
Andrew Holness consigue un tercer mandato al frente de Jamaica tras su victoria en las elecciones del 3 de septiembre. El Partido Laborista (JLP) obtuvo 35 escaños en el parlamento con el 50% de los votos, mientras que el Partido Nacional Popular (PNP) cosechó 28 con el 49%. La tercera fuerza apenas alcanzó el 0,26% de los sufragios, demostrando que el histórico bipartidismo del país tiene aún mucha fuerza. Sin embargo, es importante señalar que la mayoría de los jamaiquinos optaron por abstenerse, situándose la participación en el 39,5%.
Aunque los resultados pueden considerarse como una victoria para el JLP, también es visible un fuerte retroceso, perdiendo hasta 14 diputados. Su mayor éxito ha sido retener el control sobre el área metropolitana de las grandes ciudades, especialmente de Kingston. En cambio, para el PNP, el principal logro ha sido recuperar las regiones más occidentales de la isla.
El Partido Laborista, que a pesar de su nombre es una fuerza conservadora de centro-derecha cercana a las élites, basó gran parte de su campaña en consolidar sus éxitos al frente del ejecutivo. Entre ellos destaca principalmente el de la seguridad: según datos oficiales, se habría producido un descenso del 43% en los homicidios durante el último año. Su política se ha centrado en un mayor control policial y en el decomiso de armas, debilitando así la arraigada influencia de las pandillas en numerosos barrios.
Por otro lado, el gobierno también ha esgrimido los buenos indicadores macroeconómicos cosechados, entre los que se encuentra la disminución de la deuda pública o la baja inflación. De cara a su próximo mandato, entre las principales promesas figuran la rebaja del impuesto sobre la renta y el aumento del salario mínimo.
El PNP, por su parte, ha basado su campaña en señalar la corrupción institucional y en acusar al JLP de “gobernar para los ricos”. Su medida más importante en este sentido consistía en aumentar el umbral del impuesto sobre la renta, lo que beneficiaría a muchos jamaiquinos en detrimento de las grandes fortunas.
Asimismo, uno de los temas que acapararon la atención pública en los últimos años y que ha pasado de puntillas durante la campaña electoral ha sido el cambio constitucional por el que se romperían los vínculos con la monarquía británica y Jamaica se convertiría en una república. Como parte de la Commonwealth, el rey Carlos III sigue siendo el jefe del Estado representado por un gobernador general.
En diciembre de 2024, Holness propuso la celebración de un referéndum sobre la cuestión, el cual ha sido pospuesto de forma indefinida. Aunque la instauración de una república es un objetivo compartido por ambos partidos y por la mayoría de los jamaiquinos, las dos formaciones difieren sobre qué sistema político se debería adoptar.
Ocho décadas de bipartidismo en Jamaica
El reparto de poder ha sido una constante en la historia contemporánea de Jamaica. Ambas fuerzas han ganado todos los comicios desde las primeras elecciones por sufragio universal celebradas en 1944. Tras su independencia en 1962 y hasta la actualidad, el JLP y el PNP han ejercido como fuerzas hegemónicas, alternándose en el poder y acaparando las principales instituciones.
El PNP fue fundado en 1938, cuando Jamaica se encontraba inmersa en una época de agitación social y sindical. De ideología socialista, el nuevo partido capitalizó las demandas del movimiento obrero, logrando un fuerte apoyo entre las clases trabajadoras de las grandes ciudades y las zonas rurales. Por su parte, el JLP surge de una escisión del PNP en 1943, teniendo sus principales bases en las áreas urbanas, entre los empresarios y en las jerarquías eclesiásticas.
Aunque ambos partidos tuvieron cierto grado de colaboración ante el objetivo común de la independencia, tras conseguirla se inició un periodo con un alto grado de violencia que rozó la guerra civil, polarizando el país en dos bloques extremadamente opuestos.
Durante la década de los sesenta, los partidos liderados por Norman Marley (PNP) y Alexander Bustamante (JLP) crearon y financiaron bandas armadas que se convirtieron en los verdaderos dueños de muchos barrios, enfrentándose entre ellos e iniciando un periodo de inestabilidad y violencia política que causó centenares de muertos.
A ello no fue ajeno el ambiente de la Guerra Fría, acusándose al JLP de recibir armamento de Estados Unidos y al PNP de la Unión Soviética. Este clima duraría más de dos décadas, con episodios como la campaña electoral de 1980 en la que murieron más de 800 personas. Con el fin de la Guerra Fría, la violencia política empezó a disminuir, aunque la gran proliferación de armas y el arraigado control de las pandillas hacen que Jamaica todavía conserve altos índices de criminalidad.

Con el tiempo, el PNP ha ido abandonando el socialismo y moderando su discurso, acercándose a enfoques más socialdemócratas. Así pues, ambos partidos empezaron a llegar a acuerdos puntuales y a acercar posturas, desdibujándose en cierta medida las diferencias ideológicas.
El JLP y el PNP han continuado alternándose en el poder, lo que ha generado entre los jamaiquinos la percepción de que no existen diferencias reales entre ellos y de que ambos forman parte de la élite. Aun así, no ha surgido ninguna fuerza política capaz de capitalizar el descontento con el bipartidismo, por lo que la mayoría de la población opta por abstenerse.
Por todo ello, de estas elecciones pueden extraerse dos conclusiones que, aunque parezcan contradictorias, conviven en la realidad política del país: el bipartidismo conserva la fuerza suficiente para mantenerse, pero al mismo tiempo muestra un claro desgaste.
Mientras no surja una alternativa, ambas formaciones seguirán repartiéndose el poder y manteniendo su hegemonía más de ocho décadas después, pero esto podría cambiar si una nueva formación consigue acabar con la apatía ciudadana resolviendo algunos de los grandes retos de Jamaica: la criminalidad, una economía altamente dependiente del turismo y la definitiva ruptura con la monarquía británica.
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