
Además de la intervención militar sobre Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el año 2026 ha dado inicio con Estados Unidos poniendo el foco en la crítica región del Ártico.
Tal como hizo en 2019 –durante su primer mandato– y durante los primeros meses de 2025, el mandatario norteamericano Donald Trump ha insistido en la “necesidad para la seguridad nacional” de que Washington se haga con el control completo de la isla de Groenlandia, todavía bajo soberanía de Dinamarca, miembro de la Unión Europea y socio fundador de la OTAN.
No obstante, Washington ya tiene presencia y derechos sobre el territorio groenlandés, si bien son parciales y forman parte de su alianza con Copenhague. En Groenlandia, Estados Unidos opera desde el inicio de la Guerra Fría la Base Espacial Pituffik, históricamente conocida bajo el nombre de Base Aérea de Thule, uno de los más importantes enclaves militares bajo control estadounidense.
Qué es la Base Espacial Pituffik
Tras la ocupación alemana de Dinamarca en 1940, como parte de la avanzada del Ejército nazi a lo largo de Europa, Estados Unidos firmó un acuerdo secreto con el embajador danés en Washington que brindaba acceso a las tropas norteamericanas para instalar sus capacidades en Groenlandia.
De esta forma, desde 1941, Estados Unidos comenzó a operar una improvisada base desde la que controlaba el movimiento de submarinos alemanes. Esta base fue formalizada una década después a través de un tratado de defensa que habilitaba a la Casa Blanca a desplegar instalaciones y efectivos en la isla.
La Base Aérea de Thule fue de gran relevancia durante la Guerra Fría. Fue usada como enclave estadounidense en la región ártica, por cuanto permitía a los bombarderos estadounidenses llegar con mayor rapidez a la Unión Soviética y, sobre todo, porque la posición estratégica de Groenlandia permitía la instalación de valiosísimos sistemas de radares de detección temprana contra misiles soviéticos que pudieran ser lanzados por la ruta polar.
Para poder construirse la base militar, fueron desplazados más de un centenar de pobladores inuit a un asentamiento al norte, donde la caza tradicional se tornaba mucho más complicada.
Si bien fueron compensados varias décadas después, aquel hecho avivó el sentimiento antiestadounidense que todavía hoy moldea buena parte de las preferencias políticas y electorales de los groenlandeses.
Por qué es importante para Trump
Sea como fuere, la Base Espacial Pituffik se halla en la costa noroeste de Groenlandia, lo que la convierte en una de las instalaciones militares más remotas en toda la superficie terrestre. De hecho, el asentamiento humano más cercano, Qaanaag, de apenas 650 habitantes, se encuentra a más de 100 kilómetros de distancia.
A su vez, el acceso a Pituffik es bastante particular, lo que puede favorecer las pretensiones del movimiento MAGA de poseer mayor –o total– control sobre Groenlandia. A la base militar solo puede accederse en verano debido al retroceso del hielo marino. En cualquier caso, su peso para la arquitectura militar de Estados Unidos a lo largo del mundo es enorme.
Washington encuentra en este enclave un apoyo crucial en la detección de misiles de todo tipo, incluidos los hipersónicos, debido a la precisión que ofrecen los sistemas de alerta temprana en Groenlandia.
Su valor es especialmente alto si se tiene en cuenta que las trayectorias árticas son las más probables en un hipotético ataque desde Rusia, China o Corea del Norte hacia Estados Unidos.

Mantener una presencia física en el Ártico en general, y en Groenlandia en particular, le permitiría responder de forma más rápida y eficaz ante posibles ataques, en un contexto en el que el tiempo se convierte en un factor decisivo.
Del mismo modo, facilitaría el despliegue y coordinación de submarinos nucleares estratégicos, que en el océano Ártico resultan más difíciles de detectar por tratarse de una zona remota y por las condiciones heladas de sus aguas.
La estrategia ártica publicada por el Departamento de Defensa en 2024, todavía bajo la administración demócrata de Joe Biden, resume a la perfección la importancia de este escenario, marcado en la actualidad por una creciente competencia entre potencias:
"Vital para la defensa nacional, la región del Ártico de América del Norte alberga capacidades de alerta aeroespacial, control aeroespacial y alerta marítima para el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) binacional de Estados Unidos y Canadá [...] La red de radares y sensores operados por Estados Unidos y Canadá permite detectar y seguir determinadas amenazas que llegan desde y a través del Ártico".
Estados Unidos tiene desplegados unos 150 soldados en Pituffik pertenecientes a la Fuerza Aérea y a la Fuerza Espacial que se encuentran dedicados específicamente a tareas de defensa antimisiles y vigilancia espacial.
Aunque Washington ostenta sendos derechos para utilizar e incluso ampliar este enclave militar, el gobierno de Trump puede percibirlo como insuficiente, no solo considerando la extensión geográfica de Groenlandia, sino también las dificultades para acceder a Pituffik durante la mayoría del año y las intenciones de dominio de todo el Ártico que se le presumen a Estados Unidos.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







