de febrero, Nicola Sturgeon presentó por sorpresa su dimisión como líder del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) y como primera ministra de Escocia. Sturgeon lleva ocupando ambos cargos desde 2014, cuando, tras la derrota del Sí en el referéndum de independencia de septiembre de aquel año, su antecesor Alex Salmond decidió apartarse y cederle a ella el testigo.

El liderazgo de Nicola Sturgeon

Pese a aquel fracaso, el Partido Nacional Escocés ha cosechado desde entonces algunos de sus mayores éxitos. La afiliación al partido se incrementó notablemente en los meses posteriores al referéndum –en apenas un año el partido pasó de 20.000 a 100.000 miembros–, fruto de un ensanchamiento de su base social y de la movilización de su electorado más tradicional. Ambas tendencias se vieron confirmadas con los resultados obtenidos en las elecciones generales de mayo de 2015, cuando el SNP obtuvo 56 de los 59 escaños en liza en Escocia y se convirtió en el tercer partido con mayor representación parlamentaria en la Cámara de los Comunes. El Partido Laborista, que había ganado todas las elecciones generales en Escocia en los últimos cincuenta años, había sido barrido del mapa.

A lo largo de los siguientes años, el SNP ha reafirmado su primacía en el tablero electoral escocés, consolidando su hegemonía en las elecciones generales de 2017 y 2019 mientras afianzaba su posición de primera fuerza –con más del doble de escaños que la segunda– en el Parlamento regional. En el año 2016, el asunto de la independencia había quedado más o menos aparcado; el resultado del referéndum había sido lo suficientemente consistente para cerrar el debate hasta la siguiente generación, o eso había manifestado la propia Sturgeon. Sin embargo, en ese año se produce un cambio sustancial de las circunstancias que empuja al SNP a reabrir la cuestión: el referéndum del Brexit arroja resultados favorables a la salida de la Unión Europea en el conjunto del Reino Unido, pero en Escocia triunfa la permanencia por un 62% de los votos. Dado que uno de los ángulos centrales de la campaña unionista de 2014 había sido la conveniencia de votar no a la independencia como garantía de permanecer en la Unión Europea, la razón por las que muchos escoceses se habían decantado por mantenerse en el Reino Unido había perdido su valor.

Las elecciones al Parlamento escocés de mayo de 2021 se saldaron con la victoria del SNP, que se mantendría en el Gobierno por cuarta legislatura consecutiva. Mejoró ligeramente sus resultados y se quedó a solo un escaño de la mayoría absoluta, por lo que un acuerdo con los Verdes, favorables a la independencia de Escocia, aseguró la continuidad de Nicola Sturgeon como primera ministra. Aunque los planes del SNP de convocar otro referéndum habían sufrido un cierto retraso como consecuencia de la pandemia, en junio de 2022 Sturgeon anunció su intención de celebrar una nueva consulta en octubre del siguiente año. Es importante destacar, en este punto, que el Reino Unido carece de constitución escrita, y que por lo tanto no existe ninguna norma que consagre su unidad indivisible, como sí ocurre en muchos otros países. En cualquier caso, el referéndum del año 2014 había necesitado del acuerdo del Gobierno de David Cameron, que cedió al ejecutivo escocés las competencias para organizarlo. Esto se hizo según lo estipulado en el artículo 30 de la Ley de Escocia de 1998, que devolvió el autogobierno al país. Dado que los asuntos relacionados con la soberanía y la unidad del territorio son materias reservadas a Westminster, se entendió entonces que era potestad exclusiva del Gobierno británico autorizar un referéndum de independencia.

Indyref2: un nuevo referéndum de independencia

Sin embargo, ante la negativa de Boris Johnson de permitir la celebración de una nueva consulta, el Gobierno de Sturgeon llevó el asunto a la Corte Suprema del Reino Unido, que resolvió que el Parlamento escocés carecía de competencias para convocar un referéndum de independencia de manera unilateral. En respuesta, Nicola Sturgeon prometió dotar a las siguientes elecciones escocesas de un carácter plebiscitario. No obstante, la propuesta de la primera ministra suscitó numerosas dudas entre los líderes y las bases del partido, recelosos de los riesgos que podía entrañar. Las encuestas publicadas a partir de esa fecha comenzaron a reflejar un ligero descenso en el apoyo a la independencia y una oposición a los planes de Sturgeon, tanto entre el público general como entre sus propios votantes. Con el fin de trazar unas líneas de acción claras al respecto, la primera ministra prometió celebrar una conferencia especial del partido en el mes de marzo.

