Chema Caballero (II): “China ha visto el potencial del mercado interno de África y lo está aprovechando”

Chema Caballero. Fuente: Jot Down

Chema Caballero ha dirigido uno de los programas más exitosos de rehabilitación de niños de soldado en Sierra Leona, país en el que residió durante más de una década y en el que vivió todo el desarrollo de este conflicto armado. Actualmente es coautor en el Blog  “África no es un País” de El País y colabora en la revista Mundo Negro, especializada en información de los países africanos.

– ¿Cuál es el papel que tiene ahora la ciudadanía en los países africanos que has conocido?

Una de las cosas que he visto durante mis últimos viajes es todo el poder que está adquiriendo la sociedad civil en los distintos países del continente. Esto es muy representativo, ya que algo esta cambiando, aunque algunos gobiernos sigan estancados en la corrupción y en la gerontocracia.

Ahora los jóvenes están más formados, manejan mejor las redes sociales, están organizándose y creando movimientos muy importantes en defensa de la democracia y de los derechos humanos. Hay países donde esto está funcionando muy bien, como en Senegal, Burkina Faso en su momento, Togo o parte de la República Democrática del Congo.

Estos movimientos indican que hay una parte de la sociedad civil que quiere que las cosas sean distintas y que si el propio gobierno no lo hace, la gente buscará un camino alternativo para alcanzarlo.

– A pesar de sus iniciativas, las sociedades tienen que hacer frente a ciertas cuestiones que no pueden manejar, como por ejemplo las consecuencias medioambiantales de la sobreexplotación del las materias primas ¿las empresas que se benefician de estos recursos tienen algún tipo de proyectos para restaurar los daños que causan estas actividades?

No, para nada. Hubo algún tribunal británico que ha admitido a trámite acciones contra empresas que cotizan en la bolsa de Londres y que han cometido esos actos en países como Sierra Leona, Liberia, Nigeria o Camerún. Algunas compañías han desahuciado a mucha gente para poder explotar una mina o para plantar caña de azúcar. Sin ninguna duda, es un paso importante que tribunales europeos empiecen a admitir recursos contra esas empresas.

El hecho de que en muchos países la sociedad civil esté pidiendo que se hagan públicos los contratos que firman sus gobiernos con las compañías extranjeras para la explotación de recursos naturales también está poniendo límite a muchos abusos. Pero tienen que ser los propios africanos los decidan que hacer con su vida. Son ellos los que tienen que implicarse.

No podemos ir nosotros a decirles como deben gestionarse. Nosotros podemos luchar para que nuestros gobiernos sean responsables en el comercio de armas, para que nuestras empresas no exploten recursos o no comentan violaciones de derechos humanos, pero la gente de allí tiene que estar luchando para que sus propios gobiernos no permitan que haya estos abusos en su territorio.

Creo que cada uno desde su país tiene que luchar para que las cosas sean distintas. Pero las sociedades de allí tienen una responsabilidad muy grande a la hora de combatir estas prácticas y decidir lo que realmente quieren.

Otro de los grandes problemas es el trabajo infantil. A pesar de todas las campañas seguimos siendo los grandes compradores de muchos productos que se obtienen con este tipo de mano de obra ¿se está haciendo algo efectivo para solucionar esta situación?

En teoría sí. Pero en la práctica tenemos países como Ghana o Costa de Marfil, donde la mano de obra infantil se sigue utilizando en las plantaciones de cacao que utilizan las grandes marcas de chocolate que consumimos.

Hay una mesa para erradicar el trabajo infantil, pero en realidad el número de menores que trabaja en las plantaciones sigue creciendo. Es muy difícil cambiar ciertas cosas cuando no hay una verdadera voluntad política.

La labor de los periodistas desde el terreno ¿puede ayudar a concienciar a las sociedades occidentales para que ejerzan presión sobre los gobiernos y que estos lleven a cabo acciones efectivas para cambiar estas realidades?

