Portada | África Subsahariana | África Central tras el golpe en Gabón: ¿nueva pugna entre potencias?

África Central tras el golpe en Gabón: ¿nueva pugna entre potencias?

Soldados gaboneses anuncian en la televisión pública que se han hecho con el poder en Gabón.
Soldados gaboneses anuncian en la televisión pública que se han hecho con el poder en Gabón.

El día 30 de agosto, poco más de un mes de los sucesos de Níger, un grupo bien organizado de militares gaboneses irrumpía en el canal de televisión Gabon 24 anunciando la usurpación del poder al presidente recién reelegido, bajo la sombra de sospecha, en las elecciones de esa misma semana. No todos los acontecimientos políticos de las crisis golpistas de África deben entenderse en el marco de la competición entre potencias como Rusia, Estados Unidos o Francia, pero el episodio de Gabón tiene un papel en la serie de intrigas regional.

El papel de Francia

La influencia francesa en el continente africano lleva un lustro de capa caída. La retirada de sus tropas de Mali y Burkina Faso tras su expulsión por parte de las juntas militares ha tenido un importante efecto en las aspiraciones de París.

Los grandes bastiones de Francia en el continente tras la caída de Malí son, tal y como ha sido tradicionalmente, Níger, Chad, Senegal, Costa de Marfil y Gabón. Djibuti ofrece la otra presencia mayor dentro de un territorio que no se encuentra decantado, sino que acoge a multitud de países como Estados Unidos, China, Japón, Italia y la propia Francia. Adicionalmente, en otras latitudes, mantiene bases en sus territorios de ultramar de Mayotte y Reunión. Con ello y con su presencia en el Indo-Pacífico y en el Atlántico, pretende seguir siendo una gran potencia en lugar de representar únicamente el gran poder político-militar europeo.

Rápidamente, tras el golpe, Francia asistió a la suspensión de la actividad de su empresa extractora de manganeso en Gabón, Eramet, y se rumoreaba la posibilidad de que decidiera evacuar a parte de sus activos. Se había criticado la decisión del gobierno de Bongo de limitar la cobertura de France 24 y Radio France Internationale en el país durante las elecciones y París criticó dicha decisión por la pérdida de influencia que podía suponer –con la crítica incluso de los periodistas al gobierno francés–, aunque la junta militar resultante les devolviera la autorización. Francia veía en ello el riesgo real de que peligrasen sus intereses. Por ello debían tomar nota de los acontecimientos diplomáticos que llevaron a que perdieran su influencia económica, militar y/o diplomática en otros países africanos durante los meses y años anteriores.

Para ampliar: Golpe de Estado en Gabón: el clan Bongo, el “tercerismo” y las intrigas de palacio

Cuanto más se enrocaba en su posición en Níger, más rápidamente buscaba la junta eliminar la presencia francesa. París aprovechó la aparente falta de ánimo geopolítico en el traspaso de poderes forzado intrafamiliar de los Bongo-Nguema en Gabón para no sobrerreaccionar esperando de esta forma que la junta permitiera a los franceses al menos mantener su base militar y sus 350 efectivos. Si se confirmaba que se trataba de un golpe de palacio se podía maniobrar con la misma élite política.

La intervención militar francesa quedaba descartada por el momento –dado lo contraproducente que fue su planteamiento en el caso de Níger–, dejando a la línea Bongo establecida sin la ayuda que solicitaba en un vídeo el propio presidente derrocado. Esta esperanza podía tener su referencia en la invasión de Gabón que Francia realizó tras el golpe de Estado de 1964, cuando paracaidistas galos permitieron la reinstauración del ex presidente Leon M’Ba precisamente gracias al llamado de Omar Bongo, jefe del Estado Mayor en aquel entonces y padre de Ali Bongo.

Todas estas decisiones se vieron refrendadas al cabo de unos días cuando la Unión Europea y Francia se pusieron de perfil ante el golpe, ya consolidado como una golpe de palacio intrafamiliar, y las nuevas autoridades mostraron su ánimo de conservar su orientación francófila. Sin embargo, otras potencias como Estados Unidos habían puesto sus ojos en la Francáfrica y, antes de saberse las posibilidades que París tenía en Libreville, la estrategia americana en Níger dejó ver su potencial para otros puntos del territorio post-colonial francés.

La Francáfrica tras Níger: ¿reparto entre Estados Unidos y Rusia?