Conviene dejar claro que el caso del nacionalismo escocés tiene numerosas diferencias con los de Cataluña o el País Vasco. En el caso de Escocia, una sola formación nacionalista –el Partido Nacional Escocés– se ha hecho con la hegemonía política en el país, con resultados cercanos al 50% de los votos en todas las elecciones que se han celebrado en la última década. Solo existen otros dos partidos con cierta relevancia pública que se declaran abiertamente independentistas: los Verdes –que obtuvieron un 8% de los sufragios en las últimas elecciones–, y el Alba Party, fundado en 2021 por el ex primer ministro Alex Salmond pero sin representación en el Parlamento escocés.

Fundado en 1934 con la autodeterminación como única meta, el Partido Nacional Escocés tardó varias décadas en tener una línea ideológica definida. A lo largo de su historia, han sido frecuentes las tensiones entre los sectores más puramente de izquierdas y aquellos que han preferido mantener un perfil moderado para ampliar la base. En lo relativo a la independencia, pueden distinguirse dos corrientes claramente diferenciadas. Por un lado, están los gradualistas, defensores de una postura posibilista que entiende que la independencia deberá conseguirse a través de la asunción progresiva de competencias cedidas por Westminster. Por el otro, los fundamentalistas, históricamente minoritarios entre los altos cuadros del partido, defienden una estrategia de confrontación con el Gobierno británico que ponga la independencia en el centro de su programa político. La apuesta por convertir las próximas elecciones en un referéndum de facto concuerda perfectamente con las aspiraciones de este último sector, pero es rechazada de plano por los gradualistas.

En todo caso, los apoyos que recibe el SNP no provienen exclusivamente de votantes independentistas, sino que muchos ciudadanos escogen su papeleta atraídos por sus políticas económicas y sociales, o por la imagen de solvencia que se ha construido en torno a su gestión al frente del Gobierno. Plantear los próximos comicios como un plebiscito a favor o en contra de la independencia equivaldría a dejar de lado todos los demás temas que preocupan a los electores y supondría el riesgo de alienar a los menos nacionalistas. Además, podría llevar al SNP a moverse a la derecha para intentar atraer a todo el espectro político independentista. Un movimiento de este calibre podría desencadenar una pérdida de votos en favor de formaciones situadas más a la izquierda, como los Verdes o el Alba Party, o incluso provocar una ruptura del partido. Los laboristas también podrían aprovechar esta oportunidad para erigirse en principales exponentes de las políticas progresistas de las que suele hacer gala el SNP.

La dimisión de Sturgeon y los candidatos para reemplazarla

Paralelamente al conflicto sobre las próximas elecciones, Sturgeon mantenía un enfrentamiento con Downing Street y con miembros de su propio partido en torno a la aprobación de una ley de autodeterminación de género. La norma propuesta por la primera ministra permitiría elegir el género legal sin necesidad de un examen médico. Sturgeon hubo de hacer frente a una rebelión en sus propias filas; una de sus ministras presentó la dimisión y nueve diputados votaron en contra de la norma. Pese a que finalmente la ley fue aprobada por el Parlamento, el 16 de enero el Gobierno de Rishi Sunak decidió impedir su entrada en vigor invocando el artículo 35 de la Ley de Escocia. Este artículo da al Gobierno central el poder de intervenir si considera que una determinada disposición legislativa supone una injerencia en materias reservadas a Westminster.

Movilización a favor de la celebración de un referéndum de independencia en Escocia
Movilización a favor de la celebración de un referéndum de independencia en Escocia. Fuente: EPA

El 15 de febrero, asediada por ambas polémicas, Nicola Sturgeon anunció sorpresivamente su dimisión, citando el agotamiento físico y mental como causas. Un día después, el SNP anunció el aplazamiento de la conferencia especial sobre la independencia hasta la elección de un nuevo líder. Las votaciones estarán abiertas a todos los miembros del partido y tendrán lugar del 13 al 27 de marzo, fecha en se anunciarán los resultados. Después de que tanto el antiguo líder del partido en la Cámara de los Comunes, Angus Robertson, como el viceprimer ministro, John Swinney, renunciaran a presentarse, los candidatos en liza son tres: Kate Forbes, Humza Yousaf, y Ash Regan.