Yo creo que es fundamental, sin ellos no sabríamos ni la mitad de lo que está ocurriendo. Una sociedad que no está informada no puede pedir responsabilidades a sus gobiernos. Necesitamos saber lo que realmente está pasando, y esa es la función que tienen los periodistas. El problema es que en este país los medios de comunicación no invierten mucho en investigación y ni en grandes reportajes. A la gente que está sobre el terreno ahora mismo les cuesta mucho llegar a final de mes. Hay muy pocos periodistas que puedan vivir de ello.

Muchas personas trabajan para una ONG hacen algo de freelance cuando tienen tiempo libre y por eso también nos llega muy poco, A pesar de esto, gracias a gente como el corresponsal Pepe Naranjo, por ejemplo, podemos estar al corriente de lo que está ocurriendo allí.

– ¿La ayuda oficial al desarrollo es verdaderamente gratuita y efectiva? ¿Qué precio real se paga el receptor?

La ayuda al desarrollo como concepto es bueno, pero tras tantos años de este tipo de ayudas parece que las cosas no cambian sobre el terreno. Seguimos viendo las escuelitas, los pozos, los proyectos de cooperación y parece ser que todo se mantiene casi igual. Yo creo que este tipo de ayuda crea mucha dependencia y eso hace que los países no se desarrollen. Además, sirve para mantener y apoyar los intereses de los estados donantes, pues son ellos los que deciden a dónde va y los receptores suelen ser los países que están en su órbita de intereses.

Por ejemplo cuando sale el Plan África del gobierno español, hace poco se ha aprobado el tercero, ¿por qué hay unos países que son prioritarios y otros no? ¿por qué Mozambique es una país prioritario para España? Pues porque Pescanova controla toda la pesca de Mozambique y hay unos intereses comerciales de España en ese país. Al final lo que es un buen instrumento es utilizado como unos fines espúreos.

La ayuda al desarrollo habría que repensarla para que sea más efectiva, aunque creo creo que es un buen instrumento.

– Las iniciativas que provienen de estados donantes u organizaciones internacionales ¿hasta que punto se están ajustando a las necesidades de la población?

Cuando hay un proyecto de desarrollo que surge de las necesidades de la población, y ves que la gente se ha implicado en el diseño, suelen funcionar mejor. Este tipo de iniciativas son completamente diferentes a los proyectos que han sido creados en los despachos de Bruselas, Nueva York o Madrid, porque en general no se tienen en cuenta muchísimos factores.

Las buenas intenciones, a veces, no bastan.

– ¿Quizás sería más interesante que los africanos se ayuden a sí mismos? ¿es la educación un camino sólido para ello?

Yo creo que sí y esto ya está sucediendo. En unos de los viajes que hice desde Nairobi a Sudán del Sur fui con una expedición de medios kenianos que iban a pasar sus vacaciones en Sudán del Sur para operar. Cada vez más, son los propios africanos los que se implican en el desarrollo y en el diseño de las políticas. Yo siempre recuerdo una historia que sirve como ejemplo; en Sierra Leona hubo una ONG estadounidense que hizo un seminario de tres días contra la mutilación genital femenina. Invitaron a jefes, ancianos y jóvenes que asistieron a las charlas contra esta práctica. El último día salió todo el pueblo con una pancarta enorme en la que estaba escrito: “Tonko Limba contra la mutilación genital femenina”.

A las dos semanas escuché el tambor que indica que se iba a realizar la mutilación de chicas y les pregunté como era esto posible, ya que varios días atrás se habían manifestado en contra. Ellos me dijeron que lo habían hecho para que “las blancas estuvieran contentas”. Con un seminario de tres días no se van a cambiar las costumbres antiguas.

Una amiga abogada de la capital me comentaba que ese cambio los estaban haciendo las propias mujeres de Sierra Leona: “nosotras hablamos con nuestras madres y abuelas que son las que hacen la mutilación genial femenina, conocemos el idioma, sabemos a donde hay que ir y somos las que estamos tratado de que esto cambie.”.