El ánimo global francés ha quedado en entredicho por una conjunción de factores que ha disminuido su influencia en países clave como Malí, al que recientemente Rusia ha liberado de las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, convirtiéndose en uno de los nuevos mayores socios de Moscú a nivel global. Que Níger pueda consolidar una junta golpista y, más grave si atendemos a la postura de Estados Unidos, que pueda consumarse la expulsión del personal diplomático y militar galo del país, sería una fuerte estocada al corazón de la Francáfrica.

Ante la situación de Níger, Washington se apresuró a contactar con los elementos cercanos que mantenía en el establishment nigerino gracias a que la sucesión se había dado entre líderes de élites comunes. El objetivo residía en garantizar su presencia en el país a cambio de normalizar a una junta militar que podía dejar caer a Francia. Ese debate se abría en el horizonte no solo para Níger. El viaje de la vicesecretaria de Estado Victoria Nuland a Niamey para reunirse con el general Barmou solo era el principio. Más allá del éxito o fracaso de dicha estrategia en Níger, en Gabón se abría un espacio más complejo y más seguro para ese escenario. Estados Unidos ya estaba en una carrera con Rusia –no tan ambiciosa como la de Francia, pero más segura– por este área como evidenciaban los esfuerzos diplomáticos estadounidenses por acercarse a Burkina Faso, Níger, Nigeria, Ghana y República Centroafricana. Si Gabón se unía a esta línea de acercamiento a Washington aprovechando que el movimiento antifrancés de base estaba controlado por la represión de la familia Bongo –servía de muro de contención al sentimiento antioccidental–, Estados Unidos aún podía evitar que la nueva junta se marchase a posiciones indeseables y, como ocurrió en Burkina Faso, empezasen a aparecer banderas rusas en las marchas durante el segundo golpe de Estado de 2022.

Para ampliar: Francia y Estados Unidos: división ante la crisis de Níger

En Libreville no se veían aún ni banderas rusas ni la quema de simbología francesa, dando a las nuevas caras de la élite un tiempo valioso para consolidar la transición sin riesgos de confrontación con Washington. Moscú por su parte no ha puesto interés mayor en el país, contrastando su respuesta de calma ante el golpe gabonés con la llamada a la cooperación militar inmediata tras lo sucedido en Burkina Faso. De hecho, Wagner servía de punta de lanza en la promoción de la influencia rusa en países de África Occidental, por lo que el periodo de transición interno tras la muerte de la cúpula de Wagner –incluyendo Yevgueni Prigozhin– llevó al gobierno ruso a centrarse en la reconfiguración de sus activos en África, sin buscar por el momento nuevos objetivos como Gabón.

El reducto de perfiles a su favor entre la élite que podía salvar a Francia podría encontrarse en Marruecos –donde reside una parte importante de la diáspora gabonesa–, uno de los principales aliados de Gabón y a través del cual podría intentar acceder a un salvoconducto para sus apoyos en el entorno de Ali Bongo. De hecho, Marruecos expresó la importancia que para ellos acarreaba “preservar la estabilidad” de Gabón, ya que era uno de los actores más cercanos al gobierno de Bongo en el continente y a nivel mundial. Esta sintonía podría correr peligro si algo se torcía entre el país magrebí y la nueva junta militar. Ya hubo importantes protestas en Marruecos de perfiles opositores al gobierno gabonés tras las elecciones ante la posibilidad de fraude por parte de Ali Bongo.

África central gana protagonismo. ¿Hay peligro de nuevos golpes?

China y Rusia llevan tiempo ampliando su presencia en Gabón, República del Congo, Angola y República Democrática del Congo, así como el más claro de todos los países de África Central, la República Centroafricana. El grupo de la Comunidad Económica de los Estados de África Central (CEEAC) está mucho menos integrado que su homólogo en África Occidental, la CEDEAO. De hecho, la reacción de Gabón ante la crisis de Níger buscó mostrar una unidad de la CEEAC en contra de la junta nigerina que no fue significativa. No había cohesión en la CEEAC frente a Níger y no fue suficiente para decantar el apoyo de África Central hacia la CEDEAO en la cumbre de la Unión Africana. Los países centroafricanos con presencia en el foro encargado del asunto estaban más expuestos que Gabón, como es el caso de Camerún, o ya habían expresado su rechazo a la invasión como Chad.. Gabón fue suspendido de la organización después de una cumbre en Guinea Ecuatorial donde fue Teodoro Obiang quien tomó el liderazgo político alertando de la amenaza que los actos de Gabón suponían a “la paz, seguridad y estabilidad” de la región, viendo el riesgo efectivo de contagio que otros países ya alertaban.

