
El miércoles 17 de diciembre, Benjamin Netanyahu anunció la conclusión de un importante acuerdo energético con Egipto. Los términos prevén la exportación de hasta 130.000 millones de metros cúbicos de gas israelí durante 15 años. El valor total de la operación asciende a 35.000 millones de dólares, lo que, en palabras del propio Netanyahu, la convierte en el mayor acuerdo gasístico de la historia del Estado hebreo.
Este movimiento se enmarca en un contexto de presiones por parte de Estados Unidos para que ambos países mejoren las relaciones bilaterales. Estos constituyen dos socios fundamentales para el mantenimiento de la hegemonía estadounidense en la región, un proyecto basado en la expansión y consolidación de los Acuerdos de Abraham y que en el lenguaje trumpista se traduce como "paz en Oriente Medio".
Evidentemente, la mediación de Washington no es gratuita: en esta ocasión, el "quinto del rey" contemporáneo se concreta en la participación de la empresa estadounidense Chevron en la operación.
El contexto del acuerdo Egipto-Israel
Las relaciones entre el presidente egipcio Abdelfatah El Sisi y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu venían deteriorándose desde el 7 de octubre de 2023. Y no por el recrudecimiento del genocidio en la Franja de Gaza, sino por la creciente posibilidad del desplazamiento forzoso de la población palestina a la península del Sinaí. Esta constituye la verdadera línea roja para El Sisi.
Y es que la estratégica península del Sinaí –enclave que además de bordear con Israel y la Franja de Gaza es esencial para el control del canal de Suez y el golfo de Aqaba– es un contencioso histórico entre ambos países.
La retirada del Sinaí de las tropas israelíes y la controlada desmilitarización de la zona fue uno de los elementos clave para la firma de los llamados acuerdos de Camp David en 1979, que supusieron la normalización de relaciones entre El Cairo y Tel Aviv y un verdadero antes y después en la cuestión árabe-israelí.
El creciente despliegue militar egipcio en la península durante los últimos meses –que, según algunas fuentes, incluía hasta 40.000 tropas–, destinado a frenar la posible entrada masiva de palestinos, amenazaba con quebrar el punto de equilibrio alcanzado.
Esto se sumaba al control total por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) del llamado corredor de Filadelfia –franja de terreno en la frontera entre Gaza y Egipto–, que para el gobierno egipcio constituía también una violación de los acuerdos de Camp David.
El desplazamiento de fuerzas militares a la zona no es nuevo; de hecho, ya se llevó a cabo entre 2014 y 2021 para frenar la creciente influencia del Estado Islámico en la región. Y, teniendo en cuenta la escala del despliegue, es difícil pensar que no haya habido cierta comunicación al respecto con las autoridades israelíes. Sin embargo, no era una situación ni mucho menos deseable o cómoda de cara al futuro de las relaciones bilaterales.
En una prueba más de este distanciamiento político, El Sisi y Netanyahu llevan sin reunirse casi una década. Esto ya se trató de remediar en la cumbre de la "paz" en la Franja de Gaza desarrollada en Sharm El Sheikh.
La elección de esta localidad egipcia para la cumbre –consecuencia del papel destacado que jugó Egipto tanto en la preparación como supuesta implementación del acuerdo de "paz"– es una muestra más del rol que se espera del gobierno de El Sisi de cara al mantenimiento del statu quo en la región. En cualquier caso, Netanyahu no pudo acudir a Sharm El Sheikh debido al frontal rechazo del presidente turco Recep Tayyip Erdogan.
Así pues, el anuncio de Netanyahu sobre el acuerdo energético –firmado desde agosto, pero paralizado en septiembre por la cuestión del despliegue egipcio en el Sinaí– busca allanar el terreno para una reunión entre El Sisi y Netanyahu, auspiciada por Donald Trump.
Pocas horas después del anuncio, Trump señalaba esta posibilidad en declaraciones a la prensa desde el Despacho Oval de la Casa Blanca. Aunque el presidente estadounidense dijo que no hay nada cerrado, algunos reportes apuntan a que la reunión podría producirse en el complejo de Mar-a-Lago a finales de este mismo mes.
De cara a la opinión pública interna, el gobierno egipcio trata de sacarle hierro a la cuestión, afirmando que se trata de un movimiento puramente transaccional y económico sin "dimensiones políticas".
Lo cierto es que la conclusión del acuerdo supone, al menos a corto plazo, un alivio para El Cairo. Pese a su aspiración de convertirse en un nodo energético regional, la elevada demanda interna de gas ha llevado al país a afrontar un déficit estructural.
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