– Otro de los grandes problemas que enfrentan las sociedades africanas es la expansión del extremismo islamista ¿por qué ha crecido tanto en África?

Creo que en esta situación entran varios factores en juego. El extremismo islamista ha crecido en zonas como el Sahel o el norte de Nigeria, lugares muy abandonados por sus gobiernos y donde muchos jóvenes no han encontrado oportunidades. También hay un cambio climático que está afectando muchísimo y evidentemente las nuevas generaciones ya no quieren vivir como sus abuelos.

Todo ese desencanto es un buen caldo de cultivo que ha sido aprovechado por gente que ha llegado de fuera del continente, en su mayoría, y han intentado atraer a las personas que están descontentas o marginadas.

En un primer momento hay una serie de reivindicaciones que son justas, pero al final caen en manos de grupos cuyos intereses son muy distintos. Yo trabajo mucho en Camerún, zona donde está presente Boko Haram, y al principio hubo jóvenes que se unieron a ellos pensando que iban a encontrar un camino para alcanzar las reivindicaciones que llevaban tiempo pidiendo. Al final muchos desertaron porque se dieron cuenta de que era la violencia por la violencia y que estos grupos buscaban una cosa muy distinta a la que ellos tenían en mente.

China ha aterrizado en África, pero muchos países europeos y  también Estados Unidos tienen sus intereses allí ¿Cuáles son las principales diferencia que hay entre Pekín y la Unión Europea en su relación con los gobiernos africanos?

Al final todos están por lo mismo que es el control de las materias primas. La diferencia es que China es muy clara y no se mete en los asuntos internos, cada país es libre de hacer lo que quiera. China construye a cambio de dinero o de acceso a materias primas. Ahora mismo hay muchísimas ciudades africanas que tienen un aeropuerto construido por los chinos. El punto culminante de todo esto, es que la sede nueva de la Unión Africana en Addis Abeba es un regalo del gobierno chino.

Occidente normalmente liga su ayuda a reformas democráticas y de derechos humanos, está más metida en asuntos internos, pero al final los intereses son los mismos: materias primas.

La otra gran ventaja de China es que ha descubierto que hay un mercado interno africano muy fuerte y que eso es un gran negocio. Hoy en día la mitad de productos que se venden en cualquier mercado del continente son chinos. Hasta las telas tradicionales africanas están hechas en China, aunque no tengan la misma calidad

Recuerdo una vez que un chaval me día: “benditos chinos, gracias a los ellos yo puedo ir vestido a la última moda“. Las motos, una de las grandes revoluciones antes de los móviles, antes costaban 5.000 dólares y ahora una moto de china la puedes obtener por 600 euros. Están por todos lados y han cambiado la vida rural porque llegan a todos los pueblos. Cuando una mujer se pone de parto puede ir todos al centro de salud.

Ese mercado chino de ropa, televisiones o aire acondicionado, es más económico y gracias a ello pueden tener un estilo de vida distinto y mejor. China ha visto el gran potencial del mercado interno de África y lo está aprovechando. Además a Pekín le interesa mucho la amistad con África porque puede conseguir el respaldo de todos estos países para sus iniciativas en las organizaciones internacionales, como por ejemplo Naciones Unidas.  

– Entender lo que sucede en África pasa también por escuchar el relato que están creando los propios africanos  a través de la música, la literatura o el cine ¿crees que esta es una buena forma de acercase más a la realidad del continente?

Por supuesto, yo soy muy fan de la música africana y el noventa por ciento de lo que leo es literatura contemporánea de este continente. Si quieres conocer como piensan o cuáles son los temas de debate, no basta con leer los periódicos locales, aunque también es importante.

Muchas veces pensamos que África es como una postal y que no ha cambiado, pero está en constante evolución y los temas conversación son muchos y muy variados. Además, lo que nos llega a España son obras de autores que han triunfado previamente en países como Estados Unidos, Reino Unido o Francia, pero lo más interesante es seguir a aquellos autores  que viven en el continente y publican desde el terreno.

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Miriam Gonzalez Francisco

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