Por su parte, la otra organización regional, la Comunidad Económica y Monetaria de Estados Centroafricanos (CEMAC), menor en dimensiones y dirigida pro tempore por República Centroafricana, rechazó el golpe, pero no mostró disposición alguna a revertirlo. Con la crisis de Gabón, Chad ha mostrado una preocupación y contundencia más fuerte, dado el peso político de Gabón en la Francáfrica y su no implicación directa con una frontera chadiana, dirigiendo políticamente la respuesta que pretendía que diera la región al llamar a un cónclave de la CEEAC.

China, por otro lado, ha mostrado una preocupación explícita por la situación del presidente Ali Bongo debido a que se ha convertido en uno de los principales socios comerciales de Gabón en los últimos años. Por todo ello, Pekín ha llamado la atención al hablar tan claramente de la política interna de un país en plena crisis. La cuestión en juego en todos los casos pasa por la conservación de la influencia económica y política en cada país, con lo que Estados Unidos, China y los otros Estados no europeos no desean la asociación de sus principales negocios con la tendencia decreciente de Francia en la región. El comunicado chino puso énfasis en que se garantizase la seguridad del ex presidente Ali Bongo y hacían “un llamamiento a todas las partes en Gabón para que partan de los intereses básicos del país y del pueblo, resuelvan las diferencias mediante el diálogo y restablezcan el orden normal lo antes posible”.

De hecho, cabe mencionar que varios de los países que se especula con que podrían albergar una futura base militar china, según el Pentágono estadounidense, son Angola o Guinea Ecuatorial, pero también se ha valorado al propio Gabón. Guinea Ecuatorial tendría mucho que analizar de lo sucedido en Gabón debido a la similitud de la longevidad del liderazgo de Teodoro Obiang y su pretensión de organizar en vida la transición a su hijo Teodorín para que asuma la reelección en el cargo. De hecho, los puertos de aguas profundas de Malabo y Bata y el papel de China como principal socio comercial hacen que el país sea un fuerte candidato a que Estados Unidos busque incrementar su influencia, de la misma manera que en el Congo. Por otro lado, Angola mantiene fuertes lazos con China y podría ser otro objeto de interés para un cambio geopolítico.

Para ampliar: Las capacidades militares de China según las filtraciones del Pentágono

Una información exclusiva de Africa Intelligence apuntaba directamente a esta cuestión, con un acuerdo a finales de mayo de 2023 entre Gabón y China para albergar una base naval del país asiático en Port-Gentil, la segunda mayor ciudad gabonesa. Esta situación habría agudizado las presiones de Estados Unidos y Francia a su socio Ali Bongo, especialmente tras la visita de este a Pekín en abril, adelantándose al otro candidato mejor posicionado, Guinea Ecuatorial. La caída de Bongo y las nociones de acercamiento a Estados Unidos que podría representar Oligui Nguema, incluso sin giro antifrancés ni prorruso, podrían ser lo suficientemente significativas para presionar a los demás países de África Central en torno a su relación con China e incluso facilitar la comprensión de las reacciones occidentales y chinas ante el golpe. La clave residirá en el destino final de la que, de hecho, sería la primera base militar de China en el Atlántico y la segunda que instala en todo el mundo fuera de su territorio.

Sin embargo, el primer país en reaccionar internamente en la región ha sido Camerún, con el nonagenario presidente Paul Biya a la cabeza y en medio de varios países desestabilizados. Biya cambió la organización de varios cuadros medios del ejército de Camerún pocas horas después de la consumación del golpe en Gabón. Todos ellos debían seguir con atención el devenir de cualquier cambio en Gabón o transición a través de golpes que pudiera atraer el interés de las grandes potencias.

Y por otro lado, Denis Sassou Nguesso se reunió con su homólogo angoleño, João Lourenço, para hablar de la situación en Gabón con vistas al riesgo que puede entrañar este salto para toda la región. República del Congo y Angola, países antaño enemistados y cuya mediación empastó Gabón, ahora temían que la región, azotada por el interminable conflicto del este del Congo, pudiera verse salpicada por alguna dinámica del África occidental. Sobre todo después de que las últimas grandes giras europeas recalasen en sus latitudes, por ejemplo con un interesante acuerdo entre la rusa Lukoil y el gobierno de Nguesso para la explotación de gas natural licuado.

Por aquel momento, a la espera de que Níger moviese dinámicas nuevas, el golpe de Gabón se circunscribía a un relevo de élites sin giros bruscos geopolíticos, por lo que se podía tratar de un simple trámite sucesorio forzado como los que habituaba Burkina Faso antes de la llegada del yihadismo.

Soldados gaboneses aúpan al general Brice Oligui Nguema en Libreville.
Soldados gaboneses aúpan al general Brice Oligui Nguema en Libreville tras el golpe.