  • Kate Forbes, que pertenece al ala derecha del partido, parte como favorita en las casas de apuestas, pero ha suscitado polémica con sus afirmaciones sobre el matrimonio homosexual. Poco después de lanzar la campaña, afirmó que ella no habría votado a favor de su legalización. Forbes pertenece a la Iglesia Libre de Escocia, una congregación evangélica con posiciones muy conservadoras en temas como el aborto o la transexualidad. La candidata se opone también a la ley de autodeterminación de género, lo que ha suscitado controversia entre los Verdes, socios parlamentarios del SNP. Por último, Forbes aspira a incrementar el apoyo a la independencia a través del crecimiento económico. No se muestra a favor de convertir las próximas elecciones en un referéndum de facto.
  • Humza Yousaf, Secretario de Salud en el actual Gobierno, es el perfil más continuista y cercano al establishment del partido. Se muestra absolutamente comprometido con el mantenimiento de las políticas progresistas que han caracterizado la etapa de Sturgeon y con la defensa de la ley de autodeterminación de género. Si ganase las primarias, ha asegurado que trataría de integrar a las demás corrientes del partido. Por otro lado, no muestra entusiasmo por la idea de usar los próximos comicios como un plebiscito y por el momento prefiere centrarse en ampliar la base social del independentismo.
  • Ash Regan representa para muchos la ruptura con el legado de Nicola Sturgeon. Antigua Ministra de Seguridad Comunitaria en su Gobierno, dimitió en respuesta a la aprobación de la ley de autodeterminación de género, que ha prometido abandonar. Es partidaria de políticas liberales que incentiven las inversiones y la actividad empresarial, y ha propuesto ralentizar los planes de descarbonización en Escocia para evitar un perjuicio económico. En lo referente a la autodeterminación, es la candidata más radical: si en las próximas elecciones los partidos independentistas obtienen más de la mitad de los votos, asegura que habrá llegado el momento de ponerse a negociar con el Gobierno británico las condiciones de la independencia.

Perspectivas de futuro

El conflicto sobre la ley de género y el plan de Sturgeon sobre la independencia abrieron una crisis en el seno del SNP. Esta crisis, aún abierta, se ha saldado con la pérdida de varios puntos porcentuales en intención de voto, según atestiguan todos los sondeos. La bajada del SNP, que se sitúa ahora en torno al 40% de los sufragios, ha coincidido con un ascenso del Partido Laborista, que ya roza el 30%.

Una victoria de Kate Forbes en las primarias de la formación, especialmente si se reafirma en las opiniones defendidas durante la campaña, podría reforzar esta tendencia y provocar un éxodo masivo de votantes progresistas hacia el Partido Laborista y los Verdes. Por otra parte, el triunfo de Ash Regan podría servir para mantener la fidelidad del electorado más independentista, pero propiciaría la huida hacia el Partido Laborista de los sectores más socialdemócratas. Además, en el medio plazo su vía hacia la independencia podría acabar encallando en un punto muerto, como ha sucedido con el proceso soberanista en Cataluña. La elección de Humza Yousaf es quizá la opción más segura para evitar un cataclismo en las filas del SNP. Sin embargo, su renuncia a ejercer presión para la convocatoria de un nuevo referéndum corre el riesgo de ser percibida por los votantes más radicalizados como un signo de debilidad, y podría dar alas a los Verdes o incluso al Alba Party de Salmond.

Con el Reino Unido sumido en una profunda crisis política, un Partido Conservador en horas bajas, y una gran incertidumbre sobre la evolución de la economía, las primarias que dirimirán el liderazgo del Partido Nacional Escocés son un tema de inquietud para muchos. De la victoria de uno u otro candidato dependerá el futuro de Escocia y el rumbo que emprenda el movimiento por la independencia en los próximos años.

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