Si este contexto se consolidase como evidenciaban las acusaciones de golpe palaciego, los gobiernos que más peligro correrían en la región serían Camerún y Guinea Ecuatorial, dos de los más longevos del mundo superando ampliamente las cuatro décadas en el poder y sin transición encarrilada. En menor medida, pero con una dinámica similar se encontraría República del Congo, con un Nguesso que se acerca a las tres décadas en el poder. Otro político con más de dos décadas en el cargo, el ruandés Paul Kagame, fue el protagonista de la otra reestructuración militar que tuvo lugar junto a Camerún. Y aunque esta estaba directamente relacionada con los vínculos de Ruanda con grupos rebeldes en el Congo, el M23, su publicación llegó convenientemente al tiempo que la de Camerún. Uganda, aun formando parte de la IGAD del Cuerno de África en lugar de la CEEAC, también mostraba un perfil de transición de controvertida consecución que nunca llegaba así como un heredero al poder muy polarizante entre las élites del país, lo que recuerda al caso de Guinea Ecuatorial y supone un riesgo para ambos países.

La Unión Europea está preocupada

Josep Borrell y la Unión Europea han vuelto a la senda de la condena y muestra de preocupación ante los golpes de Estado sin la contundencia vista en Níger en torno al apoyo a las sanciones y a una potencial intervención militar. Lo que ha sucedido en Gabón no es asimilable a lo acontecido en Níger para Bruselas porque en Níger había un presidente elegido democráticamente mientras que en Gabón el liderazgo estaba disputado por unas elecciones poco trasparentes. “Naturalmente los golpes militares no son la solución, pero no debemos olvidar que ha habido unas elecciones llenas de irregularidades. […] Hay golpes militares e institucionales, donde no se necesitan armas. Si yo hago trampas en una elección para lograr el poder, eso también es una forma irregular de llegar al poder”. Estas claras palabras de Borrell situaban, efectivamente, la línea de tolerancia europea en un punto que podía no ser tan bueno definir para su consistencia en el tiempo. Además, estas declaraciones obvian las irregularidades en procesos electorales de países que se busca alabar como ejemplos democráticos, denunciando las anomalías en comicios de países cuyos golpes de Estado se antojan tolerables para la Unión Europea.

Para ampliar: “Francia atraviesa la crisis democrática más grave desde la Guerra de Argelia”

Y es que esta dicotomía reviste gran peligro para el discurso cuando se establece la línea roja ahí porque podría chocar con la complacencia que Europa ha mostrado con el golpe de Chad que rompía la sucesión constitucional establecida y porque podría llegar a justificar golpes de Estado en países bajo cuestionamiento electoral. Es cierto que esta última estrategia se ha empleado para apostillar gobiernos no electos en casos de interés geopolítico frente a un gobierno acusado de fraude y podría volver a emplearse como argumento en países como Zimbabue. También cabe recordar que uno de los países más recientes cuya elección fue cuestionada similarmente a la de Gabón fue en el que se ha erigido como uno de los defensores del bando pro-occidental en el Sahel: Nigeria durante la elección de Bola Tinubu.

La posición estratégica de Gabón seguirá en el centro del tablero, pero las potencias han visto las consecuencias de sus reacciones en escenarios tan diferentes como los otros cinco países suspendidos de la Unión Africana: Malí, Guinea, Burkina Faso, Níger y Sudán. El sexto debía tratarse de otra manera si se quería mantener la influencia. Lo más importante era comprender la idiosincrasia de los golpes de Estado en África en general, de la intriga palaciega de Gabón en particular y de lo aprendido de experiencias en Burkina Faso, Níger, Chad y Egipto sobre el trasvase intraélites, así como comprender las aproximaciones viables en un contexto de pugna mundial por la conformación de un nuevo orden.

En esa partida hace tiempo que Francia juega un papel menor y, si ha de darse una transición, Rusia –pero sobre todo China y Estados Unidos- tienen una forma diferente de acercarse a los múltiples actores relevantes del tablero. La cuota occidental de la influencia en Gabón que ha ido perdiendo Francia conviene a todos, pero si Estados Unidos puede evitar que caiga en manos orientales y, si se entiende el funcionamiento del clan familiar en el país, se puede lograr dicho trasvase con daños controlados. Por lo que el devenir de Gabón puede permitir a cualquiera de ellos conservar por una generación o incluso incrementar su posición regional y continental en función de las cartas que jueguen en un país clave, así como la forma en que decidan jugarlas.

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.

Apúntate a nuestra newsletter

Te enviaremos cada semana una selección de los artículos más destacados, para que no te pierdas nada.